Internacional

Biden-AMLO: aciertos y desafíos

Ante una relación que se avistaba difícil, la Administración Biden ha acertado al retomar los diálogos de alto nivel en seguridad y economía

Emilia Martínez
Agencia Reforma

domingo, 12 diciembre 2021 | 12:09

Para la Administración del Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, la relación con México bajo el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha resultado un desafío, pero no una sorpresa.

El 14 de diciembre de 2020, el Colegio Electoral estadounidense oficializó al demócrata como Mandatario electo del vecino del norte.

Fue hasta ese día que varios líderes que hasta entonces se habían mantenido en silencio finalmente reconocieron su triunfo, más de 40 días después de los comicios.

En esa lista de Presidentes estuvieron el polaco Andrzej Duda, el brasileño Jair Bolsonaro, el ruso Vladimir Putin y el mexicano Andrés Manuel López Obrador.

A decir de especialistas, esa tardanza fue una de las "alertas tempranas" de lo que enfrentaría el nuevo Gobierno estadounidense en la relación con su vecino del sur y primer socio comercial.

"Pienso que la Administración asumió el cargo sabiendo que sería difícil con AMLO, y pusieron como una prioridad muy importante el no tener dificultades que desencadenarán batallas diplomáticasverbales o ataques. En su lugar, adoptaron una actitud de voz suave y discreta hacia AMLO, y fueron capaces de evitar grandes o dramáticas peleas diplomáticas", considera Vanda Felbab-Brown, especialista del centro de investigación Brookings Institution.

"Creo que todos en la Administración Biden entendieron que la Administración de López Obrador iba a ser un desafío, tuvieron varias alertas tempranas".

La investigadora agrega a estas "advertencias" la crisis por la detención y posterior liberación en EU del ex secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos.

Hay diálogo

Ante una relación que se avistaba difícil, la Administración Biden ha acertado al retomar los diálogos de alto nivel en seguridad y economía, así como la Cumbre de Líderes de América del Norte, coinciden especialistas consultados por REFORMA.

El 9 de septiembre, una comitiva encabezada por el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y la Secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, viajó a Washington D.C. para participar en el Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN) que el Gobierno demócrata decidió retomar luego de cinco años suspendido unilateralmente por el ex Mandatario Donald Trump.

La Vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, encabezó la delegación anfitriona, de la que también formaron parte el Embajador, Ken Salazar; Juan S. González, director senior para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional; y Ricardo Zúñiga, secretario adjunto en la Casa Blanca, entre otros funcionarios.

Un mes después, el 8 de octubre, tuvo lugar en la Ciudad de México el Diálogo de Alto Nivel en Seguridad, para el cual viajaron al País Antony Blinken, Secretario de Estado de EU; Alejandro Mayorkas, Secretario de Seguridad Nacional; Merrick Garland, Fiscal General; Brian Nichols, subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, y Juan S. González.

En este último encuentro se avaló el "Entendimiento Bicentenario", un nuevo esquema conjunto de combate al crimen organizado que sustituye a la Iniciativa Mérida, y el cual, consideran los expertos, es una señal de que la relación se mueve en la dirección correcta.

"En términos del proceso, la Administración Biden ha tenido éxito y la relación se está moviendo en una dirección mucho mejor que a principios de año", apunta Felbab-Brown.

"Creo que nos encontramos en una situación en la que la esencia de la relación ha sido un desafío enorme, de manera más significativa en cuestiones de seguridad, medio ambiente y energía, pero ahora ha habido una serie de reuniones de alto nivel reiniciadas, y documentos como el 'Entendimiento Bicentenario', así que, al menos, el diálogo está comenzando".

De acuerdo con la investigadora, estas conversaciones podrían sentar las bases para que, con el tiempo, se puedan abordar los problemas que son sustancialmente difíciles, no solo en aspectos de seguridad sino en medio ambiente y energía.

Michael Shifter, presidente del think tank Diálogo Interamericano, recuerda que, a diferencia de la relación que López Obrador sostenía con Trump, el Presidente demócrata amplió la agenda con México.

"A Biden le interesa el cambio climático, la democracia, los derechos humanos, que son temas en los que López Obrador prefiere que no se metan", apunta.

