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Afición maldita: Primera Parte

Las consecuencias de haber hecho enojar a un espíritu al que se invocó irresponsablemente, fueron el despoblamiento de un sector del pueblito

Froilán Meza Rivera

lunes, 16 enero 2023 | 05:00

Salaices- Esta es una historia real que le sucedió a toda una familia y a sus vecinos y que tuvo como testigos incluso a personas que pasaban por el lugar donde todo esto aconteció.

Las consecuencias de haber hecho enojar a un espíritu al que se invocó irresponsablemente, fueron el despoblamiento de un sector del pueblito de Salaices, y un terror que marcó a esta gente de por vida.

Hace cosa de un año, el mecánico que tiene su casa y su taller enseguida de la Secundaria Técnica número 4 en Salaices, municipio de López, solía jugar con su esposa, y a veces con su ayudante, al juego de consultar los espíritus por medio de la tabla Ouija.

Fue en un viaje que hizo a Camargo, cuando el mecánico vio el objeto en una tienda de regalos. Cuenta don Pedro López, que él nunca antes había tenido en sus manos un juguete de éstos, pero que en esa ocasión "se me fueron los ojos con los dibujitos que había en el estuche y que me recordaron un juego de mesa que tuve en mi niñez, que se jugaba con dados y con pirinolitas de ésas como matatenas".

Pedro, pues, compró la Ouija, y sin darse cuenta en ese momento de lo que estaba llevando, ya de vuelta en el pueblo la presentó ante sus hijos y su mujer como un regalo: "Miren nomás lo que les traje de Camargo, para que luego no digan que no me acuerdo de ustedes".

La mujer, recelosa porque ella sí había escuchado que la tabla era para comunicarse con los muertos, pasados unos días se incluyó también con entusiasmo a las partidas en las que se embarcaba toda la familia por las tardes.

Alegremente, aquellas gentes sencillas preguntaban todo tipo de cosas a la Ouija, como si se tratara de una persona.

En la primera sesión empezaron con "¿cuántos años tengo?", a lo que el puntero contestó recorriendo las letras una por una: "siete".

"¿Me voy a casar?" -cuestionó la hija quinceañera. Con la presión de cuatro dedos, el puntero recorrió rápidamente la distancia de donde estaba, hacia la palabra "sí".

Así transcurrían las tardes, en ausencia o en presencia del mecánico, dependiendo de si había carros para arreglar, pero incluso en caso de tener trabajo, don Pedro se daba tiempo para "jugar" un rato después de comer. "¿Cómo se llama el novio de mi hermana?"... "Nepo"... "¿Y la quiere?"... "Sí".

"¿Quién es ella que va entrando?" -se cuestionaba al llegar una visita... "prieta". En efecto, era "La Prieta", una amiga de la hija mayor.

Consciente de que se trataba de un vehículo para entrar en contacto con los muertos, doña Lupita se atrevió un día a pedir que acudiera con ellos su madre, quien tenía varios años de haber abandonado el mundo de los vivos. La difunta "vino" en efecto a contestar las preguntas de Lupita, que eran por lo demás, cosas sabidas por todos los presentes, como la fecha de su muerte, o cosas que todos imaginaban como lógicas, tal como "¿estás en el cielo o en el infierno?"... "en el cielo".

Y se abrió así una puerta que nunca pudieron ya cerrar.

ESTA HISTORIA CONTINUARÁ...