Estado

Esperan migrantes derrota de Trump

La administración del republicano, marcada por el retorno a México de miles de solicitantes de asilo político

Omar Morales / El Diario de Juárez / El presidente estadounidense aseguró que México pagaría por el muro

Hérika Martínez Prado/ El Diario de Juárez

lunes, 02 noviembre 2020 | 11:22

Ciudad Juárez.- La derrota de Donald Trump en las elecciones de mañana se ha convertido en la esperanza de miles de migrantes que fueron retornados a México y que aguardan en Ciudad Juárez la apertura de la frontera para seguir en la lucha por su asilo político en Estados Unidos.

Con la migración como su bandera, la administración del republicano quedó marcada por el retorno a México de miles de solicitantes de asilo político originarios de diversos países, así como por la construcción del muro fronterizo, las amenazas al Gobierno mexicano y las restricciones en su frontera sur.

“No encuentro las palabras, su administración fue un desorden para la migración. Con todo lo que hizo, con sus acciones o sus políticas, afectó a muchos migrantes. Al igual que la respuesta a esas acciones de México, de Honduras, de Guatemala, de El Salvador”, destacó el sacerdote Javier Calvillo, director de la Casa del Migrante de Ciudad Juárez.

Recordó que desde el anuncio de su triunfo, a finales de 2016, las caravanas de migrantes centroamericanas comenzaron a moverse hacia Estados Unidos, aunque fue hasta octubre de 2018 cuando se intensificaron, siempre bajo la sospecha de que todo había sido orquestado por el propio presidente de Estados Unidos.

El 25 de octubre de 2018, mientras la primera caravana, integrada por mil 600 centroamericanos, arribaba al municipio de Arriaga, Chiapas con el lema “No nos vamos porque queremos: nos expulsan la violencia y la pobreza”, un grupo de 12 migrantes de Cuba, Honduras, El Salvador y Rusia encabezaba en el puente internacional Paso del Norte-Santa Fe el éxodo en Ciudad Juárez.

Con el fin de adelantarse a aquella primera caravana que caminaba hacia el norte del país, ese grupo de migrantes –en el que se encontraban dos niños rusos con sus padres– arribó por separado a la ciudad que consideró la frontera más segura para cruzar, pero tuvo que dormir varias noches a mitad del puente, frente a los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de los Estados Unidos.

Ese fue el inicio de miles de migrantes de diversas partes del mundo, principalmente de origen cubano, que llegaron a Juárez con la esperanza de lograr el llamado “sueño americano”, pero también de una serie de simulacros en los cruces internacionales y amenazas por parte del Gobierno de Estados Unidos.

El sacerdote destacó que durante la administración de Barack Obama se dieron redadas de migrantes en Estados Unidos, deportaciones aéreas, hubo separación de los niños migrantes de sus padres, y cuando ingresó Trump a la Presidencia comenzaron nuevas políticas migratorias con violaciones a los derechos humanos.

Al ver la situación de emergencia, en febrero de 2019, sacerdotes y pastores de diferentes religiones comenzaron a formar una red de albergues, coordinada por el Consejo Estatal de Población y Atención a Migrantes (Coespo).

“También hay que reconocer que México, con la Guardia Nacional, le puso su condimento a una migración muy dolorosa, con violaciones en cuestión de derechos humanos, con muchos abusos en todo el sistema, en su dignidad… hubo mucha muerte”, apuntó Calvillo.

La instalación de un “muro humano” con la Guardia Nacional para evitar que los migrantes cruzaran, fue parte de la presión del Gobierno de Estados Unidos al mexicano para disminuir el fenómeno hacia su país a cambio de no imponer aranceles a los productos mexicanos e incluso de no cerrar la frontera.

“El muro fronterizo lo pone incluso en su discurso y dice ‘yo voy a construir el muro, pero México lo va a pagar’, cuando comenzaron las caravanas había muchos comentarios de que era parte de la estrategia”, recordó el director de la Casa del Migrante, quien destacó que con Trump la migración se volvió más “dolorosa, tremenda e indigna”.

Una de las primeras acciones del Gobierno de Trump fue el plan “cero tolerancia” y con él la apertura de un albergue para menores en Tornillo, Texas, en la frontera con el Valle de Juárez.

“Mi esperanza es que ya abran la frontera, que no gane este señor, porque nunca nos va a dejar entrar, y nosotros lo único que queremos es ir a trabajar. Yo vengo huyendo de las maras”, aseguró Sara, una migrante centroamericana quien desde hace más de un año vive en esta ciudad tras haber sido retornada por el Gobierno de Estados Unidos, bajo el programa “Quédate en México” o “Permanecer en México” de los Protocolos de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés).

