Internacional

¿Por qué estamos perdiendo la batalla con el Covid-19?

Los historiadores dicen que a los estadounidenses no les gusta que les digan lo que tienen que hacer

The New York Times

The New York Times

martes, 14 julio 2020 | 18:45

En los primeros días de mayo, Umair Shah, director del Departamento de Salud Pública del Condado Harris, se sentía esperanzado. Al parecer su condado podría tener éxito controlando la pandemia del coronavirus.

El número de nuevos casos diarios se desplomó a un promedio de unos 50 desde el pico de 239 a principios de abril y se mantenía constante. El virus no había desaparecido, pero tampoco se estaba propagando tan rápido.

Ese estancamiento no fue un logro pequeño, por una razón, el Condado Harris abarca mil 800 millas cuadradas en la parte sureste del estado. La región incluye dos aeropuertos internacionales, cuatro puertos marítimos internacionales y la ciudad de Houston.

El primer caso fue confirmado a principios de marzo, más o menos al mismo tiempo que surgió el virus en Nueva York, los creadores de modelos de la enfermedad inicialmente se encontraban preocupados de que los hospitales y morgues del condado quedaran abarrotados --- justo como sucedió eventualmente en la Ciudad de Nueva York.

Hay otra razón, el trabajo en sí fue agotador.  A principios de mayo, el staff de Shah había acumulado 16 horas diarias de trabajo, seis o siete días a la semana durante dos meses. Se le dieron seguimiento a los contactos, los científicos procesaron mucha información, los ingenieros en computación hicieron mejoras tecnológicas, etc.

Shah estaba impresionado de lo que pudieron lograr: un mes de estancamiento de la pandemia del siglo. Pero también sabía que el éxito era frágil, y no le sorprendió cuando empezó a evaporarse a mediados de junio. La gente y oficiales de Texas estaban divididos sobre cómo equilibrar la salud pública y la libertad.

Como resultado de eso, la reapertura del estado ha estado pésimamente coordinada y ahora, después de un mes y medio, los casos se incrementaron y las unidades de cuidados intensivos sufrieron una arremetida.

Los historiadores dicen que a los estadounidenses no les gusta que les digan lo que tienen que hacer. Queremos que nos protejan de las enfermedades infecciosas, del agua sucia para beber, de los malos alimentos, de los hombres armados que provocan tiroteos , pero no de una manera que frene nuestra libertad.