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Exhibe Texas debilidad de EU ante cambio climático

Crisis por clima gélido en Texas ha evidenciado las vulnerabilidades de infraestructura envejecida de EU ante peligro de cambio climático

Reforma
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domingo, 21 febrero 2021 | 18:39

Texas.- Mientras Texas luchaba por restaurar la electricidad y el agua a lo largo de la semana pasada, en Estados Unidos aparecían señales de los riesgos que presenta un clima cada vez más extremo para la infraestructura envejecida del país. 

Las tormentas invernales que se extendieron por gran parte del país provocaron apagones en Texas, Oklahoma, Mississippi y otros estados. Un tercio de la producción del petróleo del país se detuvo. Los sistemas de agua potable en Ohio quedaron fuera de servicio. Las redes de carreteras en todo el país se paralizaron y se interrumpió la campaña de vacunación en 20 estados.

  La crisis trae consigo una profunda advertencia. A medida que el cambio climático trae tormentas, inundaciones, olas de calor, incendios forestales y otros eventos extremos de manera más frecuente e intensa, está ejerciendo una presión creciente sobre los cimientos de la economía del país: la red de carreteras y ferrocarriles, sistemas de agua potable, plantas de energía eléctrica e incluso en viviendas. Las fallas en un sector pueden desencadenar un efecto dominó de más fallas difíciles de predecir.

  Gran parte de esta infraestructura se construyó hace décadas, bajo la idea de que el entorno que la rodea se mantenga estable o que al menos fluctúe dentro de límites predecibles. Pero el cambio climático está poniendo a prueba esa suposición.

  "Estamos chocando con un futuro de extremos", dijo Alice Hill, quien supervisó la planificación de los riesgos climáticos en el Consejo de Seguridad Nacional durante el Gobierno del presidente Barack Obama.

  "Basamos todas nuestras decisiones sobre la gestión de riesgos en lo que ocurrió en el pasado, y eso ya no es una guía segura".

  Si bien no siempre es posible decir con precisión cómo el calentamiento global influyó en una tormenta en particular, dijeron los científicos, un aumento general del clima extremo crea nuevos riesgos radicales.

  Los sistemas de alcantarillas se desbordan con mayor frecuencia a medida que las tormentas exceden su capacidad. Se están derrumbando las casas y carreteras costeras a medida que se erosionan los acantilados. Residuos tóxicos de plantas de quema de carbón se están derramando en los ríos, mientras que las inundaciones superan las barreras destinadas a frenar el desborde. Los hogares que alguna vez estuvieron fuera del alcance de los incendios forestales están ahora ardiendo en llamas.

  A menudo, problemas como estos reflejan una inclinación de los gobiernos a gastar la menor cantidad de dinero posible, dijo Shalini Vajjhala, una ex funcionaria de la Administración Obama que ahora asesora a las ciudades sobre cómo enfrentar las amenazas climáticas. Dijo que es difícil persuadir a los contribuyentes de que gasten dinero extra para protegerse de desastres que parecen poco probables.

  Pero el cambio climático trastorna esa lógica, haciendo que la inacción sea mucho más costosa. "El argumento que yo haría es que no podemos permitirnos no hacerlo, porque estamos absorbiendo los costos", dijo Vajjhala. "Estamos gastando mal".

 La Administración de Biden ha hablado mucho sobre el cambio climático, y particularmente sobre la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y crear empleos en energías renovables. Pero ha pasado menos tiempo discutiendo cómo gestionar los crecientes efectos del cambio climático, enfrentando críticas de expertos por no nombrar a más personas para trabajar en la resiliencia climática.

  "Estoy extremadamente preocupada por la falta de experiencia en manejo de emergencias reflejada en el equipo climático de Biden", dijo Samantha Montano, profesora asistente en la Academia Marítima de Massachusetts que se enfoca en la política de desastres. "Hay una urgencia aquí que todavía no se refleja".

 Un portavoz de la Casa Blanca, Vedant Patel, dijo en un comunicado: "La construcción de infraestructura resistente y sostenible que pueda resistir el clima extremo y un clima cambiante jugará un papel integral en la creación de millones de empleos sindicales bien pagados" al tiempo que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.

 Y aunque el Presidente Joe Biden ha hecho un llamado para renovar y mejorar la infraestructura del país, lograr que un Congreso estrechamente dividido gaste cientos de miles de millones, si no es que billones, de dólares será un gran desafío.