Según cifras oficiales dadas a conocer por el Centro de Atención Integral a Migrantes (CAIM), el Gobierno de Estados Unidos había retornado a Ciudad Juárez a aproximadamente 21 mil 500 migrantes extranjeros hasta agosto bajo el programa que comenzó en Tijuana en enero de 2019 y dos meses después en esta frontera.

Aunque al principio el acuerdo era que sólo retornaría a migrantes del ‘triángulo norte’ centroamericano, es decir, Guatemala, Honduras y El Salvador, después continuó con todas las nacionalidades de habla hispana y luego con brasileños, pese a que su lengua materna es el portugués. 

Las estrategias del Gobierno mexicano hicieron disminuir a finales del año pasado la migración internacional a Ciudad Juárez, sin embargo, la violencia en estados como Zacatecas, Michoacán, Guerrero, Durango, Veracruz y Chihuahua obligó a miles de connacionales a buscar cruzar la frontera; cientos acamparon semanas junto a los puentes internacionales, en busca de asilo político en Estados Unidos.

Tras el inicio de la pandemia por el nuevo coronavirus (Covid-19), el 21 de marzo pasado, el presidente Donald Trump determinó que existe un grave peligro de que México introduzca el virus a la Unión Americana y anunció el inicio de la expulsión exprés de los migrantes, bajo el Título 42 de la Sección 265 del Código de los Estados Unidos, que hasta principios de septiembre sumaban más de 4 mil 600 migrantes expulsados por Puerto Palomas de Villa, municipio de Ascensión, Chihuahua. 

El muro fronterizo

Juárez cuenta además con seis bloques de muro fronterizo construido en el Sector El Paso, el primero fue levantado durante la administración de Barack Obama y cuatro más por el Gobierno del republicano, mientras que otro tramo fue construido por un grupo de particulares en la zona donde se unen Chihuahua, Texas y Nuevo México.

El primer bloque, de dos kilómetros, fue construido en la zona de Anapra, en los años 2016 y 2017, entre Sunland Park, Nuevo México y Ciudad Juárez. El segundo comenzó a levantarse en 2017 a lo largo de 32 kilómetros en el ejido Jerónimo, en la frontera con Santa Teresa, y fue concluido en febrero de 2018, con un costo de 73 millones de dólares.

La tercera parte comenzó a construirse el 22 de septiembre de 2018 entre El Paso y Ciudad Juárez, a lo largo de 6.4 kilómetros, desde la calle Plata hasta la Plaza de la Mexicanidad, con una inversión de 22 millones de dólares.

El cuarto bloque, ordenado por Trump todavía se construye a lo largo de 74 kilómetros del desierto, entre el Condado de Doña Ana, Puerto Palomas y el Condado de Luna, con una inversión de 789 millones de dólares, de acuerdo con el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).

La quinta fracción fue construida en mayo de 2019 por la agrupación de veteranos de guerra United Constitutional Patriots, quienes a través de donaciones de simpatizantes del presidente Trump recabaron el dinero para levantar 800 metros de barrotes de acero, en el punto donde convergen los estados de Texas, Nuevo México y Chihuahua, junto al museo Casa de Adobe.

Y la última parte comenzó a levantarse en agosto pasado, al reemplazar la malla fronteriza que se encontraba en la zona de Ysleta, por un muro de acero que, según los trabajadores estadounidenses, mide más de 9 metros de altura, y cuya inversión no ha sido dada a conocer.

El negocio

El endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos, la presencia de la Guardia Nacional y la construcción del muro han elevado las cifras que les cobran los ‘coyotes’ a los migrantes para ayudarlos a cruzar la frontera, hasta a 20 mil dólares.

Además, el secuestro exprés ha sido otro de los delitos a los que se enfrentan actualmente los migrantes en esta frontera, cuando llegan con la esperanza de cruzar la frontera, de acuerdo con las autoridades.

“Dios quiera que no gane, y si gana, o al que gane, que tenga corazón y que piense en que estamos obligados a migrar, que en Cuba no se puede vivir”, pidió Lucía, una migrante cubana que trabaja en esta frontera en una tienda de abarrotes desde hace más de 15 meses, con la esperanza, aún vigente, de llegar a Miami. (Hérika Martínez Prado / El Diario)