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'El virus que nos pone de rodillas'

Alertan de otra pandemia, a un año del Covid

El sábado 21 de marzo del 2020 se registró el primer caso en la capital

Juan Alanís/El Diario

Salud Ochoa/El Diario

domingo, 21 marzo 2021 | 09:30

Chihuahua.- Un moño negro colgado en la puerta de su consultorio, pequeñas cruces colocadas en diversos puntos de este y la imagen de un sagrado corazón de Jesús acompañándolo, es lo primero que se encuentra al entrar a la oficina del doctor Arturo Jáuregui Cruz, quien a un año del primer caso de COVID en la ciudad de Chihuahua, asegura que el virus no solo puso a todos de rodillas sino que sacó lo mejor y lo peor de las personas y evidenció la precariedad del sistema de salud con el que se cuenta. Pero además se espera una nueva pandemia que podría ser generada por otro coronavirus.

Ataviado con el uniforme que ha sido parte de su vida estos doce meses, Arturo Jáuregui Cruz –el primer infectólogo de Chihuahua- dice que le ha tocado trabajar largas horas durante el día y la noche, recibir decenas de mensajes y llamadas pidiendo atención, separarse de la familia para dar la batalla ante un ataque viral que no acepta tregua, vivir un año sin poder abrazar a su madre y perder amigos y compañeros en una cama de hospital. A pesar de eso se ha mantenido en el frente de batalla durante la pandemia ocasionada por el SARS-COV2. 

La lucha contra el virus ha sido a muerte y en muchos casos esta última ha ganado, dejando una estela de dolor, de frustración y lágrimas pero también de aprendizaje y de reconocimiento de que no hay “superdoctores”, simplemente seres humanos trabajando por los demás, haciendo su mejor esfuerzo a pesar del cansancio, las carencias, la ineptitud y el desinterés oficial.

Las horas de trabajo han sido muchas y pocas de descanso, poco también el tiempo para comer y menos para divertirse, lo que ha generado un desgaste creciente y cambios físicos notorios dando pie al especialista a resumir el último año como como si fueran 4 o 5 años de trabajo reunidos.

“No he comido bien, no he dormido bien, he estado psicológicamente afectado, bajamos de peso todos, tenemos muchos cambios porque el trabajo nos ha desgastado enormemente”, dice Jáuregui que por momentos se emociona hasta las lágrimas al recordar que le tocó atender al doctor Jesús Enrique Grajeda –quien fue su maestro y por el que lucharon con todo pero el destino tenía para él escrito otra cosa- o a cientos de pacientes que no pudieron ver el rostro de quien los atendía porque estaba cubierto todo el tiempo.

“La gente no nos podía ver a través de la máscara. Por eso les decía a mis compañeros que usáramos el gafete para que ellos –los pacientes- supieran cómo éramos, para que te vieran. Hay mucha gente que no te conoció, pero lamentablemente así pasan las cosas”, señala y guarda silencio, necesario a veces para enfrentar las cosas que calan hondo

Las vivencias, dice, han sido increíbles, le enseñaron que es vulnerable, que también se puede enfermar, que también corre peligro. Se encontró con el miedo, la incertidumbre de entrar o no entrar a la sala de hospital donde los pacientes enfrentaban su guerra personal contra la muerte, pero a pesar de eso no dudó en hacerlo. 

“Nunca dudé”, asegura enfático. 

La pandemia le ha obligado también a separarse un poco de la familia, dormir en un recámara aparte, bañarse 3 veces al día, usar uniformes quirúrgicos  siempre y cambiarlo 3 veces por lo menos, vestir ropa cómoda, no usar saco, corbata ni zapato de piso. Prepararse y usar ropa de trabajo.

“Hace un año que no veo a mi madre, no puedo visitarla o darle un beso porque no quiero contaminarla. Mi esposa y mis hijos saben que estoy en riesgo, ellos son muy sensibles y siempre me dicen que me cuide. La situación familiar ha sido muy dura”.

A pesar de los cambios y los sacrificios personales hechos, la contingencia sanitaria también le ha dejado enseñanzas, crecimiento profesional y la certeza de que la guerra contra el COVID no es individual. 

“Como profesional crecí mucho porque pude trabajar con compañeros hombro a hombro y la pandemia nos enseñó que no puedes hacerlo solo, no hay super doctores, el covid no es de un solo médico, es una enfermedad multisistémica, que te puede afectar pulmones, corazón, cerebro, extremidades, riñón, mucho trastorno orgánico y tenemos que trabajar en equipo. Me tocó la suerte de ser parte de un equipo y conducir -con un grupo de compañeros- lo que llamamos “equipo covid”. Éramos más de 40 médicos pero también personal de nutrición, enfermería, inhaloterapia, trabajo social, todas las especialidades de medicina. Llevar el equipo adelante es un peso muy fuerte”.

