Internacional

'Caro Quintero temblaba como un pescado'

Rememora policía costarricense

Reforma

sábado, 16 julio 2022 | 18:30

“Temblaba como un pescado”, decía Miguel, un fornido vigilante costarricense al rememorar aquel viernes 4 de abril de 1985, el día que detuvo a Rafael Caro Quintero en un rancho de Alajuela, Costa Rica.

Miguel meneaba las manos para referir la escena que le tocó ver. Rafael Caro Quintero desnudo, acurrucado, asustado. El comando al que pertenecía el policía costarricense había sido entrenado por el Mosaad en

Israel. Estaba destacado en operaciones especiales.

El viernes 4 de abril de 1985 fue el día. “Esperamos a que dieran las seis de la mañana, que clareara. Habíamos estudiado toda la finca, sus entradas, sus salidas, las posiciones de las personas que protegían a Caro Quintero”.

El rancho estaba ubicado en San Rafael de Ojo de Agua, en Alajuela, a unos kilómetros del Aeropuerto Internacional de San José. Una extensión enorme, recordaba el policía, con miles de cabezas de ganado. Había hasta una parroquia y habilitada una pista aérea. Entonces Miguel tenía sólo 20 años de edad, pero ya era un policía de élite.

“Entramos. Hubo disparos pero no heridos, ni muertos”, recordaba. A Caro lo despertó el escándalo. Estaba en un cuarto lejano.

“Era un cuarto aislado de toda la finca. Hasta el fondo. Tumbamos la puerta y entramos. Ahí estaba, con Sara Cossío, los dos desnudos, abrazados”.

Sara Cossío era una menor de edad, de 17 años, sobrina de Guillermo Cossío Vidaurri, un político priista que entonces se desempeñaba como secretario de Gobierno de la regencia capitalina que encabezaba Ramón Aguirre.

Se decía que Caro había secuestrado a Sara. Pero ella explicó que había huido con el poderoso narcotraficante por su propia voluntad. Justo una llamada de ella desde el rancho de San José fue clave para la captura.

Desde allá llamó a su familia para decirles que estaba bien y muy cuidada. Que había sido su propia decisión irse con el capo.

La llamada fue interceptada por agentes estadounidenses y pronto dieron con el punto. 

El comando policiaco tenía controlado el rancho. Entró hasta la alcoba de Rafael y Sara. Tras ser descubiertos, Caro brincó para un lado y Sara a otro. Los dos desnudos.

“Caro Quintero corrió a esconderse debajo del lavabo del baño.

Ahí lo agarramos. Temblaba como un pescado”, describía Miguel, quien 15 años después de aquella operación terminó como jefe de escoltas del entonces presidente de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez, un político que acabó defenestrado y en la cárcel, acusado de haber recibido sobornos de la empresa francesa Alcatel.

Fornido, de estatura mediana, Miguel sabía de la importancia de Caro Quintero. Le habían advertido del peligro de la operación. Y también que no podían errar en el intento. Estaba seguro de que lo capturarían e iba preparado para un combate pleno. A Caro lo sacó del baño, balbuceante, tembloroso.