Estado

Mi papá Longanimidad

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Fernando Lino Bencomo/Colaboración para El Diario

miércoles, 15 julio 2020 | 15:01

Cuauhtémoc– El día 9 de julio en la tarde entré a la sala del hospital, en donde se encuentran los enfermos, sin permiso y con mucha premura, porque nos habían hablado a la casa diciendo que era urgente, que los doctores querían hablar con nosotros, y al llegar, querían que esperara un poco a que se desocuparan. 

A lo lejos vi, que el espacio de su cama estaba cerrado por cortinas a su alrededor, que no tenía suero y que su botella de agua y oxígeno estaba apagada. Al correr la cortina, encontré el cuerpo de mi padre ya sin vida, cubierto con una sábana blanca, que descorrí, la impresión fue durísima , de ver a mi héroe de todas las batallas, inmóvil, lo abracé, lo besé y le hablé apelando a lo que he oído de que, su alma se queda un momento después de que abandona el cuerpo, y que pueden ver y oír lo que pasa a su alrededor, le dije para que me oyera; o más bien deseando de todo corazón que así lo hiciera, que lo quería mucho, que le agradecía todo lo que a lo largo de mi vida ha hecho por mí y por mis hermanos, mi madre y toda mi familia, que en esta vida lo había hecho muy bien, que podía partir sintiéndose muy orgulloso, porque nosotros así nos hemos sentido siempre de él. 

Porque había sido bueno, cariñoso, afable, muy responsable en todo y en especial con su familia, que yo no conocía ninguna ofensa o daño que hubiera hecho en forma intencional a ninguna persona, y que estaba seguro de que no tenía enemigos. Que en su vida siempre había superado sus adversidades, que toda su vida siempre estaba pendiente y preocupado por superarse, por saber más, por aprovechar todo lo adquirido para proteger a su familia, que todos nosotros considerábamos que es el mejor ejemplo de la palabra resiliencia, y que eso nos sirve para tenerlo como ejemplo, de no rendirnos, de siempre superarnos, de ayudar a la familia, y tener siempre una mano extendida a los demás. 

Alex Revira, considera que: en los últimos años y a través sobre todo del trabajo del psicólogo Boris Cyrulnik, ese psicólogo que cuando era niño sobrevivió a la experiencia de un campo de exterminio nazi, se conoce el término: “resiliencia”, especialmente a partir de su obra “Los Patitos Feos”, donde habla de la resiliencia, pero la resiliencia es un concepto que originalmente deriva de la física, es la capacidad que tienen los cuerpos de recuperar su forma original tras haber sido sometidos a una fuerte presión. Un plástico, por ejemplo, es resilente, cuando lo sueltas muchas veces se endereza. 

Aplicado a las personas queremos decir: que una persona es resilente, cuando su principal característica es la perseverancia y la constancia de ánimo en situaciones de adversidad. 

Alex Rovira señala que, en realidad, la palabra correcta aplicado a las personas es “Longanimidad” porque hace referencia a la fuerza de ánimo para superar reiteradamente situaciones de adversidad. Señala que la segunda definición de “Longanimidad” es muy bonita, porque dice que la persona con “Longanimidad” tiene benignidad, clemencia y generosidad. 

Agrega que no es difícil llegar a la siguiente conclusión: porque para tener esa fuerza interior que combina perseverancia, paciencia, entrega, hay que tener benignidad, clemencia y generosidad; es decir, hay que tener voluntad de amar, hay que tener voluntad de empatía, hay que tener voluntad de compartir. 

Ruego que por favor me disculpen este rodeo de palabras, que traigo ante ustedes a colación porque creo que son las que mejor describen a mi papá, Fernando Bencomo Balbuena, a quien el día de hoy, con dolor, pero con mucha satisfacción y con orgullo venimos a entregar su cuerpo, porque su alma ya está con Dios, con sus hijos y con su hija, con mi madre, con sus padres y con su hermano y hermanas, que se adelantaron y que sus partidas a él le causaron tanto dolor. 

Esta palabra de “Longanimidad” que Alex Rovira presenta, vino a sustituir y con creses el concepto de Resiliencia que yo ubicaba, como el perfil de vida de mi padre, que toda su vida estuvo llena de retos, obstáculos, que lejos de amedrentarlo, los utilizó para hacer su vida plena de satisfacción y que supo brindar a los suyos el apoyo necesario para que también lo hicieran. 

