Estado

Pone EU freno a travesía de menores

Detiene Patrulla Fronteriza a diario a 70 niños y adolescentes que viajan y cruzan solos

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez
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Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez

Hérika Martínez Prado
El Diario de Juárez

sábado, 27 marzo 2021 | 13:55

Después de haber viajado y cruzado solos la frontera, durante el último mes fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza en el sector El Paso en promedio 70 niños y adolescentes migrantes a diario.

Según las cifras oficiales de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), en febrero sumaron mil 949 menores no acompañados los aprehendidos en el sector que abarca la frontera con Chihuahua, lo que representa un aumento del 426.47 por ciento en comparación con los 457 menores sin la compañía de sus padres registrados durante febrero de 2020. 

“A partir de abril de 2020, la CBP ha visto un aumento en los encuentros de niños no acompañados de América Central en la frontera suroeste. En el año fiscal 2021 (que comenzó en octubre de 2020) hasta febrero, 29 mil 792 niños no acompañados y menores solos han sido encontrados a lo largo de la frontera suroeste; 2 mil 942 de estos niños son menores de 12 años y 26 mil 850 tienen entre 13 y 17 años”, informó el Gobierno de Estados Unidos el 10 de marzo pasado. 

Durante 2021 Ciudad Juárez también ha acogido a cientos de menores mexicanos que han sido deportados de Estados Unidos, adolescentes centroamericanos que son asegurados por las autoridades mexicanas y cientos de niños más que han arribado en las últimas semanas, expulsados del vecino país en compañía de sus padres bajo el llamado Título 42. 

Los soñadores más pequeños

Unos bailan al ritmo del zumba entre las coloridas paredes del patio, mientras que otros prefieren jugar ajedrez o ayudar a preparar la comida; son 54 menores no acompañados albergados en el Centro Integral de Atención a Niñas, Niños y Adolescentes Migrantes “Nohemí Álvarez Quillay” de Ciudad Juárez.

Todos tienen entre 8 y 17 años de edad, el 70 por ciento fue repatriado de Estados Unidos y entregado a las autoridades mexicanas, el resto salió desde Guatemala, Honduras o El Salvador y cruzó sin compañía todo México, algunos de entre 8 y 9 años hicieron el viaje en compañía de sus hermanos adolescentes. 

Todos se separaron de sus familias y salieron de sus lugares de origen con una esperanza en común: la de llegar a Estados Unidos y lograr una vida mejor.

“La mayoría nos han comentado que ellos no han pagado coyote, viajan con un conocido, con alguien del pueblo o de la ciudad en donde viven, que también va hacer el trayecto, e inician su trayecto cruzando las fronteras en cajuelas, a pie, en autobuses; en la mayoría de los viajes llegan hasta acá, hasta el norte, en autobuses”, informó José Alfredo Villa Sánchez, coordinador del albergue estatal. 

El espacio tiene capacidad para recibir hasta a 74 menores, aunque lo ideal sería tener menos de 30, comentó su coordinador, quien todos los días recibe a nuevos menores migrantes. 

De enero a marzo de 2020 el albergue recibió a 303 niños repatriados, hasta el 19 de marzo de este año había recibido a 444, mientras que la cantidad de extranjeros se duplicó de 42 durante el primer trimestre del año pasado a 99 hasta la semana pasada. 

El 80 por ciento son hombres, principalmente entre los 14 y 17 años, “la mayoría van a buscar una mayor oportunidad de vida, van por motivos económicos, hay muchos que van con el primo o con la hermana. Sí ha habido un aumento considerable respecto al año pasado en las canalizaciones que nosotros hemos recibido, tanto de niños extranjeros como de niños repatriados”, destacó Villa Sánchez.

Las condiciones en las que llegan “son buenas, considerando el trayecto que ellos realizan. Lo que puede llegar a necesitar de primera atención es la intervención psicológica, pero no hemos tenido casos de niños que vengan con necesidades de atención médica urgente. Pueden llegar con hambre y cansados, pero por lo regular sí les dan su ración de alimento (en Estados Unidos)”, dijo el funcionario estatal. 

Si al llegar dicen tener hambre, lo primero que hacen en el albergue es darles de comer; si aseguran estar muy cansados, antes de empezar cualquier procedimiento, descansan, se dan un baño y luego comienzan los protocolos, aseguró. 

Si llegan en buenas condiciones, después del registro descansan, comen y luego pasan con la enfermera, después los entrevista el trabajador social para tener el contacto de los padres y comunicarse con ellos, y luego pasan con la psicóloga.

Cuando es un niño de Juárez se le habla a la familia y la abogada los entrega a sus padres o tutor, en una o dos horas, pero cuando viene de otra entidad y la reunificación familiar tardará días o semanas son canalizados al área de albergue, en donde los niños extranjeros permanecen en promedio tres semanas y una los mexicanos. 

En el albergue, todas las mañanas, después de desayunar, toman clases de matemáticas básicas, español y lectura. Después descansan, realizan actividades lúdicas guiados por personal del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés), practican deportes, bailan zumba o ven películas.

“Siempre tratamos de que sean temas que les vayan a dejar algo, que tengan un mensaje positivo”, aseguró Villa Sánchez.

Aunque hay personal en la cocina, algunos menores ayudan a cocinar todos los días y a preparar la limonada para que todos puedan comer frente a un colorido mural en el que se observa el rostro feliz de un niño acostado boca abajo con el rostro arriba y los brazos abiertos, como si fuera volando. Un mural dedicado “a todos esos niños y niñas migrantes que han tenido que salir de sus hogares, de su país, que han sido incluso separados de sus familias y para qué… para seguir soñando”, se lee en la pared.    