"Yo anticipaba una relación más diversa (que la que hubo con Trump) y con algunos puntos de tensión, que es donde estamos, pero sí creo que los diálogos de alto nivel, la Cumbre de los Tres Amigos, han moderado la relación y han podido evitar un deterioro, y un enfrentamiento entre ambos países, pero sin duda las tensiones están ahí, y los desacuerdos están ahí", señala.

Un aliado valioso

Biden ha buscado que la relación bilateral no empeore, dice Michael Shifter, está consciente de que necesita a México.

Estados Unidos tendrá elecciones de medio término el 8 de noviembre de 2022, y estarán en juego los 435 asientos de la Cámara de Representantes y 34 del Senado (aproximadamente una tercera parte).

Ambos espacios están controlados por los demócratas apenas por un estrecho margen frente a los republicanos.

El tema de la crisis migratoria en su primer año de Gobierno representa para Biden, según Shifter, una gran vulnerabilidad.

"López Obrador, la verdad, es que tiene mucha palanca en esta relación bilateral, y va a tener más palanca a medida que se acercan las elecciones de medio término en noviembre, porque ahí está en juego el control demócrata, y nuevamente el tema migratorio es muy importante", pondera.

"Si los republicanos retoman el Congreso, la agenda de Biden no puede avanzar, sería una parálisis total".

De ahí que, considera el especialista, la Administración Biden no haya tomado una dura actitud en el tema de la reforma eléctrica de López Obrador, pese a las advertencias tanto de republicanos como de demócratas de que perjudica a las empresas estadounidenses, y de que México incluso podría estar incumpliendo con el T-MEC.

"No creo que van a presionar mucho sobre el tema de la reforma porque eso podría generar una reacción que no conviene a Biden en el tema de migración, eso puede irritar a López Obrador y no cooperar y no hacer lo que la Administración Biden quiere que haga", considera.

"López Obrador está en una posición bastante fuerte para negociar apoyo a cambio".

Las preocupaciones sobre la reforma eléctrica, sin embargo, persisten.

Luego que el 3 de noviembre un grupo de congresistas estadounidenses expresará en una carta su preocupación, y el Embajador Salazar hiciera lo mismo en una visita al Palacio Nacional, legisladores de Morena, el PT y el Partido Verde -el bloque mayoritario en San Lázaro- decidieron aplazar para abril de 2022 el dictamen de la reforma.

Semanas más tarde, López Obrador viajó a Washington para reunirse en la Cumbre de los Tres Amigos con Biden y el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, donde el mexicano aprovechó para explicar sus reformas.

"No estoy seguro si la explicación que dio aquí convenció a la gente de que realmente no hay nada de qué preocuparse, yo creo que sigue habiendo un alto nivel de preocupación de muchos sectores en torno a las emisiones de carbono, el cambio climático, y, obviamente, el sector privado también está muy preocupado", indica el también profesor de estudios latinoamericanos en la Universidad de Georgetown.

Diferencias fundamentales

Las diferencias entre el Gobierno de Biden y el de López Obrador han quedado también expuestas en el tema de política exterior.

Si bien, a decir de Felbab-Brown, éstas no han resultado tan "irritantes" como los desacuerdos en seguridad y energía, tampoco han sido de ayuda.

En septiembre pasado, López Obrador recibió a los Presidentes de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y de Venezuela, Nicolás Maduro. Ambos Mandatarios, conocidos antagonistas de Washington, participaron no sólo en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) -de la que México fue sede-, sino en los festejos por el Día de la Independencia.

Díaz-Canel, objeto de un fuerte reclamo internacional por la represión a las protestas de opositores cubanos el 11 de julio pasado, fue orador principal en la ceremonia del 16 de septiembre, y Maduro, a quien Estados Unidos acusa de narcoterrorismo y por quien ofrece una recompensa de 15 millones de dólares, fue recibido por el Canciller Marcelo Ebrard para una cena que ofreció el Presidente en Palacio Nacional.

"López Obrador fue una de las personas que ayudó a romper el consenso internacional, al menos dentro de América Latina, contra el régimen de Maduro, incluso antes de (que asumiera) Biden, y eso causó un profundo disgusto en Washington", explica la investigadora del Brookings Institution.

"Las políticas han estado claramente en desacuerdo... está la impresión de que López Obrador trata de posicionarse como una especie de populista latinoamericano, no solo a nivel nacional, sino en la agenda de política exterior, y eso definitivamente no se ha visto útil".

