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Crónica, como migrantes enfrentan una odisea nocturna

A bordo de lanchas inflables pasan decenas de personas que al pisar EU se topan con agentes fronterizos y un largo proceso para solicitar asilo

Excélsior

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domingo, 25 abril 2021 | 08:46

Texas.- Poco después del atardecer, hay señales de vida en una ribera aislada en las afueras de la ciudad fronteriza de Roma, Texas. En la orilla mexicana del río Bravo, unas luces que parpadean aparecen entre los árboles por un momento y luego desaparecen.

Hay un sonido de voces ahogadas; el bombeo de aire en un bote inflable, un suave chapoteo cuando llega al agua. Los “coyotes”, contrabandistas a los que se les paga para transportar a los migrantes a través de la frontera, silban y llaman hacia el lado estadunidense del río: “¿Quién está ahí?”.

La semana pasada, un policía estatal de Texas ponchó un bote inflable con una navaja cuando se acercaba a la orilla.

Los coyotes están nerviosos. El primer grupo de migrantes está listo para cruzar, se alcanzan a ver un momento a la luz de las linternas de los traficantes cuando salen de los árboles hacia la orilla del río. Se oye un chapoteo de remos y el bote se adentra en la rápida corriente. Después de unos minutos, el coyote líder salta del bote al agua, que le llega al cuello, y lo guía hacia algunas rocas en el lado estadunidense donde los migrantes pueden desembarcar.

Algunas noches, los pastores de una iglesia local esperan para ayudar a los migrantes a bajar de los botes, agarran a los niños pequeños y los colocan con cuidado en rocas planas donde no pueden caer al agua. Otras noches, los migrantes que desembarcan están rodeados de fotógrafos de prensa y equipos de televisión.

Los grupos de migrantes varían, aunque casi todos son familias jóvenes o adolescentes hombres sin acompañantes. La mayoría desembarca rápidamente sin hacer ruido y se detiene brevemente para enviar un mensaje de texto a los miembros de su familia para avisarles que lo lograron. Se arrancan las pulseras de plástico que los contrabandistas les ponen en las muñecas para certificar el pago. Otros se arrodillan para orar y agradecer por el final seguro de su viaje. Luego, caminan casi un kilómetro y medio por un camino sinuoso hasta la carretera principal, donde los agentes de la Patrulla Fronteriza los esperan.

La mayoría decide entregarse

En los últimos días han venido desde El Salvador, Guatemala, Honduras y, en el caso de unos pocos, Ecuador.

Varios migrantes dijeron que el viaje tomó alrededor de un mes desde que salieron de sus casas hasta que llegaron a Estados Unidos.

Aunque hay un aumento anual de migrantes en la primavera, este año ha visto el mayor número en al menos 15 años: más de 172 mil en marzo, incluidos 18 mil 700 niños y adolescentes sin acompañante, de acuerdo con los datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EU.

La mayoría de las noches, Luis Silva, un pastor del Bethel Mission Outreach Center, que lleva una pistola en el cinturón, recoge a los migrantes y los escolta hasta los agentes de la Patrulla Fronteriza, quienes han establecido un área de procesamiento improvisada en un vecindario indefinido cerca de la cima de una colina. Allí los migrantes se entregan. Con frecuencia hay cientos de personas cada noche cruzando el tramo estrecho del río, y procesarlos toma la mayor parte de la noche.

Los menores sin acompañante y los hombres solteros son separados de los grupos de familias. Es probable que los solteros sean deportados de inmediato; en la mayoría de los casos, los menores sin acompañante tendrán permitido quedarse.

Grupos de migrantes caen exhaustos al suelo, esperando su turno para ser procesados. Los niños se quedan dormidos y los adultos se acurrucan unos junto a otros. Algunos tosen continuamente, una posible señal de covid-19. Los agentes de la Patrulla Fronteriza, con mascarillas N95, hablan en un español cortés, pero autoritario, mientras reparten bolsas de plástico para que los migrantes entreguen sus objetos de valor para su custodia.

Dado que se espera que la llegada de migrantes aumente en las próximas semanas, y con las instalaciones para migrantes de Estados Unidos ya abarrotadas más allá de su capacidad, esas dudas parecen un elemento del futuro inmediato.