A un año de que se registrara el primer caso de COVID en la ciudad de Chihuahua, Jáuregui dice que es necesario tener claro que la enfermedad aún persiste, que las cifras van en ascenso y que no solo falta mucho por ver sino que se espera una nueva pandemia por lo que es necesario estar preparados.

“Se visualiza que hay una próxima pandemia, así se llama “la próxima pandemia”. Se habla que puede ser otro coronavirus, el virus del ébola que anda por allí suelto podría ser, no está claro. La invitación de la OMS es que nos preparemos, aprendamos, que haya estructura, inversión, que traten de comprender que esto nos tomó desprevenidos”.

El virus, agrega el entrevistado, se va a quedar por algunos años y hay que aprender a compartir y vivir con él con un ritmo y unos cuidados diferentes, especiales. Seguirán apareciendo casos, puede haber brotes, habrá reinfecciones y probablemente la situación futura de la vacuna podría ser mejor estructurada. Los contagios van en aumento porque la gente no hace caso. La gente piensa que estando vacunados ya están libres y no es así.

La historia de la pandemia no ha terminado, aún se está escribiendo.

EL ANUNCIO, LA INCREDULIDAD Y LAS CONSECUENCIAS

En septiembre de 2019 un organismo ligado a la Organización Mundial de la Salud anunciaba “el mundo está en peligro” y esa publicación no la conoció mucha gente. Con el paso de las semanas, a finales de noviembre apareció el covid y 3 meses después China informó sobre la existencia de las “neumonías atípicas”. Allí nació todo. En septiembre de 2020 el mismo organismo volvió a publicar y decía “estamos en aprietos, el mundo está en desorden”. 

El médico Arturo Jáuregui Cruz, quien además de ser especialista en Medicina Inter e infectología es investigador principal de escala mundial para estudios de investigación y desarrollo de nuevos antibióticos, señala que la pandemia puso en evidencia a todos como seres humanos. Sacó lo mejor y lo peor de cada uno.

“La pandemia nos ha enseñado que no tiene límites, que no reconoce cultura, color, país, no respeta grupo de edad y afecta a miles de personas. Es una situación inédita que ha vivido el mundo y nosotros lo hemos vivido de manera personal, profesional y familiar”, dice el galeno y que la contingencia se anunció con meses de anticipación pero pocos atendieron la advertencia y finalmente llegó tomando por sorpresa a todos 

“Se anunciaba que iba a llegar y llegó. Fue un cambio brusco, intenso; un cambio muy importante en la vida de muchas personas. Vivimos un momento inédito en la vida de la humanidad generado por una de las partículas más pequeñas que existen como es un virus. Esto nos ha enseñado lo vulnerables y frágiles que somos. Es una enfermedad que rompe todo paradigma, no estábamos preparados para una situación como esta. Ni los países más poderosos tenían la suficiente capacidad para hacer frente a esta situación y se han pagado consecuencias terribles para la humanidad”.

De acuerdo con el entrevistado, la pandemia ha puesto a los gobiernos y países a tratar de reflexionar sobre los impactos en los ámbitos de salud, social, económico, político pero más allá de eso está el impacto personal del estrés, el miedo, la sobrevivencia y la necesidad de salir adelante.

 “Nos enfrentamos al principio a una situación de desconocimiento pero con el paso del tiempo fuimos conociendo cada vez más y más. Desafortunadamente se tardaron algunos meses en salir las evidencias. Nos dimos cuenta que estábamos ante virus nuevo, más agresivo, que no teníamos conocimiento, que era una enfermedad que pasaba por una forma abrupta, rápida pero también lo inconsistente de esta porque había escenarios muy tranquilos y otros muy graves con una rápida evolución. Tuvimos que implementar pruebas para poder identificarlo rápido, la biología molecular y la genética médica nos ayudó mucho”.

Luego de 57 mil 266 contagios y 5 mil 568 muertes registradas en el estado –según el reporte oficial de este sábado 20 de marzo- la pandemia, dice Jáuregui Moreno, tiene una historia ya, vive un presente pero quizá la pregunta más importante es ¿Qué viene para el futuro?

