Estado
Segunda de dos partes

Organizaciones internacionales derrumban muro educativo

Organizaciones internacionales llegan a la frontera para restituir el derecho a la enseñanza de los menores migrantes

Alejandra Gómez / Hérika Martínez Prado

lunes, 01 noviembre 2021 | 20:50

Cuando el muro de Donald Trump se levantó entre la frontera de Estados Unidos y México, miles de niños, niñas y adolescentes (NNA) migrantes se quedaron varados en Ciudad Juárez a la espera de que las políticas migratorias se inclinaran a su favor y les permitieran continuar su rumbo hacia una vida distinta a la que dejaron atrás. Fue entonces cuando organizaciones internacionales fijaron su mirada sobre esta frontera y vinieron con un objetivo: restituir el derecho a la educación de los pequeños viajeros.                             

Hace un siglo, al concluir la Primera Guerra Mundial, surgió la organización Save the Children con la intención de restaurar los derechos de los NNA afectados por la lucha armada y, después de extenderse por 120 países víctimas de una crisis humanitaria, en octubre del 2019 llegó a esta ciudad para ayudar a los menores que arribaron al norte de México en busca de mejores condiciones de vida en Estados Unidos.                            

Aquí, creó espacios amigables al interior de los albergues Centro Integrador para el Migrante “Leona Vicario”, El Buen Samaritano, Pan de Vida y Casa del Migrante, donde les otorga a niños, niñas y adolescentes la oportunidad de restaurar un derecho que les fue interrumpido al momento de abandonar su hogar y recorrer miles de kilómetros, a veces solos, a veces en compañía de su familia, con la esperanza de encontrar del otro lado de la frontera la seguridad que su tierra no les dio.                            

“Educación en emergencias consiste en dar acceso al derecho a la educación que tienen los niños, luego de esa interrupción que tuvieron al huir y salir de manera repentina de sus países de origen. Nosotros no certificamos la educación, sino que vemos algunas habilidades para la vida, que es lectoescritura y matemáticas”, explicó Socorro Velázquez, la coordinadora estatal del programa, que se estableció en México en 1973 y que desde entonces se ha esparcido por 22 entidades.                            

Por medio de actividades lúdicas, promotores y facilitadores de Save the Children brindan sesiones de aprendizaje ininterrumpido diseñadas para NNA en contexto de crisis humanitaria. En los espacios amigables al interior de los albergues refuerzan o adquieren conocimientos de matemáticas, de lectura y escritura; además, reciben talleres sobre cultura, nutrición, derecho a la educación, inclusión y sobre el respeto a la población en situación de movilidad.                            

Sin embargo, los menores migrantes solicitantes de asilo no reciben un documento que acredite su continuidad educativa, porque los espacios amigables de Save the Children no pretenden sustituir el sistema escolarizado, sino brindar un lugar seguro donde el aprendizaje se mantenga activo y que los NNA vuelvan a tener la oportunidad de sostener un lápiz en sus manos y plasmar sobre un cuaderno conocimientos de vida, además de disminuir su estrés.                            

“Las cartas descriptivas que manejamos las elabora un grupo de especialistas que tiene el marco de referencia de la multiculturalidad, entonces están adecuadas para población en movilidad”, dijo Velázquez, quien explicó que la mayoría de los menores que recurren a los espacios amigables al interior de los albergues proviene del llamado triángulo norte de Centroamérica: Honduras, Guatemala y El Salvador.                            

Otra oportunidad                            

Emilia Alejandra, una niña de 8 años procedente de Guerrero, es una de los miles de NNA migrantes que han restituido su derecho a la educación por medio de Save the Children. La delincuencia organizada de su pueblo hizo que su familia abandonara su hogar en busca de un refugio que le permitiera proteger su vida, por lo que hace tres meses arribó a Ciudad Juárez e hizo del albergue El Buen Samaritano su segunda casa, en espera de poder cruzar a Estados Unidos.                             