Por su parte, Shifter descarta que las diferencias en torno a Cuba pongan en riesgo la relación bilateral, pues no sólo López Obrador, sino muchos líderes tienen una posición bastante fuerte sobre el tema.

Más allá de eso, es en Centroamérica donde las estrategias de cada Gobierno para frenar los flujos históricos de migración parecen no hallar un terreno en común.

Ambos coinciden en la necesidad de atender las causas del fenómeno, las diferencias se asoman en el cómo.

López Obrador ha insistido en más de una ocasión en recibir financiamiento de parte de Washington para expandir al Triángulo Norte de Centroamérica su programa de reforestación Sembrando Vida.

"Desde que estamos nosotros, primero, había el compromiso de que iban a invertir 4 mil millones (de dólares): 2 mil para Centroamérica y 2 mil para México (...) no ha llegado nada. Entonces, ya basta de discurso, ya hace falta la acción", reclamó el Presidente mexicano el pasado 22 de septiembre.

En respuesta a una carta que el tabasqueño envió a Washington ese mismo mes, el Ejecutivo estadounidense informó que ha proporcionado más de 600 millones de dólares en asistencia internacional a El Salvador, Guatemala y Honduras, al tiempo que solicitó al Congreso 861 millones de dólares adicionales.

Ambos Gobiernos reconocen que la región necesita inversión, el desacuerdo está en a qué destinarla.

La Administración Biden ha sido muy enfática en que requiere rendición de cuentas, inclusión y combate a la corrupción, y ha dicho que el dinero no se se transferirá a los Gobiernos sino directamente a las organizaciones civiles, y eso, señala Felbab-Brown, no es algo que el Mandatario mexicano quiera.

"López Obrador ha atacado en México a las organizaciones civiles, y ha intentado que Estados Unidos les deje de dar asistencia económica", recuerda.

A él, no le interesa cómo manejen los Gobiernos centroamericanos el financiamiento que se les pudiera dar, agrega. Su objetivo está claramente fijado en crecer sus programas sociales.

"En la práctica hay diferencias fundamentales entre lo que Washington quiere y lo que López Obrador quiere: inversiones que son consideradas problemáticas, por ejemplo su campaña de sembrar árboles que, en mi opinión, está terriblemente administrada, es realmente problemática y, de hecho, fomenta la deforestación. No es una buena manera de abordar la política ambiental o económica, tampoco en Centroamérica ", sostiene la investigadora.

Shifter recalca por su parte que al Presidente mexicano le interesa que se abran más visas temporales o caminos para que los migrantes viajen legalmente a Estados Unidos, y es ahí donde se genera cierta tensión.

"López Obrador está un poco frustrado que no han avanzado mucho en esa materia, y luego tiene el tema de 'Quédate en México', que es un tema muy importante, y creo que López Obrador su actitud es más bien que está dispuesto a cooperar, y a apoyar la agenda de Biden pero a cambio de un apoyo significativo económico para el desarrollo", consideró.

Un ejemplo de este "gana y gana", justamente, tuvo lugar a principios de este mes.

El miércoles 1, el mismo día que los Gobiernos de Estados Unidos y México oficializaron el arranque del programa "Sembrando Oportunidades" para impulsar de manera conjunta el desarrollo en Centroamérica y atender las causas fundamentales de la migración, The Washington Post reveló que el Gobierno mexicano accedió a reanudar el polémico programa que obligó a 70 mil migrantes a esperar en el País sus audiencias de solicitud de asilo en condiciones altamente vulnerables y de riesgo.

A decir de Felbab-Brown, la Administración de López Obrador piensa que tiene a la Administración Biden como rehén debido al tema migratorio, y es algo que Washington no debería permitir al posicionarse firme en otros temas que son de su interés.

Si bien, los diálogos de alto nivel han sido un acierto, aún quedan "desafíos masivos", advierte.

"No hemos visto una mejoría en términos sustentables, sólo en muy pequeños pasos, el último de ellos, en la relación de seguridad, por ejemplo, que, finalmente, se hayan emitido las visas para los agentes de la DEA", apunta.

"Queda por ver qué tan bien resulta el 'Entendimiento Bicentenario' en seguridad, si se colabora de manera significativa y se demanda y posibilita que México combata la corrupción, impulse una reforma policial, y se enfrente a los grupos criminales, o si queda como: 'tú haces lo que puedas en tu lado (de la frontera)'".