Internacional

Vivir sin luz en Venezuela

Aunque los apagones no son raros en Venezuela, la extensión de los más recientes ha obligado a millones de habitantes a cambiar sus rutinas

Reforma
lunes, 15 abril 2019 | 10:26

Venezuela.- Los largos apagones de las últimas semanas en Venezuela, en medio del caos que ya sufren por la crisis inflacionaria y de escasez, han llevado a la población a una situación límite.
Mientras las autoridades culpan a Estados Unidos y a los antichavistas de sabotajes coordinados, la Oposición señala el mal estado de la infraestructura en el país. El Gobierno ha anunciado un plan de racionamiento, sin embargo el más reciente apagón ocurrió el 10 de abril.
Así se vive en Venezuela sin electricidad.

Días de caos

Lo más rápido en colapsar cada que hay un apagón en Caracas es el servicio de transporte público, debido a la interrupción del metro. Debido a ello, son comunes las escenas de autobuses atestados, largas filas, y gente caminando a sus hogares durante la tarde.

Pero tras el primer gran apagón en el país, lo que se vivió fueron escenas de caos, especialmente en Maracaibo, donde ante las altas temperaturas muchos dependen del aire acondicionado para hacer su vida normal.

Después de horas de apagón, varios negocios fueron saqueados y muchos de ellos incendiados. Las hogueras, según reportes periodísticos, fueron encendidas para que la gente pudiera ver mientras saqueaba las tiendas.

“Se llevaron todo: las computadoras, el tanque del agua, los cables. Fue espantoso ver cómo quedó. Solo dejaron estantes vacíos, muebles y lámparas, el resto se lo robaron”Finol, dueña de una Farmacia, en entrevista con El País


Los disturbios en Maracaibo se tranquilizaron en días posteriores, pero el caos se replicó en los hospitales donde las personas heridas no paraban de llegar para ser atendidas por heridas de armas.
Y es que los hospitales fueron de los que más resintieron la falta de electricidad, pues a pesar de la presencia de generadores, se volvió casi imposible atender emergencias, realizar operaciones o mantener encendidas máquinas y refrigeradores.

Tenemos hospitales con salas de operaciones en las que el 80 por ciento no funcionan, los equipos médicos no funcionan”.Mauro Zambrano, representante del sindicato de hospitales y clínicas de Caracas en entrevista con CNN

Durante la primera crisis eléctrica, de unas 100 horas de duración, murieron al menos una veintena de personas, según organizaciones próximas a la Oposición, principalmente en centros que se quedaron sin suministro. 

Días de silencio

Ante los apagones severos, el Gobierno decretó algunos días de contingencia: sin servicio de metro, sin actividades escolares ni académicas, sin centros comerciales, y sin trabajo en la administración pública. Sin autobuses y con muy pocas tiendas abiertas. Los semáforos tenían un funcionamiento intermitente.

El volumen de automóviles de la capital venezolana en un día sin actividades es similar al de un primero de enero, con un nivel de conectividad un 87 por ciento inferior a lo habitual cualquier otro día de diario, según los datos de la Oposición. 

La mayoría de las tiendas y comercios cierran sus puertas mientras no hay electricidad. Otras lo hacen, aún sin el servicio, esperando su regreso en el transcurso del día.

Pero los apagones suspenden los pagos electrónicos, el medio de pago por excelencia en un país que vive bajo una situación de continua hiperinflación. Algunos negocios atienden los pedidos de los vecinos que se comprometen personalmente a pagar la compra con una transferencia bancaria al regresar a sus casas.

Algunos venezolanos salen a buscar locales con generadores para recargar sus teléfonos, y van a las torres de telecomunicaciones para intentar tener algo de señal. Los usuarios de redes sociales aprovechan para informar el estatus del apagón de los sitios donde estaban y también para pedir algunas ayudas, como hielo para mantener en buen estado víveres y medicinas.

Tras los apagones, cuando la luz regresa, las cosas vuelven poco a poco a la normalidad. Pero a veces dura unas horas y la electricidad se va de nuevo: en las casas, testigos aseguran que se escucha un quejido general, gritos y maldiciones. Después del desahogo, regresa el silencio.

Días sin agua

La falta de luz en el país ha derivado en otra carencia: la de agua potable. Esto se debe a que el suministro depende de sistemas de bombeo que requieren de mucha electricidad.

Se han vuelto comunes las escenas de personas cargando pesadas cubetas desde un depósito cercano a sus departamentos.

Algunos recurren a costosos camiones cisternas, que cobraban entre 500 y 750 dólares para llenar el tanque de un edificio.
Y otros, incluso, han optado por una solución más radical y de largo plazo: contratar a una empresa para construir un pozo vecinal, una práctica que lleva años ocurriendo en ciudades como Maracaibo, pero se ha intensificado en las últimas semanas.
Pero no todos tienen el dinero para ello.

Muchos en Caracas han tenido que recurrir a recolectar agua del río Guaire que, según alertan especialistas, está contaminada y su consumo puede ser dañino.

Y ante las opciones que tienen los venezolanos, el desabasto de agua podría ser más peligroso a largo plazo.

Más que la falta de electricidad, la limitación al acceso del agua es lo que puede convertir esto en una catástrofe sanitaria en breve".Susana Raffalli,, nutricionista y consultora de la Fundación Cáritas.