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Título 42: el nuevo reto migratorio para Juárez

Sólo en las últimas 48 horas esta frontera acogió aproximadamente a 200 personas, principalmente familias

Hérika Martínez Prado / El Diario de Juárez / Mujer come en el suelo junto a dos niños pequeños

Hérika Martínez Prado/ El Diario de Juárez

miércoles, 17 marzo 2021 | 11:42

Ciudad Juárez.- Con los espacios filtros saturados, Ciudad Juárez recibe todos los días a decenas de migrantes expulsados de Estados Unidos bajo el llamado Título 42, muchos de ellos después de haber cruzado el río Bravo entre Reynosa, Tamaulipas y McAllen, Texas.

Sólo en las últimas 48 horas esta frontera acogió a cerca de 200 personas, principalmente familias, quienes se dijeron sorprendidas de saberse en México, tristes por haber sido engañadas por los ‘coyotes’ y muchas veces sin dinero y sin tener a dónde ir, por lo que acudieron al Centro de Atención Integral para Migrantes (CAIM).

“Cuando vimos las banderas y nos dimos cuenta que ya estábamos en México nos pusimos a llorar. Nunca nos dijeron nada, no sabíamos que veníamos a México, sólo nos trajeron en avión y luego nos llevaron al cruce. No sabemos qué haremos, (el guía) nos dijo que era fácil”, narró “Irma”, una migrante hondureña, mientras le ponía a sus hijos, de 5 años y 20 meses de edad, las cintas de los tenis que les quitaron los agentes estadounidenses al ser detenidos.

Edna también cruzó la frontera entre Reynosa y McAllen junto a sus hijos de dos y ocho años. Su esposo, quien trabaja desde hace dos años en Estados Unidos, ahorró para juntar los 10 mil 500 dólares que le pedía el “coyote” para poder reunir a su familia.

Después de pagar el dinero, Edna y sus hijos fueron guiados desde Honduras hasta McAllen, en donde permanecieron cinco días detenidos antes de ser trasladados en un avión a El Paso.

“Nunca nos preguntaron nada, sólo nos tomaron fotos, las huellas y ya. A mí me sacaron ayer, pero en el puente antes de salir nos revisan el cabello, la ropa y la piel. El niño tenía una infección en la piel y nos mandaron a bañarnos, a ponernos una crema a los tres y nos dieron ropa, porque nos dijeron que la ropa estaba contaminada”, narró la mujer de 30 años al mostrar la irritación en la mano izquierda de su hijo más pequeño.

Una vez vestidos con pantaloneras y sudaderas grises, Edna y sus hijos fueron enviados a Juárez la tarde del lunes junto con un grupo de más de 100 personas, quienes al llegar a la avenida Juárez fueron trasladados por personal del Consejo Estatal de Población y Atención a Migrantes (Coespo) a las instalaciones del CAIM.

Viven en la incertidumbre

Una vez dentro del edificio, ubicado a un costado del puente internacional Paso del Norte-Santa Fe, los más de 100 migrantes –la mitad de ellos niños menores de ocho años de edad–, pudieron comer pizzas que les llevó personal del Hope Border Institute, mientras que las madres y padres prepararon leche para los más pequeños. 

Cansados y en la incertidumbre de no saber qué pasaría con ellos, los padres se dedicaron a hacer llamadas, mientras los niños jugaban en el piso con las cajas de pizza.

El personal de Coespo platicó primero con cada una de las familias para saber por dónde ingresaron a Estados Unidos, cuántos días permanecieron en el vecino país, si tienen documentación para permanecer en México y qué era lo que pensaban hacer, ya que mientras unos buscaban volver a intentar cruzar, otros querían regresar a su país y unos más pedían un albergue.

“Yo no sé qué hacer, necesito hablar con mi esposo, porque (el ‘coyote’) ya agarró su dinero y si queremos volver a pasar le tenemos que volver a pagar”, dijo Edna.

Ayer, unos 100 migrantes más fueron expulsados a esta ciudad, cerca de 80 de ellos luego de haber cruzado entre Reynosa y McAllen, por lo que fueron llevados también al CAIM.

“Esta fue una situación de la que se tomó razón por parte de los gobiernos federales, y definitivamente no obstante a ello es aquí, localmente, en donde terminamos enfrentando estas situaciones. El albergue y el hotel filtro están saturados, nuestras capacidades están agotadas”, confesó Enrique Valenzuela, coordinador de Coespo.

Al ver que un niño dormía sobre la sudadera de su mamá en el suelo, el funcionario sacó colchonetas para repartirles, mientras que tres niños más en pañal corrían cerca de sus pies y otra madre le daba un poco de agua a su hijo en brazos.

“Son del triángulo norte de Centroamérica: Guatemala, Honduras y El Salvador. Han sido retornadas a esta frontera bajo el llamado Título 42, el cual tiene que ver con una política sanitaria (para prevenir la propagación de Covid-19), no con una política migratoria por parte del Gobierno de Estados Unidos. Entonces, mientras prevalezca el riesgo de la pandemia, siguen retornando a las personas que ingresan con la intención de solicitar protección internacional”, explicó Valenzuela.

El funcionario narró que al llegar a Juárez lo hacen muy angustiados porque ingresaron con la esperanza de lograr el asilo político, engañados por los “coyotes” y confundidos por el ingreso de quienes se encuentran registrados en los Programas de Protección a Migrantes (MPP, por sus siglas en inglés), quienes después de permanecer hasta dos años en México han comenzado a ingresar a Estados Unidos tras un registro ante Naciones Unidas.

En promedio, actualmente Estados Unidos recibe en El Paso a 50 migrantes MPP diariamente, de lunes a viernes; sin embargo, la expulsión de decenas de extranjeros a esta frontera continúa en medio de la pandemia.

Permanecen aislados

Actualmente Juárez cuenta con un albergue filtro y un hotel filtro operado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas, pero busca ya la instalación de cuatro áreas filtro dentro de otros albergues, con el fin de que los migrantes que llegan a la ciudad puedan permanecer 14 días aislados antes de reunirse con quienes ya tienen meses albergados. 

“La verdad es una cuestión que sigue desafiando nuestras capacidades, como ha sido desde que inició todo este fenómeno, afortunadamente gracias a la coordinación que ha habido entre los tres niveles de Gobierno, junto con organizaciones tanto locales como internacionales, las agencias internacionales y el apoyo de las asociaciones religiosas aquí, ha sido posible sortear los efectos de este fenómeno. Pero la manera en cómo esto se presenta sí viene a desafiar nuevamente nuestras capacidades para recibirlos y para atenderlos ofreciéndoles un espacio digno”, apuntó Valenzuela.

La expulsión exprés de migrantes a través del Título 42 de la Sección 265 del Código de los Estados Unidos, que deja a las personas sin la oportunidad de solicitar asilo político, comenzó el 20 de marzo de 2020 en el gobierno de Donald Trump y continúa actualmente con el demócrata Joe Biden. 

Bajo el argumento del riesgo de la propagación de Covid-19, todas las personas que ingresan de manera legal al vecino país son devueltas a México, decenas de ellas todos los días a esta frontera.

hmartinez@redaccion.diario.com.mx