Estado

Hijos del olvido: los niños de la 'era virtual'

Cuando esta generación sea la que eduque a la que sigue, reflejarán el abandono que vivieron: sicólogo social

El Diario

Salud Ochoa/El Diario

domingo, 06 septiembre 2020 | 07:48

Sentado en el corredor comercial de la calle Victoria, Santiago dice que ayuda a su madre a trabajar y que por el momento no estudia. Esto a pesar de que el ciclo escolar empezó el pasado 24 de agosto en todo el país. 

Sin embargo el niño, que a sus 10 años debería cursar el 4º o 5º año de primaria, no tiene ninguna posibilidad de seguir estudiando en la llamada “nueva normalidad”, que implica la educación virtual, ya que carece no solo de una señal de televisión óptima sino también de una computadora y servicio de internet. Hablar de una tableta, ni pensarlo.

Mientras vigila que los transeúntes no roben las artesanías de su madre, Santiago dice que no sabe qué hacer para continuar con las clases, porque “no tengo maestra, tampoco internet, tablet ni celular. Mi mamá no ha podido comprarme”. Lo anterior, sin contar con que debe aportar algo a la economía familiar. 

Sin ser consciente de ello, el preadolescente forma parte de la mitad de la población chihuahuense que, según datos del Inegi, no tiene acceso a internet, a pesar de vivir en la capital del estado y acudir cotidianamente a un punto de esta donde el internet es gratis y por tanto solo requeriría de un dispositivo electrónico, mismo que no está dentro de sus posibilidades. 

Jésica Gutiérrez es la madre de Santiago, y junto con 6 compañeras artesanas -de origen otomí, mazahua y rarámuri- vende sus productos en el Centro de la ciudad como única posibilidad de salir adelante económicamente. 

Es el sostén de una familia conformada por ella y 5 hijos que van de los 2 a los 13 años de edad. La supervivencia es el objetivo principal, lo demás –incluida la educación- lo deja en las manos de dios. 

“Si nos quedamos en casa no comemos y preferimos trabajar. Mi hijo de 13 años cuida a los más chicos y los otros me los traigo. Así le hacen también las compañeras. A veces los dejamos en la casa para que vean la tele y las clases pero cuando llegamos, preguntamos qué hicieron y dicen que nada”, señala Jésica, evidenciando con ello que las clases por televisión tampoco son una opción viable si no hay presencia de un adulto que se responsabilice de ello. 

Los hijos de Jésica y sus compañeras, al igual que miles de niños chihuahuenses, enfrentan un futuro incierto ya que, según explica el maestro José Luis Fernández, director de una escuela primaria en la capital y docente universitario, las fallas o carencias que los niños tienen hoy repercutirán invariablemente en los siguientes niveles educativos. 

“Habrá déficit académico, es un hecho y eso dejará consecuencias en la preparación de esos niños”, afirma Fernández, y enfatiza en la necesidad no solo de que los pequeños cuenten con un maestro que los retroalimente, sino de unos padres que tengan los conocimientos, el tiempo y la disposición para apoyarlos. 

En ese sentido, Jésica explica que las carencias no son solo económicas sino también de conocimientos, debido a que en la escuela a la que acudían sus hijos le pidieron que bajara aplicaciones al celular y que además enviaran material por internet, cosas que ella ignora cómo hacer. 

“No sabemos ni siquiera bajar aplicaciones y el profe nos dijo que a lo mejor los niños reprobaban porque los tienen que dar de alta en el sistema, pero pos bueno ya que sea lo que Dios quiera. Somos personas de muy bajos recursos, indígenas y no tenemos esas posibilidades. De lo que vendemos apenas nos sale para comer porque también hay que comprar material para seguir haciendo artesanías”, señala con cierto dejo de resignación. 

Unicef México ha sido enfática en la importancia de que los niños, niñas y adolescentes puedan seguir estudiando y aprendiendo desde casa, porque de lo contrario podría darse el caso de que olviden algunas cosas que han aprendido. 

¿Qué pasaría entonces? 

El sicólogo social y maestro universitario Arturo Limón asegura que los niños como Santiago son “los hijos del olvido y del desamparo”, porque tanto sociedad como gobierno son omisos ante una realidad avasallante. 

“Además de la omisión oficial está la ausencia obligada de los padres, que deben salir a trabajar. El boomerang que vamos a recibir como sociedad será brutal, porque los niños son eres que demandan entendimiento y atención, y al no tenerlos, habrá distorsiones que van desde una cerrazón a socializar hasta una sicopatía”, sentencia Limón. 

El sicólogo va más allá al asegurar que el “abandono” generalizado de estos niños es motivo de preocupación, ya que cuando a esta generación le toque ser la que eduque a la siguiente, reflejará ese abandono que vivieron y la apatía gubernamental. 

“Los niños llegarán carentes de formación, de identidad, de expectativas de vida. Deambulando algunos verdaderamente como zombis. Los que tienen la oportunidad en casa se embeben en los videojuegos y los que no lo tienen, caen en el vacío de la nada. 

El desamparo de individuos a quienes ni la familia, ni gobierno ni grupos sociales les dan cobijo, los deja transitar en una vida desamparada”. 

El panorama dice Limón, es preocupante ya que en esta época de pandemia, pareciera que la consigna es “Sálvese quien pueda”.