Estado

‘Rescata’ obispo de El Paso a familia migrante

Se lleva a hondureños y a hombre de El Salvador para que esperen asilo en EU

Hérica Martínez Prado/El Diario

viernes, 28 junio 2019 | 09:05

El Gobierno de Estados Unidos “que trata a los niños bajo su custodia peor que animales”, y la sociedad que no quiere a los migrantes, “padecen enfermedades del corazón”, lamentó el obispo de El Paso, Mons. Mark J. Seitz, quien cruzó ayer la frontera para platicar con los migrantes que han sido retornados de su país a Ciudad Juárez y llevarse con él a un salvadoreño y una familia de Honduras para que esperen en El Paso su proceso de asilo político.

Saúl, de 23 años, un salvadoreño que busca reunirse con su mamá en Estados Unidos, pero a quien le dieron una cita ante la Corte hasta enero del próximo año, y la familia Palma, integrada por Joseph, Tania y sus tres hijos, Cesia, Kevin Joseph y Kimberly Sofía, de nueve, cinco y tres años de edad, fueron los migrantes retornados bajo el Protocolo de Protección a Migrantes que el obispo se llevó con él al vecino país. 

A raíz de los recientes acontecimientos y acciones tomadas para criminalizar la migración en la frontera de Estados Unidos y México, de la expansión de la llamada política Permanecer en México (Remain in Mexico), el despliegue de las fuerzas de seguridad de ambos países en la frontera, las muertes continuas de familias migrantes en el río Bravo y los informes de condiciones gravemente inhumanas en los centros temporales de procesamiento de migrantes en El Paso, el obispo llegó hasta el puente internacional Paso del Norte-Santa Fe con los siete migrantes.

Después de hacerlos esperar por más de media hora, y tras las gestiones del propio obispo y del Instituto Fronterizo de la Esperanza (Hope Border Institute), los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP) que vigilan el cruce internacional, les permitieron ingresar a su país.

Cesia le platicó al obispo que caminó 20 kilómetros al salir de Tegucigalpa, Honduras, con una mochila en la espalda, y se dijo contenta de poder regresar a Estados Unidos para ser doctora, mientras Kevin gritaba “y yo quiero ser policía, porque sí”.

Joseph, su padre, narró que salieron de su país hace tres meses “porque ocurrieron muchas cosas, nos mataron familiares, y querían matarnos a nosotros”, dijo sin querer dar más detalles sobre su situación.

Dijo que en abril llegaron a Ciudad Juárez y se internaron a Estados Unidos por el río Bravo, pero desde entonces permanecieron detenidos hasta que los retornaron nuevamente a esta frontera, con una cita ante la Corte para el 10 de julio.

“Nos dieron una cita, nos dan este papel, a mí me lo dieron para el 22 de enero, 15 días estuvimos ahí, sin poder bañarnos ni cepillarnos los dientes… Somos cubanos, necesitamos ayuda”, le narró un grupo de migrantes al obispo, quien fue recibido en Juárez por el sacerdote Francisco Javier Calvillo, director de la Casa del Migrante en Ciudad Juárez.

“Ante tantos muros, ante tantas persecuciones, ante tantas barreras, pues la Iglesia nos invita a hacer puentes”, le dijo el sacerdote mexicano a Seitz.

El obispo de El Paso dijo que como líder católico y cristiano en la frontera, frecuentemente le llaman para ser médico del alma.

“Aquí en la frontera de los Estados Unidos y México cómo podemos empezar a diagnosticar el alma de nuestro país. Un Gobierno y una sociedad que ven como amenazas a los niños y familias que huyen, un Gobierno que trata a los niños bajo su custodia peor que animales, un Gobierno y una sociedad que le dan la espalda a las madres embarazadas, a los bebés y a las familias y los hacen esperar en Ciudad Juárez, sin pensar en las complicadas consecuencias de esta desafiante ciudad”, señaló Seitz.

“Este Gobierno y esta sociedad no están bien, sufrimos de un caso de endurecimiento del corazón que amenaza la vida, en un día en que preferimos pensar que el prejuicio y la intolerancia son problemas del pasado hemos encontrado un nuevo grupo vulnerable para darle un trato menos humano, menospreciarlos y detenerles”, lamentó.

Dijo que para el Gobierno de Estados Unidos, si hablan otro idioma, o son morenos o son indígenas, es más fácil despreciarlos.

“¿Por qué no podemos ponernos en sus zapatos?, ¿por qué hemos decidido que no son nuestros vecinos?, hemos decidido que son extranjeros ilegales. Creemos que estos padres simplemente no tienen derecho a salvar a sus hijos de la violencia, o la desnutrición, (que) no tienen derecho a un trabajo ni a mantener a sus familias, ni tienen derecho a reunirse con la familia”, apuntó.

El obispo lamentó que los gobiernos prefieran que los migrantes murieran en las orillas del río Bravo.

Dijo que “en la América de hoy no hay más reglas de oro, hemos olvidado las lecciones de la escritura, hemos olvidado el mandamiento de amar, hemos olvidado a Dios, pero aquí en la frontera tocan a la puerta, en la lucha por la esperanza y la libertad. Él toca la puerta en las vidas de Jaqueline y Felipe, y Óscar y Valeria, él toca la puerta en nuestros vecinos aquí hoy. Él toca la puerta, toca, toca, toca, toca”. 

El director de la Casa del Migrante de Ciudad Juárez también pidió a las autoridades que “no esperemos más muertes, no esperemos más especulaciones. No esperemos más retenes, no esperemos. El clima no nos favorece. Nosotros no exigimos, le pedimos  a los tres niveles de gobierno que se acerquen a las organizaciones, que convoquen a la sociedad, yo creo que juntos pudiéramos resolver todo esto”.