Estado

Extorsiones y autogobierno en los ceresos

La CNDH también detectó sobornos e insuficiente número de custodios

Jorge Montes de Oca/ El Diario
viernes, 12 abril 2019 | 05:37
Tomada de Internet | Foto ilustrativa

Chihuahua.- La Comisión Nacional de los Derechos Humanos detectó práctica de extorsiones, sobornos, actividades ilícitas, autogobierno, insuficiente número de custodios y deficientes programas de prevención de adicciones, que encienden focos rojos en penales del estado de acuerdo con el diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2018, que se presentó ayer.

Estas condiciones han hecho que en los últimos dos años los resultados de la evaluación de los principales centros penitenciarios – entre los que se incluye Juárez y Chihuahua - se mantengan a la baja.

En el 2016, la calificación global fue de 7.45, ahora sólo alcanzó los 7.19 puntos. En el Centro de Reinserción Social (Cereso) de Aquiles Serdán, por ejemplo, los visitadores confirmaron la existencia de reclusos que ejercen funciones de autoridad paralelas a las que de manera legal deben tener a su cargo los encargados penitenciarios.



Dentro del Cereso Estatal Número 3, con sede en la ciudad fronteriza, la CNDH alertó sobre la falta de supervisión del funcionamiento del centro por parte del titular, también del bajo número de celadores, falta de capacitación del personal y la comisión de actividades prohibidas.

De manera particular el Centro Federal Número 9 de Ciudad Juárez, obtuvo la segunda calificación más baja del país, 6.53, al detectarse deficiencias en los servicios de salud, y pocas o nulas actividades de capacitación o educativas que contribuyan a una reinserción social verdadera.

El diagnóstico se elabora con base a criterios nacionales e internacionales emitidos por la Organización de las Naciones Unidas que establecen las reglas mínimas de tratamiento para las personas privadas de la libertad.

Si bien la población de reos es cambiante, un reporte de la Fiscalía de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad proporcionado a mediados del pasado mes de marzo, establecía que el número de reclusos en los nueve penales de la entidad, incluyendo los dos femeniles, era de 8 mil 138.

Durante el levantamiento del diagnóstico el “Cereso de San Guillermo” albergaba a más de 2 mil 991, una cantidad por encima de su capacidad instalada que es para menos de mil 840 razón por la cual el diagnóstico reporta la existencia de sobrepoblación y hacinamiento.

Hasta cinco o más reos se ven obligados a compartir una celda. También fue observada la insuficiencia de personal de vigilancia, práctica de cobros – extorsión y sobornos –, deficiente separación entre procesados y sentenciados, al igual que fallas en los programas de atención a hechos violentos.

En relación a las riñas Chihuahua está en la cuarta posición entre las entidades que reportaron mayor incidencia. En los penales del Estado de México ocurrieron 124 casos, en la Ciudad de México con 56, Tlaxcala con 40 y aquí 37 reportes.

Las principales causas de esos disturbios, asienta el estudio, fueron diferencias personales, agresión y motivos patrimoniales como deudas o robo; en algunos casos se emplearon objetos contundentes y punzocortantes.

Durante el 2018, Chihuahua reportó también dos homicidios dolosos en el interior de los Ceresos evaluados.

Uno de ellos fue el ocurrido el 3 de agosto durante una riña registrada en el penal de Aquiles Serdán fue asesinado Juan Arturo Padilla Juárez, ‘El Genio’, considerado como el segundo al mando de la pandilla ‘Los Aztecas’.

Su cuerpo, con las heridas producidas con “con puntas hechizas” quedó tendido en uno de los pasillos. Los reportes extraoficiales establecieron que el móvil del asesinato fue la lucha por el control al interior del Cereso. “El Genio” habría pretendido imponer su ley o autogobierno.

El otro homicidio, ocurrió semanas después, el 22 de agosto, pero dentro del Cereso Número 3, localizado en Ciudad Juárez.

Valiéndose de tubos, armas hechizas y con el rostro cubierto, reclusos atacaron atacaron a los presuntos responsables de la masacre del fraccionamiento Pradera de los Oasis, logrando asesinar a uno y lesionar a otros tres implicados.

El interno asesinado fue identificado oficialmente como Daniel Quinn Calderón, de 36 años de edad, apodado “El Quinn” o “El Pelón”.

El ataque se dio durante una revisión física previa a su traslado a la Ciudad Judicial, donde tendrían una audiencia.