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Migrantes

No van por algo mejor, buscan salvar su vida

Madre sacó de Michoacán a sus tres hijos ante las amenazas del crimen organizado, el cual ya le arrebató a su marido

Carlos Sánchez / El Diario de Juárez / ‘Laura’ permanece en el albergue esperando su llamado

Hérika Martínez Prado/ El Diario de Juárez

lunes, 26 abril 2021 | 13:34

Ciudad Juárez.- “Nosotros no queremos ir a Estados Unidos por una vida mejor, nosotros lo que queremos es irnos para salvar la vida”, aseguró entre lágrimas Laura, una madre michoacana de 36 años de edad, quien tuvo que dejar su casa y sus parcelas para huir con sus tres hijos, de 16, 14 y 8 años de edad.

Dijo que hace cuatro meses, un grupo de la delincuencia organizada levantó a su marido, un agricultor de limón al que extorsionaban, por lo que hace unos días al ver que los hombres volvieron a rondar su casa, decidió irse y buscar el asilo político en Estados Unidos, en donde se encontraron con la frontera cerrada. 

Laura, cuyo nombre fue cambiado por su seguridad, y sus hijos, forman parte de los más de 600 migrantes que han sido acogidos temporalmente en el gimnasio municipal “Kiki” Romero, desde el pasado 5 de abril que comenzó a recibir migrantes. 

“Vamos a estar aquí el tiempo que nos dejen estar aquí, no podemos regresar… si regresamos es casi para morirnos, ¿para qué regresamos?, mejor aquí vamos a ver qué se puede hacer. Allá los hombres andan rondando la casa y mejor decidimos venirnos; dejamos las tierras, la casa, dejamos allá todo, pero no quiero que se lleven a mis hijos”, narró la migrante mexicana.

Tras perder a su esposo un día que salió a trabajar, la madre teme ahora que los delincuentes se lleven a sus hijos, ya que aseguró que los obligan a trabajar con ellos, y aunque su hijo mayor pensó en irse a trabajar a la cosecha del mango a Sinaloa, ella quiere mantener a su familia unida y lejos de la violencia. 

“Mi esposo se fue a trabajar un día y ya no volvió, y ya tenemos como 15 días que vemos gente extraña alrededor de la casa y nos dio miedo la verdad, decidimos venirnos. Nosotros tenemos allá tierras para trabajar, tenemos casa para vivir, pero qué se gana uno. Unos somos agricultores, tenemos dos parcelas para cortar limón, una es de mis suegros y nosotros la cuidábamos, y otra es de nosotros, pero pues allá se quedaron, la casa también es propia, pero pues allá la dejamos, en el rancho, en el municipio”, narró la mujer de Apatzingán, Michoacán. 

Desplazada por la violencia, y desesperada por mantener a su familia unida, Laura, relató que el día que llegaron a Juárez estaban “desesperados todos, porque andábamos en todas partes y en ningún lado nos querían recibir, hasta que el Grupo Beta nos trajo aquí y la verdad aquí lo atienden muy bien a uno, son muy amables todos y prácticamente uno tiene todo. Pero no podemos estar toda la vida así, tenemos que buscarnos la vida para trabajar y mantener a los hijos”. 

Dijo que su familia nunca había salido de Michoacán, y solamente habían ido una vez a la capital de su estado, y debido a que no conoce a nadie en esta frontera no sabe todavía qué hacer, por lo que esperará la asesoría de un abogado sobre la posibilidad de lograr el asilo político en el vecino país. 

En el área en donde vivían, los agricultores tienen que dar una cuota “a los narcos” para que los dejen trabajar, pero su esposo se negó a pagar debido a que por la falta de la fruta sólo podían cortar el limón dos veces a la semana.

“Antes de que se fuera (desapareciera) su esposo, toda la familia se iba a trabajar los dos días a la semana que podían hacerlo”, por lo que después continuaron trabajando ella y sus tres hijos, hasta que los hombres comenzaron a rondar su casa. 

“Ellos buscan ya como de la altura de mi hijo para llevárselos a trabajar y por eso dije: no, vámonos. Porque como a 15 minutos está otro pueblo de donde sí se llevaron a un muchacho de su tamaño, para ponerlo a trabajar así como ellos (en la delincuencia) y a mí no me gusta eso para mis hijos, ese destino ya es la muerte. Hay que buscar el trabajo de bien, como sea; antes teníamos la despensa surtida, cuando estaba mi esposo, ya últimamente con trabajos teníamos agua en el refrigerador”, aseguró.

Con sus hijos, sentados junto a ella, en las literas del albergue municipal, Laura confesó que es muy difícil dejar todo para huir, pero ella lo único que busca es salvar la vida de sus hijos. 

“Es muy difícil salirse del estado en donde vive uno, para venir a batallar para acá, y más con familia, ¿pero qué hace uno?, nada más aguantar. Nosotros queremos pedirle asilo político a Estados Unidos, es muy difícil, pero lo vamos a intentar. Yo traigo un puño de papeles por si me sirven, pero no he tenido la oportunidad de hablar con alguien que me oriente sobre qué es lo que tengo qué hacer. Solamente me dicen que es difícil, pero no me dicen qué tengo que hacer… y nosotros no queremos ir a Estados Unidos por una vida mejor, nosotros lo que queremos es irnos para salvar la vida”, dijo la mujer mientras limpiaba las lágrimas entre sus ojos y el cubrebocas. 

De acuerdo con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de los Estados Unidos, desde octubre de 2020, cuando comenzó el año fiscal 2021, hasta marzo de 2021, fueron asegurados 11 mil 785 niños mexicanos no acompañados, 7 mil 39 más que viajaban en familia y 242 mil 290 adultos mexicanos solos. (Hérika Martínez Prado / El Diario)