Estado

Migrar entre la violencia y el Covid

Desde dormir en la calles hasta ser víctima de secuestros, los riesgos que centroamericanos enfrentan en su trayecto

Hérika Martínez Prado / El Diario

domingo, 19 septiembre 2021 | 06:41

Fotos: Hérika Martínez Prado / El Diario

Después de pagar hasta 12 mil dólares a los traficantes de personas para ser guiados desde Centroamérica hasta Estados Unidos, durante su paso por México, entre la pandemia y la violencia, los migrantes se encuentran muchas veces al filo de la muerte.

Secuestros y extorsiones, además de tener que caminar durante días, dormir en la calle, pasar días sin comer y los riesgos al cruzar las fronteras, es parte de lo que viven antes de ser expulsados a México bajo el argumento de que significan un riesgo para la propagación del Covid-19 en Estados Unidos.

“El fenómeno migratorio representa millones de dólares. Un mexicano paga mínimo 4 mil dólares y un extranjero 8 mil dólares”, por lo que “se calcula que el tamaño del mercado local es de 178.5 millones de dólares (al mes)”, señaló el Fideicomiso para la Competitividad y Seguridad Ciudadana (Ficosec), al alertar el alto grado de vulnerabilidad que tienen las personas migrantes de ser víctimas de algún delito en esta frontera.

De acuerdo con la Matriz de Seguimiento de Desplazamiento “DTM Retornados a México bajo Título 42”, de la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas (OIM), el 21 por ciento de los mexicanos que emigran hacia el norte lo hacen con un ‘coyote’, mientras que en el caso de los extranjeros la cifra aumenta al 35 por ciento.

De los encuestados para el estudio, el 25 por ciento de los cubanos, el 17 por ciento de los nicaragüenses, el 16 por ciento de guatemaltecos, el 11 por ciento de salvadoreños, el 9 por ciento de hondureños y el uno por ciento de mexicanos dijeron que su guía les había exigido una cantidad adicional de dinero a la que inicialmente acordaron para ser llevados hasta Estados Unidos, lo que significa que fueron víctimas del delito de extorsión, de acuerdo con el Artículo 130 del Código Penal Mexicano.

 Los migrantes tienen que caminar durante días para llegar a la frontera  

Pagan ‘cuota’ para cruzar

Dina fue extorsionada hasta llegar a la frontera, en donde tuvo que pagar por el derecho y la ayuda para cruzar el río Bravo.

Tras haber sido amenazada de muerte por las maras, la mujer de 33 años y sus hijos de 9 y 11 años de edad salieron solos de Honduras, por lo que a veces dormían en donde les llegaba la noche.

“Lo más difícil del viaje ha sido todo: dormir en la calle, dormir en colchones sucios, no comer, caminar… todo eso fue duro para nosotros, porque nosotros no nos imaginamos qué era lo que realmente (íbamos a vivir). Duramos días sin comer’”, confiesa.

Sin saber que volvería a poner su vida en riesgo, al llegar a la Ciudad de México decidió unirse a un grupo de migrantes que iban hasta Monterrey.

“Llegamos hasta Monterrey y a media noche nos subieron a un camión, pero sin saber qué. Fue horrible. Para trasladarnos a Reynosa tuvimos que subirnos a un camión que eran casi 300 personas, y ahí casi morimos. Fue algo horrible, yo casi pierdo a mi hijo, mi hijo se quedó sin oxígeno y me tocó echarle aire, ya no tenía oxígeno, yo pensé que iba a morir”, relata.

Esa fue la segunda vez que Dina sintió miedo de morir, ya que permanecieron casi seis horas y media dentro del camión, en donde las casi 300 personas iban paradas, formadas, una detrás de otra, golpeándose cuerpo a cuerpo mientras el camión iba en marcha y asfixiándose durante las dos horas y media que permaneció estacionado en algún lugar.

“Todas las personas chocábamos, eran demasiadas personas, cuando la presión se subía todos caían para atrás, y así. Iban hasta mujeres embarazadas, fue la experiencia más horrible que nosotros tuvimos […] Después el camión se paró y yo ahí sí empecé a gritar, porque como él (su hijo mayor) se quedó sin oxígeno y estaba pálido, yo no hallaba qué hacer porque no podíamos respirar y yo le decía a la persona que nos subió al camión que bajara, y no nos abría la puerta”, recuerda Dina, quien tiene más de dos meses migrando por Centro y Norteamérica.

