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La pandemia pone a prueba a los sepultureros

Abrumado y en silencio, Fernando recuerda el cansancio físico y emocional al ser testigo de esas despedidas, en su mayoría solitarias

El Diario

De la Redacción/El Diario

lunes, 02 noviembre 2020 | 21:50

Hidalgo del Parral.– Pese a estar acostumbrados a lidiar con la muerte, a los sepultureros la pandemia los ha puesto a prueba, pues saben que son la última línea en la lucha contra el coronavirus. “Ha s ido fuerte en la parte emocional y física”, afirma uno de ellos en el Panteón de Dolores, el más grande y antiguo de Parral. 

Abrumados y en silencio, Fernando recuerda el cansancio físico ocasionado por los funerales que se han venido uno tras otro, pero también el desgaste emocional al ser testigo de esas despedidas, en su mayoría solitarias. 

“Al principio, (de la pandemia) llegaron de poquito; fueron llegando uno o dos, pero después, en este mes (octubre) cayó todo de golpe, pues hubo en la última semana funerales diarios y la gran mayoría de Covid”, relata. 

“Terminábamos todos muertos de cansancio y es un estrés no físico más bien psicológico, al estar trabajando aquí con el dolor de toda esa gente, que ni siquiera tuvo el tiempo para poder venir con toda su familia, es fuerte”, agrega. 

Pero en medio del cansancio y la fatiga, asegura que él y sus compañeros se dan el tiempo de despedir a muchos de quienes llegaron en las carrozas: los sepultaron, colocaron flores sobre sus tumbas, les hicieron una pequeña oración y les pidieron “fuerza para seguir”. 

Como todos los camposantos el de Dolores está cerrado. Las visitas están prohibidas y también se detuvo toda la vida a su alrededor, en una zona bulliciosa de la ciudad sobre todo en estas fechas, antes de la cuarentena que impuso la pandemia. 

"El año pasado era una fiesta, estas fechas había muchísima gente, músicos…. Ahora es todo lo contrario, el silencio se siente entre los pasillos de este panteón”. “Esta época ha sido fuerte en la parte emocional y física”, dice otro de los trabajadores quien relata que el dolor más fuerte es haber enterrado a uno de sus vecinos, quien falleció por coronavirus. 

“Uno está acostumbrado a trabajar con la muerte y ver el dolor ajeno y a uno eso le hace ser un poco más duro, pero hay situaciones que nos quiebran”, asegura y añade, “los ataúdes vienen sellados y se recomienda un número menor de asistentes”.

Finalmente coinciden en que, a pesar del cansancio, en una pausa entre entierros se quedan con la satisfacción de poder entregar el ultimo pésame. “Es la última ayuda que se le da a la gente para que puedan pasar el luto tranquilamente”.