Sé que todos ustedes lo conocen, pero estamos hablando de un hombre que de niño, en el medio rural del norte de México, supo que el trabajo, la dedicación y el empeño eran la única manera de salir adelante, del medio árido, frío, aislado en la primera mitad del siglo pasado, anécdotas hubieron muchas, del frío, de la nieve, de la lluvia y de las crecientes de los arroyos, de caminar todos los días con su humanos cuatro kilómetros, con frío o con lluvia para ir a la escuela, y después al trabajo que supongo como meritorio, en la estación del tren de Temósachic, Chihuahua. 

Tal vez la boruca de los movimientos de personas y de cosas despertaron en él, el deseo de salir y conocer el mundo con estudios primarios y después algo de contabilidad por correspondencia, lo hizo, primero a Estados Unidos de Norte América en Colorado como brasero, donde obtuvo reconocimientos que se conservan y después al corazón de la Sierra Tarahumara, en las laderas del Rio Urique, el mineral de la Bufa, municipio de Batopilas, Chihuahua, como ayudante de pagador. 

Los azares de la vida y la búsqueda de nuevos horizontes lo llevaron al municipio de Cuauhtémoc, en el poblado incipiente en aquel entonces de Anáhuac, Chih., en donde se asentaban plantas industriales importantes para la trasformación de la madera a través de Celulosa de Chihuahua, Panderos y Viscosa, ayudando a construir literalmente desde sus cimientos. Preocupado de su familia, siempre estuvo propiciando e impulsando la incorporación de sus hermanos en estos nuevos esquemas de desarrollo, con el fin de que iniciaran su propio vuelo. Circunstancias de la vida lo llevaron a colaborar en el hospital para los trabajadores de la planta, que poco después se incorporarían al Instituto Mexicano del Seguro Social, por lo que colaboró con la conformación de su sindicato, y según documentos que se conservan, fue electo su primer Secretario General. 

Avatares de la vida lo llevaron a los negocios, primero desde un modesto puesto de ayudante de contabilidad de una sucursal en Anáhuac, Chih., de un grupo muéblelo; tiempo después auditor interno, que recorría todo el estado y posterior mente Gerente de Sucursal de Mueblerías Villareal, que en esa época llego a ser el más grande del norte del país, y en 1966 el negocio más grande e importante de Cuauhtémoc, Chihuahua, abriendo sucursales, aparte de la de Anáhuac, en la Junta, Matachic y Madera, participó con influencia en la sociedad, por medio del Club Rotario y el patronato de Beisbol de Manzaneros de Cuauhtémoc, y comités pro obras y servicios del municipio. 

En el municipio de Guerrero inició una huerta manzanera que con el tiempo y ante las crisis económicas de 1994, 1995, tuvo que entregar, para saldar sus responsabilidades a los bancos. 

Tiempo después ingresó a prestar sus servicios en la Banca de Desarrollo, desde un modesto y honroso inspector de campo, en el Banco Agropecuario, que, al fusionarse con otros bancos del sector, Banco de Crédito Ejidal y Banco Agrícola fue elegido para puestos administrativos y de dirección en distintas poblaciones de la entidad, su trabajo, empeño, dedicación, y sobre todo su don de gente lo hizo progresar y ascender en su estructura laboral, ocupando la Gerencia del Banco Rural en esta plaza, Ciudad Cuauhtémoc Chihuahua. 

A la par regresó al terruño, en Temósachic, Chih., al Rancho El Ojo de su familia, con su trabajo contribuyó a darle vida y progreso. 

Este caminar por la vida no estuvo exento de tropiezos, tragos amargos, sobre saltos y calamidades, como fue sin ninguna duda, la muerte de sus seres queridos. Tuvo un constante tener que empezar de nuevo, lo que sin duda enfrento con valentía, y gallardía, paciencia, dedicación, y algo que todos conocemos una enorme fuerza de voluntad. 

Señala Alex Rovira que la persona longánima es una persona generosa, entregada, sacrificada, fiel, leal, con un enorme corazón que vive para servir, vive para dar. Descansé en paz pues, mi padre, porque en esta vida se lo ha ganado a pulso; con mi padre mando un beso a mi madre y mis hermanos que se han adelantado al cielo. Muchas Gracias. ¡Un gran abrazo!