Las dificultades ambientales, otra de las barreras  

“Los tres nos estábamos quedando sin oxígeno, yo auxiliaba a los que podía, porque había mujeres embarazadas a las que les afectaba la respiración. Venir en un camión, hacinado, chocando, es algo que no es fácil, es una experiencia dura”, comparte.

Después de 13 días de camino finalmente logró llegar a la frontera. Lo que Dina no sabía es que al llegar a Reynosa tenía que pagar un “derecho de cruce”, para poder atravesar el río Bravo en una balsa hacia McAllen, Texas, por lo que  su familia   le prestó para que pudiera pagar los 2 mil 200 dólares que les cobraron los traficantes de personas dedicados a la extorsión.

Inseguridad y Covid

Según la Matriz de Seguimiento de Desplazamiento de la OIM, el 54 por ciento de los migrantes expulsados de Estados Unidos contrataron vía telefónica el servicio de los traficantes de personas, también conocidos como guías, ‘coyotes’ o ‘polleros’; el 34 por ciento lo hizo de manera presencial, el 9 por ciento a través de amistades o familiares que se los recomendaron y el 3 por ciento por otros medios.

El 4 por ciento de los encuestados destacó a Naciones Unidas los problemas de seguridad debido a la delincuencia y el crimen organizado, y el uno por ciento hizo hincapié en los problemas de extorsión o abandono por parte del guía.

‘Viajar con una niña es difícil, igual a mi niña yo la cuidé’ 

Kate Funes y su hijo fueron víctimas de ambas problemáticas en México, ya que después de 12 días de camino junto a otras madres solteras con hijos llegaron a Tuxpan, Veracruz, en donde los secuestraron.

Luego de que su exesposo intentó matarla frente a su hijo de 8 años de edad, la mujer de 28 años contactó un guía, quien le cobró 12 mil dólares por llevarla desde Honduras hasta Houston, sin embargo, al llegar a Veracruz los abandonó.

“Nada más dijo ‘ya vuelvo’, y nunca volvió. Íbamos en grupo, éramos puras mujeres con niños. (El guía ya no contestó el teléfono), y no volvimos a saber absolutamente nada”, dice Kate sobre el hombre a quien conoció “por contacto, de que uno pregunta y dicen: mira tal persona jala y es bueno”.

Ya abandonados por el ‘coyote’, “cuando nosotros llegamos a Tuxpan cogimos un taxi, porque ya no supimos del guía. Queríamos ir a un hotel que se llama San Antonio, pero el taxista nos llevó a otro que se llama Motel Doble Cero, ahí nos llevó, y nosotros inocentes porque no sabíamos nada. Pues ya después nos quitaron los teléfonos, todas las pertenencias, el dinero, todo… y ya nos dijeron que era un secuestro. Ahí en el hotel, ahí estábamos (encerrados). El taxista nos entregó y otra persona de recepción”, narra.

Los secuestradores le exigían 7 mil dólares a cada familia, por lo que permanecieron privados de la libertad tres días, junto a otras 30 personas.

“(Mi hijo) decía que qué pasaba, que él sabía que las cosas no estaban bien, que por qué (los secuestradores) gritaban mucho, y mi hijo se metía entre mis brazos y mi estómago porque le daba miedo ver a las personas que estaban fuertemente armadas. Estaban fuertemente armados y estaban todos tatuados, sin camisa, fumaban mucho mariguana, porque no era un olor de un cigarrillo normal”, recuerda.

El 27 de junio Kate cumplió los 28 años de edad, pero estaba secuestrada y no tenía noción de los días que vivía, por lo que se dio cuenta hasta el tercer día, cuando fueron rescatados por el grupo de Antisecuestros de Xalapa, quien al trasladarlos a sus oficinas les realizó una prueba de Covid-19 y tanto ella como su hijo salieron positivos, por lo que fueron asilados por el Gobierno de Veracruz durante 16 días.

