Estado

'Mi papá es un pesado, mejor no se meta conmigo, profe'

Los docentes confiesan sentirse inseguros y desamparados en polígonos con altos índices de violencia

El Diario / Foto ilustrativa

De la Redacción/El Diario

viernes, 31 enero 2020 | 06:36

Chihuahua.- Docentes que trabajan en escuelas públicas de educación básica, tanto federales como estatales, ubicadas en polígonos con focos rojos de violencia confesaron sentirse inseguros y desamparados ante el contexto de delincuencia que se vive en estas colonias. 

Cada ciclo, manifestaron, hay al menos una amenaza de parte de los alumnos hacia ellos, la más común es en la que le advierten que algún familiar está relacionado con grupos delictivos y que podría ocasionarle algún daño. 

Algunas amenazas se denuncian ante las autoridades, pero otras se manejan de forma interna en los planteles. 

Durante un sondeo realizado en escuelas primarias y secundarias de colonias como Punta Oriente Praderas del Sur y Vistas Cerro Grande, los maestros detallaron que a pesar de que existe una buena relación en lo general con los menores, en muchas ocasiones se rebasa la línea de autoridad por lo que hay confrontaciones. 

No obstante como profesionales los docentes tratan de entender el contexto en el que crecen los estudiantes, ser empáticos y dar incluso un apoyo emocional a los menores. 

“La mayoría de los compañeros tenemos la idea de generar un acercamiento con los estudiantes. Es muy necesario atender el ámbito afectivo de los muchachos, pues llegan con muchas carencias afectivas (…) Existe mucho abuso físico, emocional y sexual. Si se ve violencia y pandillas. 

Cuando los estudiantes se abren con nosotros nos manifiestan que a veces están en drogas o incluso con los cárteles distribuyendo, nos dicen que no vienen a la escuela por la violencia entre pandillas. 

Hemos experimentado situaciones violentas con los muchachitos, en ocasiones no reconocen a la autoridad, no reconocen una llamada de atención”, confesó uno de los entrevistados que prefirió conservar su anonimato. 

Una de las amenazas que se repite en este tipo de contextos es la de “mi papá es sicario”, o está coludido con algún grupo delictivo, aunque algunos profesores comentaron que no la han recibido de manera directa, cada vez que sucede, al menos una vez por ciclo, se comenta entre la plantilla docente. 

“Tenemos que estar previendo estas situaciones, la realidad es que estamos inmersos en un contexto que es violento, donde sabemos que hay drogas, mucha violencia y una serie de problemas que inciden y llegan al interior de la escuela. 

De hecho cuando hay una situación de este tipo hacemos la denuncia correspondiente”, destacó el subdirector de una institución secundaria. 

Varios de los jóvenes que recurren a este tipo de amenazas contra sus profesores son también canalizados a prefectura o trabajo social, sin embargo incluso la misma policía sugiere a los maestros permanecer dentro de las instituciones y no llevar su trabajo más allá a las colonias. 

Si bien algunas de estas amenazas no llegan a ataques físicos directos, los jóvenes rayan los carros de los profesores, quiebran los vidrios. Los maestros dijeron que el problema también está en la reacción de los padres contra ellos. 

La relación de los maestros con los padres de familia también escala a confrontaciones de los padres. En una primaria informaron que se tuvo el caso, hace años, de una agresión a un profesor de parte de padres de familia, en ocasiones por conflictos internos. 

Sin embargo la mayoría de las escuelas afirma tener una buena relación con los padres, aunque en ocasiones muchos de ellos se encuentran ausentes o ajenos al desarrollo académico de los menores ya sea por su trabajo o por distintos factores. 

Hasta estas instituciones han llegado programas de atención de asociaciones e instituciones como Paz y Convivencia, D.A.R.E, de la policía Municipal, programas de Fiscalía para alumnos focalizados, Cifac, Cappsi, entre otros, que los maestros consideran inciden de forma positiva en los menores y su comunidad. 

Los profesores sin embargo afirmaron sentirse indefensos bajo estos contextos de violencia, debido a que son testigos de posesión de drogas e incluso armas por parte de los alumnos, su relación con las pandillas y grupos delictivos. 

A pesar de ello, dijeron, buscan generar relaciones saludables con los alumnos, dejando de lado el autoritarismo y tratando de comprender el contexto en el que se desarrolla su vida fuera del aula. 

Por su parte el informe “Evidencias de lo invisible, convivencia y violencia escolar”, realizado y en 100 escuelas de la entidad y publicado por el departamento de investigación de la Secretaría de Educación y Deporte arroja luz estadística sobre la percepción de docentes y directivos sobre su trabajo en estos “polígonos”, clasificados así por la Fiscalía General por sus altos índices delictivos y de violencia. 

En él se destaca que sólo el 16 por ciento de los directivos consideran que los caminos para llegar a la escuela son seguros. Mientras que el 34.5 por ciento destacó la existencia de pandillas siempre, el 24.1 dijo que las pandillas se presentaban eran con frecuencia, 31 por ciento señaló que “a veces” y sólo un 10.3 por ciento señaló que nunca. 

Bajo este tenor en la gran mayoría de ellos indicó que existe algún grado de inseguridad y el barrio es peligroso, contra un 8.1 por ciento que consideró que nunca lo es. 73.3 por ciento de los maestros por su parte presenciaron o se dieron cuenta de alumnos que amenazan o agreden, 53.8 presenció robos entre compañeros. Sin embargo tan sólo el 19 por ciento de los maestros consultados consideró contar con “estrategias efectivas para tratar el tema de la agresividad y la violencia en el salón de clases”. 

En cuanto a la posesión de algún tipo de armas el estudio señala que el 33.5 por ciento de los alumnos afirman haber visto algún tipo de arma, en contraste con la opinión de los maestros en las que sólo el 9.1 de ellos asegura haber visto alguna, ya sea blanca o de postas en la institución. 

Así pues los profesores y directivos entrevistados manifestaron que estas amenazas son consideradas como un foco rojo y que buscan impedir su labor como docentes, también reconocieron que es esencial mediar entre los niños y su entorno, al tratar de que la escuela sea un espacio seguro para toda la comunidad estudiantil, por lo que urgieron a que se incrementen los programas de atención psicológica y prevención desde las escuelas y hasta las comunidades con el fin de sanear el desarrollo de los estudiantes a pesar del contexto en el que viven.