Estado

Un camino de muerte, dolor y miedo

El municipio de Bavispe, Sonora, se convirtió en el corazón de la ruta disputada por los grupos de ese estado y Chihuahua

De la Redacción/El Diario
lunes, 11 noviembre 2019 | 07:09
El Diario

Chihuahua.- En medio de la guerra entre los cárteles de la droga, el municipio de Bavispe se convirtió en el corazón de la ruta disputada por los grupos de Sonora y Chihuahua: en un camino de muerte, dolor y miedo para el que sus habitantes exigen seguridad y justicia al gobierno de México. 

El pueblo sonorense donde hace 65 años nació el actual Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo Montaño, es también el municipio al que pertenece el rancho La Mora o La Morita, donde vivían las tres mujeres y los seis niños de la comunidad LeBaron que fueron masacrados el lunes pasado. 

“Es el pueblo que Durazo dejó en el olvido”, reclaman sus habitantes, entre ellos “Martha”, quien pidió omitir su nombre real por motivos de seguridad, debido al temor que se vive en lo alto de la comunidad hacendada en lo alto de la Sierra Madre Occidental. 

En el municipio de Bavispe la señal telefónica y el internet son escasos, al igual que la ropa y otros suministros como la gasolina, cuya compra en Chihuahua señalan como una posible causa del ataque contra los mormones. 

Y es que según los pobladores, parte del combustible que se vende en casas es comprado legalmente en Janos, Chihuahua, cuyo costo un día después de la masacre era de 17.17 pesos por litro. Pero otra es el negocio de “los siquis”, como le llama la comunidad a los sicarios de la zona. 

La gasolina solo se consigue en la cabecera municipal, ubicada a unos 20 kilómetros del rancho de los LeBaron. “Cuando se acaba llega hasta el domingo, pero ahora con tantos policías no la van a poder traer, porque la venden los siquis”, comentó un habitante del ejido San Miguelito, quien la semana pasada al percatarse de la llegada de decenas de camionetas de los mormones y diversos medios de comunicación, decidió prevenirse con el suministro que es vendido a 22 pesos el litro. 

El último caso de violencia que sufrió la comunidad antes de la masacre del 4 de noviembre, ocurrió a mediados de agosto, cuando dos jóvenes que viajaban a Janos a comprar gasolina para venderles fueron desaparecidos en el mismo camino donde fueron asesinados sus familiares. 

“Nosotros lo denunciamos que habían sido desparecidos dos chavos que se habían conocido aquí por muchos años, personas que nos traían mandado y nos traían combustible a veces y pues a eso se dedicaban, a traer cosas. Denunciamos que era muy inseguro el camino en su tiempo”, dijo Julián LeBaron. 

Se trata del camino de Janos al rancho La Mora, en el que se atraviesan entre la sierra de Chihuahua y Sonora el ejido Pancho Villa, la cabecera municipal de Bavispe y el ejido San Miguelito. 

“Es la ruta primaria a todas las necesidades básicas a este valle, entonces cuando traían combustible desaparecieron a dos muchachos”, sin embargo nunca hubo respuesta. 

Familiares de Dawna Ray Langford, una de las tres mujeres victimadas, dijeron que tras la desaparición de los dos hombres, la comunidad recibió amenazas, ya que algún grupo delictivo no quería que continuara la ruta de combustible de Chihuahua a Bavispe. 

Las comunidades mormonas se asentaron en el norte de México desde el siglo XIX, cuando el entonces presidente Porfirio Díaz, les dio asilo político y religioso debido a la persecución que sufrían en Estados Unidos.

“Así llegaron comunidades a Chihuahua, de las que descendemos”, y en Sonora la comunidad LeBaron tiene más de 55 años, “está en construcción, estos huertos y estas casas es el fruto de décadas de trabajo”, dijo el activista religioso. 

En La Morita, hay unas 30 casas, la mayoría de la comunidad LeBaron, pero antes de la masacre y tras las amenazas recibidas en agosto ya se habían ido unas 10 familias, mientras otras 50 personas se fueron el sábado pasado. 

En Bavispe, los pobladores hablan bien de los mormones, ya que son los principales generadores de empleo en la ganadería y la agricultura, principalmente de nuez, granada y chile chiltepín. Por eso, temen que el éxodo hacia Estados Unidos continúe y los mexicanos tengan problemas de trabajo. 

“Mataron a los LeBaron y hora nosotros vivimos con el temor de que siga la violencia, que los sigan atacando, pero también hay miedo de que se vayan ellos, porque ellos mantienen aquí el trabajo”, dijo “Martha”.

Quienes decidieron huir este fin de semana solo quieren sentirse seguros, destacó Julián LeBaron, quien confesó que no sabe si volverán, ya que su mayor temor es tener que recorrer la sierra entre Sonora y Chihuahua, el camino que tienen que recorrer para poder ir al doctor o comprar alimentos.

“Ese camino es lo que une a toda esta serranía con Casas Grandes, aquí cualquier herido para Casas Grandes, a El Paso, para ir a Tucson, Arizona, es por ahí”, dijo Adrián LeBaron, durante el funeral de su hija Rhonita María Miller, de 30 años, quien fue atacada a balazos y luego incinerada junto a sus hijos Howard Jacob Jr., de 12; Krystal Bellaine, de 10; y Titus y Tiana de ocho meses de nacidos. 

Él fue el primero en encontrar sus restos incinerados y también el primero en llegar hasta donde estaban las otras dos camionetas con Christina Marie Langford Johonson, de 29 años, y Dawna Ray Langford, de 43, además de sus hijos Trevor Harvey y Rogan Jay, de 11 y dos años de edad. 

“El día que dejemos de usa este camino se desaparece esta población, esta comunidad no tiene razón de existir si ese camino no es seguro. Yo como padre de mi hija asesinada, tío de las demás y abuelo de cuatro niños, les pido que si nosotros como mexicanos no podemos trasladarnos de un lugar al otro, pues entonces no me puedo decir ni mexicano”, apuntó. 

El padre de Rhonita destacó que la problemática de inseguridad no es solo de Sonora, sino también de Chihuahua, por lo que les exigió seguridad a ambos gobernadores, a quienes les dijo que los tendrá “bien checaditos”, al igual que al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

“¿Por qué están las fuerzas federales aquí?, no sé, ‘ya pa’ quand’, ¿qué sigue?, no sé… ustedes son mi arma, ustedes son mi fuerza de que México sepa, por eso acepto esto en medio del funeral de mis seres queridos, no está fácil hacer esta entrevista”, confesó el padre de Rhonita una tarde antes de trasladar sus restos a Galeana, Chihuahua. 

Dijo que hasta entonces no había tenido contacto con Durazo Montaño, cuya casa continúa en la plaza de Bavispe, justo a un costado de la iglesia del pueblo del que el mundo supo debido al asesinado de nueve niños y mujeres.