Estado

‘Necesitamos trabajo’

Migrantes haitianos que llegaron a esta frontera buscan una oportunidad para tener una mejor vida

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / Los extranjeros afuera del albergue que improvisaron en la colonia Partido Romero

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

martes, 21 diciembre 2021 | 12:10

Ciudad Juárez.- “Necesitamos trabajo. Necesitamos ayuda, comida, cobijas; pero primero, primero que todo necesitamos trabajo”, pidió ayer Marcel Fleurimond, de 41 años de edad, uno de los 24 migrantes haitianos que viven en la iglesia cristiana La Plenitud. 

Se trata de 18 adultos y seis niños entre uno y seis años de edad, quienes hace casi tres semanas comenzaron a ser acogidos por el pastor Arturo Ochoa en un edificio que se encontraba deshabitado, en la avenida Hermanos Escobar y República El Salvador, de la colonia Partido Romero, donde los caribeños crearon su propio albergue. 

“Llegaron por obra de Dios, primero llegaron dos hombres que andaban buscando dónde establecerse, llegaron aquí y yo los empecé a ayudar. Después empezaron a llegar más. Es una bendición, porque es algo que Dios tenía creo en mente. Andan buscando trabajo, le conseguí trabajo a uno y la semana pasada a una muchacha, quieren trabajar, que la gente se dé cuenta que quieren trabajar, ellos no vienen a causar problemas ni nada”, destacó el pastor. 

Todos cuentan con un permiso temporal de permanencia en el país emitido por el Instituto Nacional de Migración (INM), por lo que pueden trabajar formalmente; los hombres en trabajos como la construcción, “o lo que sea”, y las mujeres en la limpieza de casas, aseguraron sin saber todavía qué comerán la próxima Nochebuena y Navidad. 

La mañana de ayer, parados en el exterior del edificio, ubicado a un costado de la iglesia cristiana, bajo los rayos del sol para mitigar un poco las bajas temperaturas que se vivieron en la ciudad, explicaron que después de permanecer meses en Tapachula, Chiapas, hace días arribaron finalmente a esta frontera, pero tienen el temor de cruzar a Estados Unidos y ser deportados al país del que salieron hace 15 años en busca de una vida mejor, por lo que permanecen en Ciudad Juárez en busca de trabajo para poner sostener a su familia. 

“No tenemos dinero. El pastor nos apoya, pero la luz y el agua tienen un monto y vamos a tener que pagar. Necesitamos trabajo, porque mientras tanto que llega el mes nosotros nada más estamos pensando con qué vamos a pagar”, insistió Marcel en su necesidad de trabajo. 

Mientras su ropa se secaba bajo el sol, colgada en ganchos a una ventana del edificio, una de las migrantes abría una lata de elote con un cuchillo y hervía verduras en un calentón de leña, mientras que Marlene bañaba a su hija Sentia, de un año y cuatro meses, con el agua de una cubeta en la banqueta. 

“Nosotros venimos aquí a buscar una vida mejor, no tengo en mente entrar a Estados Unidos, Estados Unidos está haciendo las deportaciones (a Haití) ahora y nosotros no tenemos en mente entrar. Nosotros estamos aquí y buscamos trabajar, apoyo para trabajar para tener una vida mejor. Hay gente que tenemos como cinco años que salimos de Haití y que llegamos aquí tenemos como dos, tres meses, yo tengo como 10 meses aquí (en México) ”, explicó Emmanuel.

El caribeño, de 37 años de edad, narró que él viajaba con su esposa y su hija de tres años, pero su esposa murió en el camino el pasado 24 de julio, en Tapachula, Chiapas, por lo que continuó solo con su hija. 

“Ella caminó mucho, tenía dolor y fiebre y murió”, recordó el hombre, quien se dedicaba a la construcción en su país y busca en Juárez una oportunidad para lograr una vida mejor. 

“Nosotros venimos aquí a buscar en dónde trabajar, aquí en Juárez, nosotros duramos un año, hasta dos años, tres años aquí, pero uno tiene que conseguir algo para vivir” prosiguió; en cada país recorrido por Sudamérica y Centroamérica ha trabajado para reunir dinero y poder continuar su viaje. 

Ahora la principal preocupación de los haitianos es reunir el dinero para apoyar al albergue, ya que otros que han llegado a la ciudad han tenido que pagar rentas, pero ellos aseguran no tener dinero. 

“Nosotros no teníamos a dónde llegar, llegamos de la terminal y andábamos buscando dónde dormir. Y llegamos aquí, con el pastor”, explicó otro de los migrantes, quienes hablan criollo, francés, español y en algunos casos portugués e inglés. 

En Haití celebran la Nochebuena con espagueti, carne o pollo y ensalada, pero aquí hasta ayer no sabían qué comerían, aseguraron. 

“Son unas personas muy respetables, muy limpios, muy atentos a las cosas, muy obedientes. Yo ando haciendo lo que puedo para ayudarles, pero si hay apoyo que nos puedan brindar, lo aceptamos. Necesitamos estufas, tanques de gas, calentones, necesitamos material para cerrar atrás (el patio); en realidad no nos ha apoyado, nada más los de la colonia, los de la colonia nos han apoyado mucho, las chamarras que ellos traen se las han regalado, los pantalones, las cobijas. Yo les he comprado colchones, sí hay mucha necesidad”, comentó el pastor, quien ha marcado en las viejas puertas de madera de los cuartos del edificio que rescató el número del día cuando llegaron a donde ahora es su albergue.