“Tengo mis dudas si (el contagio) fue en bodega o cuando nos tenían secuestrados, porque cuando estábamos secuestrados éramos más de 30 personas que estábamos en un sitio oscuro y húmedo. Se escuchaba gente que sí estaba tosiendo mucho, que estaban enfermos, pero pues estábamos secuestrados, no nos iban a dar ninguna atención médica, jamás”, comenta.

Tras vencer el virus, el Instituto Nacional de Migración (INM) les dio un permiso por razones humanitarias para permanecer en México durante 30 días debido al secuestro que sufrieron, por lo que decidieron seguir hacia la frontera norte en un autobús.

Al llegar a Reynosa, los ‘coyotes’ los obligaron a pagar 3 mil dólares por los “reportes”, como llaman al “cobro de piso” para dejarlos cruzar el río que divide a México de Estados Unidos.

“Es para que puedas pasar sin ningún problema, para que no te vayan a matar o violar… así es. Sólo nos decían ‘denos tal clave’. Y ya ellos mismos te llevan a la orilla del río, te dicen que te van a cruzar en balsa y te cruzan en un colchón inflable… cruzan a varias personas, íbamos acostadas puras señoras con nuestros hijos. Íbamos seis, y era un colchón bien pequeño”, explica.

Aunque les dijeron que únicamente tenían que entregarse a los agentes de la Patrulla Fronteriza para solicitar el asilo político, después de cruzar el río tuvieron que caminar por más de una hora entre el lodo y las espinas hasta que encontraron a los agentes estadounidenses. Eran las 7 u 8 de la noche, y al día siguiente a las 10 de la mañana ya habían sido expulsados a Reynosa.

Era la primera vez que lo intentaba y los ‘coyotes’ le daban otra oportunidad, por lo que ante el temor de regresar a Honduras la madre decidió volver a cruzar, pero esta vez a través del muro fronterizo.

“Me salté un muro enorme, enorme, enorme, con mi hijo en mi espalda. Nos subieron a una camioneta, luego caminamos hasta el muro. Nos pusieron una escalera grande, era doble, como las que usan los bomberos, y quedaba bastante espacio, uno tenía que hacer fuerza para subirse (al muro)”, recuerda.

Ella subió con su hijo cargado en la espalda, pero para bajar del otro lado ya nadie la auxilió, por lo que se ayudó de un poste de concreto (posiblemente un marcador internacional), del cual bajó abrazada más de 10 metros.

“A uno le dicen: ya rápido señora, rápido que viene la migra. Y como uno va rodeando, lo que menos quiere es encontrarse a Migración. Yo, como pude, no sé cómo lo hice, sólo con la ayuda de Dios, porque (el muro) es inmenso, es altísimo, y mi niño lo llevaba en la espalda, y mi niño sólo me abrazó. A medida que me iba bajando me iba quemando, yo vine herida, porque como es de cemento me iba quemando y todo mi abdomen me lo quemé, pero gracias a Dios al niño no me le pasó nada”, comenta.

Con ellos cruzaron más de 30 personas, pero una de las mujeres se soltó desde medio poste y se quebró un tobillo, por lo que “los caminadores la agarraron de los brazos, la hicieron a un lado de la carretera y la dejaron botada. Ella gritaba que tuvieran piedad. Ella iba sola y era de noche, la última vez que yo vi la hora eran las 11:45 de la noche. Estaba todo totalmente oscuro”, dice.

Según la DTM de la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas, el 69 por ciento de los extranjeros intentan el cruce sólo una vez, mientras que el 17 por ciento de los mexicanos dijo haber cruzado cuatro o cinco veces y el 8 por ciento aseguró que ya había intentado ingresar al vecino país en más de seis ocasiones.

Son altamente vulnerables de algún delito 

‘Tanto dinero que debo…’

Laura López nunca pensó en migrar, pero con un niño de un año de nacido y un trabajo eventual en el campo de Guatemala fue fácilmente engañada por una red de traficantes de personas, quienes le hicieron creer que sería fácil lograr el asilo en Estados Unidos.

Una persona le prestó los 130 mil pesos que le cobró el ‘coyote’, con un interés del 10 por ciento mensual, por lo que dos meses después su deuda ya asciende a 156 mil pesos.

