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Estado

Fronteras quedan de lado

Por unos minutos un abrazo elimina leyes, ríos y pandemia

Fotos: Gabriel Cardona / El Diario / Grupo espera para poder convivir de cerca con su familia del otro lado del río

Alejandra Gómez
El Diario de Juárez

domingo, 20 junio 2021 | 09:10

Ciudad Juárez— A las doce con treinta y ocho minutos, luego de 18 años sin verse, las familias Pérez y González se abrazaron justo a la mitad del río Bravo, una frontera natural que no sólo divide el territorio entre México y Estados Unidos, sino también a miles de personas que a lo largo de los años han sido separadas por las políticas migratorias del país que actualmente lidera Joe Biden. 

A cada lado de la frontera, las familias Pérez y González agitaron por el aire un pañuelo amarillo que usaron para identificarse entre las más de 2 mil personas que desde las 9:00 de la mañana esperaron su turno para abrazarse durante la octava edición del evento “Abrazos No Muros”, que año tras año –a excepción del 2020– reunifica a familias de migrantes. 

Hace 18 años Juana Pérez y Antonio González dejaron su hogar en Ciudad Juárez y cruzaron a Estados Unidos con la idea de que allá, al otro lado de la frontera norte con México, encontrarían la manera de crecer económicamente y, sobre todo, darles a sus hijos un patrimonio, pero a cambio dejaron atrás a todos sus seres queridos. 

“Aunque un muro nos separa, agradecemos que en esta ocasión nos den la oportunidad de darles un abrazo y un beso. Uno qué más diera para que ellos tuvieran la oportunidad de poder venir y estar aquí con nosotros, ojalá pronto puedan arreglar sus papeles”, dijo Cecilia Pérez, hermana de Juana, mientras esperaba al lado de 12 miembros de su familia el momento para reunirse.

No pierden la esperanza

La señora María Luz Barrios, de 75 años, olvidó el día en que su hijo Antonio se despidió de ella para irse a vivir a Estados Unidos; sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido nunca perdió la esperanza de volverlo a ver y cree firmemente que la separación de su familia valió la pena porque su hijo y Juana encontraron la estabilidad que buscaban. 

La familia de Juana y Antonio fue la número 181 dentro de una lista de 200 que la mañana de ayer cruzaron la escasa agua del río Bravo y sobre una delgada tarima se abrazaron durante cuatro minutos, un lapso que despertó sentimientos contradictorios entre los asistentes: por un lado, la emoción de poderse tocar por un momento; por otro, la tristeza ante el breve instante. 

Juntos sin muros

“¡Tiempo, familias!”, fue la señal que se escuchó cada vez que el reloj marcó cuatro minutos más, por lo que las familias reunidas justo entre el límite territorial de México y Estado Unidos tuvieron que caminar juntas hasta que, una vez más, cada una siguió su rumbo al interior de países que no les permitirán volverse a ver si no legalizan su estatus migratorio. 

“No podemos permitir que se sigan separando familias, no importa qué Gobierno sea. Estamos demandando que se pase una reforma migratoria donde se legalice a las personas migrantes que están en Estados Unidos, pero también que las familias que están separadas se puedan reunificar”, dijo Fernando García, director de la Red Fronteriza por los Derechos Humanos y uno de los organizadores del evento. 

“Abrazos No Muros” nació en el 2016 como una forma de protesta en contra de la separación de familias migrantes. Si bien llena de esperanza a las personas que han quedado detrás de cada una de las fronteras, también busca ser un llamado para reformar las políticas migratorias.

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