Los papás de Emilia decidieron unirse al éxodo cuando un grupo delictivo estableció una tarifa para que el negocio familiar pudiera seguir funcionando. Ante el temor de que las amenazas de muerte se volvieran realidad, comenzaron a esconderse por distintos rincones del país, hasta que finalmente arribaron a esta frontera con la misma esperanza con la que miles lo han hecho en los últimos años: cruzar a Estados Unidos y encontrar allá la vida que su país les negó.                            

Emilia cursaba el tercer grado de primaria cuando su hogar dejó de ser seguro. En aquel entonces, al igual que sus dos hermanos, cursaba clases a distancia de manera virtual porque desde un año antes la educación al interior de los salones se vio interrumpida en consecuencia de la pandemia de Covid-19, pero un día tuvo que huir con su familia y no sólo abandonar sus estudios, sino también el peligro de permanecer en su hogar.                             

“Vinimos huyendo, pidiendo asilo político para ir a Estados Unidos para que nos den la oportunidad de estar allá y de tener una protección”, contó la mamá de Emilia, Aracely Gatica, de 30 años, quien también trajo consigo a su hija Kelie, de 10 años, y a Ramón, de 6 años. Los tres lograron reponer su derecho a la educación por medio del espacio amigable que Save the Children instaló en el interior del albergue El Buen Samaritano.                            

El trabajo de educación en emergencia lo realiza la organización en colaboración con Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, y en mayo de este año se unió con Cisco, una empresa de telecomunicaciones, para crear el “Rincón de aprendizaje tecnológico”: un programa por medio del cual se enseñan habilidades digitales a la población migrante de los albergues Centro Integrador para el Migrante “Leona Vicario”, Pan de Vida y la Casa del Migrante.                            

Al cierre del 2020, Save the Children registró a cuatro mil 916 NNA migrantes beneficiados por medio de sus diversos programas; durante el primer semestre de este año atendió a cuatro mil 089, quienes recibieron atención educativa y apoyo psicoemocional a través de los talleres de protección infantil que emplean la metodología “Heart” para ayudar a reconocer emociones, nombrarlas y, sobre todo, sanarlas por medio del arte.                             

“Vienen niños de todas las edades, hay algunos muy pequeños que ni siquiera comenzaron a ir al preescolar, con ellos hay que iniciar desde las habilidades de coordinación”, apuntó Velázquez, y añadió que con cada uno de los menores han trabajado desde una semana hasta más de un año, según sea la situación migratoria que presenten, ya que el cruce ilegal, el Protocolo de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés) y el Título 42 han modificado sus tiempos de espera en los albergues de Ciudad Juárez.                            

Save the Children está conformado por un equipo de promotores y facilitadores que asisten de lunes a jueves a los distintos albergues en que tienen instalados los espacios amigables y los rincones de aprendizaje tecnológico, los que a su vez están compuestos por diversas estaciones –de lectura, higiene, deportes, entre otras– que le permiten a los niños, niñas y adolescentes migrantes aprender por medio de actividades lúdicas.                            

“Este programa nos permite adaptarnos a todas las necesidades, aunque hay niños y niñas que leen o escriben más, las actividades diseñadas nos permiten trabajar con todos y todas y reforzar ese aprendizaje”, contó Aydee Elena Pedroza, promotora educativa de Save the Children. Explicó que las actividades no tienen un seguimiento, como en el sistema escolarizado, por lo que cada día puede incorporarse un NNA nuevo.                            

Así, un día, después de meses de esconderse por varios rincones del país, Emilia y sus humanos pudieron incorporarse al grupo de migrantes que actualmente se refugian en el albergue el Buen Samaritano; su madre agradeció encontrar un espacio donde sus hijos no sólo tuvieran la protección que salieron a buscar, sino también la atención educativa que se vieron obligados a abandonar.               En sus inicios, el albergue El Buen Samaritano únicamente recibía a personas adultas no acompañadas, pero con el tiempo abrió sus puertas a familias completas. Entonces, el pastor Juan Fierro –al frente del refugio– se preocupó al ver que los NNA no estaban asistiendo a la escuela y decidió buscar la forma de brindarles acceso a la educación sin tener que deambular por las calles de la ciudad. Fue así como la educación fue hasta ellos por medio de Save the Children.