“Yo ya no puedo regresar a mi país, por eso no sé qué hacer, de verdad no sé. Tanto dinero que debo… y el interés ya va subiendo. Estoy bien preocupada, cómo quisiera llegar allá porque ¿aquí cuándo voy a conseguir ese dinero?”, cuestionó entre lágrimas la madre de 21 años, abrazada a su hijo quien también lloraba mientras sostenía en su boca un biberón lleno de agua.

Los obligan a pagar por el derecho de cruzar el río Bravo 

‘Viajar con una niña es difícil’

Luis Javier Flores, quien se dedicaba a vender verduras en Honduras y decidió ir en busca del llamado “sueño americano” acompañado de su hija de 3 años, no contrató un guía porque no tenía dinero para hacerlo y porque viajó con un amigo quien ya conocía el camino. Pero al llegar a Reynosa también tuvieron que pagar para poder cruzar el río Bravo.

“Viajar con una niña es difícil, igual a mi niña yo la cuidé. No le pasó nada, gracias a Dios”, dice quien cruzó México durante 17 días, hasta llegar a Camargo, Tamaulipas, frontera con Roma, Texas.

“Unos muchachos nos pasaron en unos como neumáticos, ellos iban caminando, jalándolo a uno, a ellos les daba el río por aquí”, explicó al poner la palma de su mano a la altura de su pecho, El cruce le costó 2 mil dólares por él y su hija.

El 69 por ciento de los extranjeros intentan el cruce sólo una vez 

Escapan de Migración

Para Eilín y su familia, lo más difícil en su tránsito por México fue cuando su hijo se desmayó y perdió el conocimiento por unos minutos, mientras escapaban a más de 180 kilómetros por hora del personal del INM.

Cerca de la Ciudad de México los ‘coyotes’ subieron en una camioneta a puros hombres y en otra a mujeres y niños, pero al ser detectados por las autoridades comenzaron a huir a gran velocidad, lo que provocó vómito y luego la falta de oxígeno de su hijo, a quien hicieron reaccionar entre ella y otra migrante sacudiéndolo, relata la enfermera.

Las mayores dificultades para llegar a Estados Unidos de los migrantes que han sido expulsados a México han sido ambientales, en un 22 por ciento, debido a problemas para cruzar el desierto o el río, por el clima extremo o los animales, señala el estudio de la OIM.

La segunda dificultad, con un 17 por ciento, es la física, debido a que en ocasiones tienen que caminar durante muchas horas, subir y bajar el muro fronterizo, se extravían en el desierto o porque sufren lesiones al intentar cruzar la frontera.

Hasta 12 mil dólares les cobran para ser guiados desde Centroamérica hasta Estados Unidos 

Vulnerables a delitos

El uno por ciento de los encuestados también confesó que una de sus principales dificultades al migrar fue el lenguaje, ya que hablaban otro idioma o lengua indígena y no pueden comunicarse fácilmente, como le ha ocurrido a Isabel.

Ella también fue engañada por los ‘coyotes’, quienes le prometieron a su familia que la llevarían hasta Florida, pero en lugar de eso la trajeron a Ciudad Juárez y la dejaron junto a su hijo sobre el bordo del río Bravo, a unos metros del llamado ‘puente Negro’.

Los riesgos al cruzar las fronteras son latentes 

“Yo sólo salí del agua, ahí está el muro, y después me agarraron los de Migración. La verdad nada más me mandaron así (los ‘coyotes’, por el río). No sé cuánto (cobró el ‘coyote’), mi familia pagó. Pero tengo deuda ahora, no sé cómo le voy a hacer, solamente Dios”, lamenta.

La madre indígena, quien dejó a sus cuatro hijos más grandes con su madre en Guatemala, no sabía que Estados Unidos había cerrado la frontera a los migrantes debido a la pandemia, pero aseguró que no puede regresar a su país porque no tiene dinero para hacerlo.

 

Varios aseguran que no puede regresar a su país porque no tiene dinero para hacerlo

“Las personas migrantes son altamente vulnerables de algún delito. Son abordados por grupos delictivos en cuanto retornan a México”, “Desafortunadamente el Instituto Nacional de Migración no tiene capacidad de reacción, pues sólo cuenta con 180 agentes desplegados en toda la entidad”, señaló Ficosec al pedir la atención del Gobierno federal. (Hérika Martínez Prado / El Diario)

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