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Acentuada bestialidad a la inversa

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Froilán Meza Rivera

miércoles, 09 noviembre 2022 | 05:00

Una amiga que admiro casi en secreto por su inteligencia y su belleza, su imaginación y su sensualidad, dedicada con pasión a la biología, me hizo leer esta historia extraña que encontró en una revista científica del siglo pasado. El científico que la escribió está convencido de que unos cangrejos muy peculiares, de anatomía y aspecto prehistóricos, llamados cangrejos herradura, sedujeron instintivamente a un hombre para continuar su evolución usándolo. Un amor interesado y, por lo visto, no imposible.

El relato lo hace el escritor Alberto Ruy Sánchez. Me permití rescatar en esta ocasión esta peculiar historia en beneficio de los lectores, y para que este relato lo conozcan nuestros albañiles, mecánicos, comerciantes, amas de casa, obreros, estudiantes y todos quienes nos hacen el favor de leernos.

Dice Ruy Sánchez que “Entre las cosas más extrañas que he podido ver en este mundo se encuentra la que quiero contar ahora. Es una historia verdadera, aunque no lo parezca. Y como es también una historia de amor, hay una fuerte dosis de belleza en ella”.

Pero de belleza y de horror. Es decir, de intensa fascinación convulsiva: ¿Quién podría haber pensado que un hombre se iba a enamorar de un cangrejo? Ni los escritores más osados hubieran imaginado esta aventura erótica y espiritual tan llena de contratiempos naturales. Más difícil de haber imaginado además de que el cangrejo herradura ni siquiera es un verdadero cangrejo, sino una forma animal de difícil clasificación, muy cercana a las arañas, pero más a los mitos y a las quimeras de la literatura antigua.

”La orilla del mar, aquella tarde prolongada de junio, está llena de viento y luz. Un hombre solo camina sobre la arena. Pero su soledad está poblada por todo lo que hierve en su cabeza.

“Y dicen que algunas personas extremadamente sensibles son capaces de oler ese estado de fermentación en una persona, de la misma manera que ciertos animales huelen cuando una hembra de su especie está embarazada o está en celo”.

Pero a este hombre algo lo acecha...

“Las miradas, o sensores, que escondidos perciben al artista desde la orilla turbia del agua pertenecen a este extraño animal que tiene cinco pares de algo parecido a ojos en cada uno de sus cuerpos, con funciones distintas. Y son cientos o miles de cangrejos los que parecen esperar una señal para salir del agua.

”Imaginemos entonces a este artista en la playa desbordando por todos sus poros un tipo especial de feromonas creativas que, por alguna razón más o menos desconocida, enloquece de inmediato a todos los miles de Limulus bajo el agua y los obliga a salir para llamar su atención y seducirlo. Y lo logran. Los cangrejos herradura producen un espectáculo que es como un canto de sirenas al que no podrá ya nunca escapar este artista.

”Entonces, miles de ellos salieron del agua ofreciéndose en espectáculo al artista feromónico, al que seducían de una manera absolutamente exhibicionista: haciendo el amor ante sus ojos humanos, demasiado humanos.

“La luna llena parece ser señal de emergencia amorosa para algunas especies. La luna y por lo tanto la marea. Los “cangrejos” herradura son especialmente sensibles a la luna llena de primavera que llega una sola vez en el año. La más alta marea la acompaña: con ella pueden depositar sus huevos en un lugar alto de la playa. Y el mismo magnetismo que reina entre los planetas y mueve el agua del mar, ejerce sobre las partes líquidas del cuerpo humano un despertar callado, un ascenso del nivel de flotación de sus deseos. La luna llama a la sangre animal que nos habita. La levanta hacia el cielo y la hace casi aullar acelerando sus latidos.

”Por algunos instantes, una ola de semen de cangrejo herradura cubre las playas del Atlántico americano esa noche y huele de manera peculiar desde Nueva Escocia hasta Yucatán: es la noche de los cangrejos.

“Mirando y siendo mirado, el cangrejo herradura hace el amor con los de su especie. “Pero al mismo tiempo hace una amplia danza del amor con las otras especies que podamos verlo... El Limulus polyphemo (nombre científico de esta especie) sería entonces bígamo con el hombre, practicante discreto de una acentuada bestialidad a la inversa”.