“Repatriados nos llegan todos los días, niños extranjeros pueden llegar diferentes días de la semana. En ocasiones sí traen su partida de nacimiento, nosotros lo que hacemos es trabajar con el Consulado (de su país) para que nos expida una constancia de nacionalidad. También nos han tocado casos de niños que repatrian como mexicanos (porque en Estados Unidos aseguran ser mexicanos) y a la hora que nosotros hacemos nuestra intervención detectamos que son extranjeros”, informó el coordinador del albergue. 

La mayoría de los mexicanos son de Guerrero y Chiapas, aunque también albergan de otras entidades como Zacatecas, Veracruz, Puebla y Oaxaca, mientras que los extranjeros provienen principalmente de Guatemala. 

En enero de este año entraron en vigor las reformas a la Ley de Migración y a la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, por lo que el DIF estatal debe proteger además a los niños extranjeros que son detenidos por el Instituto Nacional de Migración (INM) junto a sus padres. 

“La idea de esta ley, además de muchas otras protecciones con los migrantes, es que las niñas, niños y adolescentes, aunque vengan acompañados de su familia, no estén en la estación migratoria, y que además nosotros, derivado de la intervención, podamos emitir un plan de restitución de derechos para estos niños”, explicó. 

Con las familias que llegan hace su intervención el departamento de psicología para ver en qué condiciones se encuentran, el departamento de trabajo social los entrevista sobre el motivo de su migración, y se busca proteger al niño. 

“Por ejemplo, nos dice la mamá: ‘yo vengo de mi país porque vengo por una mejor oportunidad de vida y no me quiero regresar a mi país’. Nosotros le podemos ofrecer que esté de manera regular en México, o pedirle refugio, si es un caso para refugio”, añadió. 

De acuerdo con lo que quiera la familia se emite un acuerdo para el INM, “le comunicamos a Migración que la familia conformada por el niño tal y la mamá tal, nos indicó estas situaciones. Por lo tanto determinamos que el interés superior del niño es que sea regularizado. Y sus familiares corren la misma suerte. Aunque otros se quieren regresar a su país, por lo que se le pide a Migración que sean retornados”. 

En lo que va del año han sido apoyados 76 niños que viajaban con sus padres, principalmente de Guatemala, quienes todavía no están acostumbrados a esta ayuda, apuntó el funcionario, quien pidió a la comunidad llamar al centro para menores migrantes en caso de ver a un niño en vulnerabilidad, a través del teléfono (656) 629-3300, a las extensiones 53102, 53106, 53107 y 53110.

Menores de 6 años, la mitad de los expulsados de EU 

Niños pequeños que cruzan el río Bravo en los brazos de sus padres y otros que regresan expulsados de Estados Unidos deshidratados, con tos y después de varias horas sin haber comido, son observados todos los días en la frontera en Ciudad Juárez y El Paso.

En las últimas tres semanas, Estados Unidos ha expulsado por el puente internacional Paso del Norte-Santa Fe a decenas de familias centroamericanas que cruzaron días antes por Tamaulipas, principalmente madres o padres con hijos menores de seis años. 

“Son niños del 40 al 50 por ciento, me atrevería a decir que la mayoría son menores a los ocho años o a los seis años inclusive, lo digo con esa realidad porque los vemos aquí, los vemos y tenemos la oportunidad de interactuar con ellos y vemos a los niños, y esa claridad sí tenemos”, señaló el coordinador del Consejo Estatal de Población y Atención a Migrantes (Coespo), Enrique Valenzuela. 

Narró que las familias “llegan sin nada”, por lo que organizaciones como Hope Border Institute los han apoyado desde con pizzas hasta con pañales, al igual que otras organizaciones como Abra y Seguimos Adelante.

“Supuestamente nos llevaban para el otro lado, no hemos firmado nada… Nosotros cruzamos por Reynosa, agarramos vuelo de Reynosa para acá, en un avión, nos tiraron para acá, en un avión de una hora. No nos dijeron nada, nos dijeron que nos iban a pasar de un albergue para otro… y a quí yo no hallo qué hacer porque no sé cómo regresarme pa’ la casa. Vengo solo con mi hija de dos años nomás”, dijo “Joel”, un hondureño que entre lágrimas pedía orientación en el cruce internacional.

Mientras su hija tomaba agua de un biberón, entre sus brazos, el centroamericano aseguraba haber sido engañado, al igual que los cientos de familias que fueron expulsadas a Ciudad Juárez bajo el Título 42 de la Sección 265 del Código de los Estados Unidos, con el argumento de que los migrantes son un riesgo para la propagación del Covid-19 en aquel país. 

“Mi hijo no ha comido, no nos han dado de comer desde ayer a las 8 de la noche”, aseguró otra mujer mientras otra niña migrante vomitaba frente a los agentes de CBP.

Desde el viernes de la semana pasada, personal de Grupo Beta del INM les toma la temperatura y les entrega un kit con granolas a los menores migrantes, mientras que iglesias cristianas se organizan para llevarles comida a los migrantes que ingresan al país. 

Centro Integral de Atención a Niñas, Niños y Adolescentes Migrantes ‘Nohemí Álvarez Quillay’ 

-Hay 54 menores no acompañados albergados 

-Todos tienen entre 8 y 17 años de edad, el 70 por ciento fueron repatriados de Estados Unidos y entregados a las autoridades 

-El resto salieron desde Guatemala, Honduras o El Salvador y cruzaron solos todo México

-El espacio tiene capacidad para recibir hasta a 74 menores, aunque lo ideal sería tener menos de 30 

-De enero a marzo de 2020, el albergue recibió a 303 niños repatriados, 

-Hasta el 19 de marzo de este año ha había recibido a 444