 Aumentando el costo para la sociedad, las disrupciones pueden afectar desproporcionadamente a los hogares de bajos recursos y a otros grupos vulnerables, como las personas mayores o las que tienen un inglés limitado.

  "Todos estos temas están convergiendo", explicó Robert Bullard, profesor de la Universidad del Sur de Texas, quien estudia la riqueza y las disparidades raciales relacionadas con el ambiente. "Y simplemente no hay lugar en este país que no tenga que lidiar con el cambio climático".

 Muchas formas de crisis del agua

  En septiembre, una tormenta repentina arrojó más de 5 centímetros de agua en Washington en menos de 75 minutos. El resultado no sólo fue una inundación generalizada, sino que provocó que las aguas residuales se precipitaran hacia cientos de hogares.

  Washington, como muchas otras ciudades del noreste y el medio oeste, tiene un sistema desbordamiento de alcantarillado combinado. Esto significa que si la lluvia abruma los desagües pluviales de las calles, éstos están diseñados para desbordarse en las tuberías que llevan las aguas negras. Pero si hay demasiada presión, las aguas residuales pueden ser empujadas de regreso hacia los hogares de las personas, y la fuerza a presión puede hacer que estas aguas negras hagan erupción en los inodoros y coladeras de regaderas.

  Eso es lo que pasó en Washington. El sistema de la ciudad se construyó a finales del siglo 19. Ahora el cambio climático está poniendo a prueba un diseño ya obsoleto.

 DC Water, la empresa de servicios públicos local, está gastando miles de millones de dólares para que el sistema pueda contener más aguas negras. "Estamos en terreno desconocido", dijo Vincent Morris, un portavoz de la empresa.

 En mayo pasado, las inundaciones provocadas por la lluvia rompieron dos presas en el centro de Michigan, lo que obligó a miles de residentes a huir de sus hogares y amenazó un complejo químico y un sitio de limpieza de desechos tóxicos. Los expertos advirtieron que era poco probable que fuera la última falla de este tipo.

 Muchas de las 90 mil represas del país se construyeron hace décadas y ya necesitaban urgentemente reparaciones. Ahora el cambio climático representa una amenaza adicional, trayendo tormentas más fuertes y aumentando las probabilidades de que algunas presas puedan resultar abrumadas por más agua de la que fueron diseñadas para manejar.

  Construido para un futuro diferente

  Los apagones en Texas expusieron la mala planificación del estado, pero también trajeron una advertencia para todo Estados Unidos: el cambio climático amenaza prácticamente todos los aspectos de las redes de energía eléctrica, pues no están diseñadas para manejar un clima extremo. Las vulnerabilidades se manifiestan en líneas eléctricas, plantas de gas natural, reactores nucleares y otros sistemas.

  Las marejadas ciclónicas más altas pueden destruir la infraestructura eléctrica de las costas. Las sequías pueden reducir el suministro de agua para las presas hidroeléctricas. Las severas olas de calor pueden mermar la eficacia de los generadores de combustibles fósiles, las líneas de transmisión e incluso los paneles solares.

  Las arterias de la nación en peligro 

 El colapso de una parte de la Carretera 1 de California en el Océano Pacífico a causa de las fuertes lluvias del mes pasado sirvió como recordatorio de la fragilidad de las carreteras del país.

 Varios riesgos climáticos han convergido para aumentar el peligro. El aumento del nivel del mar y las marejadas ciclónicas han intensificado la erosión costera, mientras que los episodios más extremos de precipitaciones han aumentado el riesgo de deslizamientos de tierra.

 A eso se pueden agregar los incendios forestales, que pueden dañar la vegetación que mantiene el suelo de las laderas en su lugar.

  Estados Unidos depende de las carreteras, ferrocarriles y puentes como arterias económicas para el comercio, los viajes y simplemente para ir al trabajo. Pero muchas de las conexiones más importantes del país enfrentan crecientes amenazas climáticas. Casi 100 mil kilómetros de carreteras y puentes en las llanuras aluviales costeras ya son vulnerables a tormentas extremas y huracanes, según muestran las estimaciones del Gobierno. Y las inundaciones tierra adentro también podrían amenazar al menos 2 mil 500 puentes en todo el país para 2050, advirtió un informe climático federal en 2018.