Internacional

Advierte ONU-DH retos en seguridad

El representante en México de la ONU, Jan Jarab, está convencido de que el gobierno de López Obrador impulsa un cambio positivo

Reforma
domingo, 10 noviembre 2019 | 06:27

Ciudad de México.- La labor de funcionarios comprometidos con los derechos humanos, el cambio de la estrategia de seguridad para no seguir en un modelo de guerra y una voluntad auténtica por resolver casos como el de Ayotzinapa, han convencido al representante de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), Jan Jarab, de que la Administración de Andrés Manuel López Obrador impulsa un cambio positivo.

Sin embargo, en entrevista con REFORMA a punto de dejar el país, advirtió retos en temas como el migratorio, la infiltración del crimen en cuerpos policiacos, la normalización de la tortura, la impunidad, las agresiones a la prensa y los derechos de los indígenas.

Jarab, quien el 13 de junio de 2016 fue nombrado representante en México de la ONU-DH, terminará su labor el próximo 24 de noviembre, para ocupar en Chile la oficina regional para Sudamérica del organismo.

"Percibimos un cambio positivo en varias áreas", responde al ser cuestionado sobre el primer año del Gobierno de López Obrador, y habla de un giro de 180 grados en caso Ayotzinapa, donde el Gobierno de Enrique Peña Nieto no lo quería dentro y el actual lo invitó a la Comisión Presidencial.

"Me parece destacable el hecho de que la Comisión Presidencial sí es auténtica, que los funcionarios públicos que trabajan demuestran esa autenticidad. Que tenemos un nuevo Fiscal especial para el caso", detalla el checo con un español más fluido que hace tres años.

Cuidadoso de no hacer críticas a funcionarios específicos, destaca la labor de Karla Quintana, Comisionada Nacional de Búsqueda, la relación de la ONU-DH con la Subsecretaría de Derechos Humanos que dirige Alejandro Encinas y el rol del Secretario de Medio Ambiente, Víctor Toledo, para la adopción de una nueva Ley General del Agua, que considera sería un avance para los indígenas.


"La violencia sin duda es una de las grandes tragedias de México, y la forma en la cual actuaron los Gobiernos desde 2006, la modalidad de guerra supuestamente contra el narcotráfico, sólo empeoró las cosas, casi no hay duda sobre esto", comenta.

"¿Cómo salir de esta situación? Vemos que el Gobierno actual está intentando una estrategia distinta que ya no es una apuesta en el modelo de guerra, y es esto sí es algo que valoramos de manera muy positiva".

El reto en este tema, dijo, está en que las corporaciones de seguridad funcionen, que no sólo no sean corruptas o estén infiltradas por criminales, sino que sean capaces de proteger a la ciudadanía sin violar derechos humanos.

"Me parece que en este proceso sí estamos en una fase muy inicial", lamenta.

Jarab asegura que no hubo presiones del Gobierno para que dejara el País, y de los momentos más complicados de su labor en México recuerda las reuniones con familiares de personas desaparecidas en Veracruz, Nuevo León, Coahuila, Sinaloa, Guerrero y Tamaulipas.

"Estamos en una situación en donde los desafíos siguen enormes, por muchos problemas que no van a cambiar de un día a otro, que tienen vínculo con la inseguridad, con las concesiones masivamente entregadas en el pasado y con toda la debilidad del Estado de derecho, el terrible grado de impunidad para lo cual se necesitan fortalecer las Fiscalías", agrega.

En el tema migratorio, aunque no menciona al Gobierno de Estados Unidos, reconocer que por presiones externas México tuvo que regresar de manera pronta a una política de contención, de la cual le preocupa que se centra en la privación de la libertad, incluidos menores de edad, que orilla a los migrantes a buscar rutas más peligrosas y que ocupa demasiado la atención de las autoridades.

Algo por lo que particularmente se dijo preocupado fue por la normalización de la tortura por la sociedad mexicana, y por funcionarios que justifican o minimizan el delito.

"El rechazo social aún no está donde debería, la palabra delincuente hace desaparecer las demás consideraciones, como en el caso de los dos estudiantes del Tec de Monterrey, que para la autoridad fue suficiente declarar que eran delincuentes armados hasta los dientes", recuerda.

"Después se volvió un escándalo porque era estudiantes de una universidad prestigiosa, pero si hubieran sido jóvenes de 20 años con tatuajes qué repercusión hubiera tenido eso".