“Esta pandemia todavía no ha escrito su historia, está en proceso. Hay más de 300 países afectados en el mundo, la enfermedad es nueva, fresca, apenas tiene un año y meses y sin embargo la comunidad médica se ha forjado, se ha aplicado y ha hecho su tarea porque las comunidades científicas han trabajado intensamente en esto. Todavía existen cosas que faltan por conocer, tiene diversas manifestaciones, diversas presentaciones, expresiones, tiene consecuencias y ahora podemos saber que es una enfermedad que sigue un curso, sabemos cuáles son las etapas y también que es impredecible porque a veces no sabes para dónde va. No sabes por qué a algunos les pega más fuerte, por qué algunos tienen síntomas y otros no, qué pasa con aquellos que cursaron con la infección y no tuvieron ni siquiera la necesidad de visitar a un médico. Pero también qué pasa con aquellos pacientes que tienen ciertos factores de riesgo y que los hace evolucionar a formas más graves. Para esas preguntas solo habrá una respuesta científica, mediante investigación y estudio podremos responder las interrogantes”, apunta.

-Nos dijeron “héroes” pero es una designación inmerecida porque somos médicos

-Priorice el Hospital Central porque ha sido mi casa desde hace 30 años

A unas semanas de que iniciara la pandemia, el término “héroes de la salud” surgió públicamente y se quedó presente en el imaginario colectivo, sin embargo, para Jáuregui es una designación inmerecida porque no son héroes sino médicos, profesionistas que estudiaron y se prepararon para eso.

“Uno de los principios más importantes en medicina es el compromiso y ahora que se requería, todos lo sacamos haciendo nuestro mejor esfuerzo. De manera personal tuve que imprimirle más energía, dedicarle más tiempo enfocarme en un solo sitio de trabajo porque los pacientes los puedes ver en diferentes hospitales pero no puedes ser un buen médico para todos, tienes que generar una prioridad. Formo parte del Hospital Central desde hace 30 años, quiero mucho a la institución y con esta contingencia no me podía hacer a un lado o quedarme al margen. Tuvimos que sacar la energía, la casta y enfrentar la pandemia en todo el ámbito y el contexto de lo que es. Hemos visto mucho sufrimiento, dolor, desesperanza; muchos casos en los que te das cuentas que es la realidad de la población”. 

El Hospital Central, asegura, se convirtió en una experiencia enorme porque se encontraron con casos de todos los colores, de todos los ámbitos, desde el covid sencillo hasta el más complejo; covid en rarámuris, en obreros, desempleados, en pacientes vulnerables, adultos mayores, con enfermedades renales, respiratorias y otras. Pese a ello no hubo temor de entrar y decidió no separarse.

“No he dejado de asistir al hospital porque tengo un compromiso personal, moral, y una entrega completa. Este tiempo me dediqué al Central toda la mañana y parte del día en otros hospitales, esto me generó mucha carga de trabajo, tuve que trabajar largas horas, hasta en la noche. El edificio es muy viejo y tuvimos que adaptarnos, estructurar diferentes salas, y servicios. También nos enfrentamos a las carencias, no teníamos equipo, medicamentos, insumos. No teníamos respiradores. Pero eso nos motivó intensamente a que quizá lo más importante es la entrega humana”.

Hubo muchos momentos difíciles sin embargo, el saber que había personas esperando por la ayuda, daba el ánimo necesario para continuar a pesar de la frustración y el cansancio.

“Recordemos el momento de la saturación cuando el Central alcanzó el 100% de su capacidad y todavía, cada día buscábamos espacio para meter a más pacientes. Nos enfrentamos a la frustración, al agobio, al cansancio porque traer un traje nivel 3 que solo se puede llevar 6 horas, nosotros teníamos que llevarlo durante el turno completo de 8 horas en el que no puedes salirte de la sala, ir al baño, comer o tomar agua. El cansancio nos consumía intensamente pero algo que nos sacó adelante fue la perseverancia, la tenacidad, tratar de hacer lo mejor posible el trabajo. El teléfono sonaba y sonaba con mensajes y llamadas, citas y citas pero con todo y eso hemos dado lo mejor, podemos sentirnos satisfechos porque hemos hecho una tarea muy importante y adecuada”.

LOS PACIENTES QUE DEJAN HUELLA

Entre todos los pacientes atendidos, el doctor Jesús Enrique Grajeda fue un caso especial para el Jáuregui ya que no solo era el Secretario de Salud sino que había sido su maestro y ahora estaba del otro lado, en la posición de paciente.

“Todos los pacientes dejaron una huella en mí pero sin duda la partida del doctor Grajeda me pudo mucho. Fui parte del equipo que lo atendió y esperábamos que saliera adelante pero el destino le tenía marcado otra cosa. Me impactó terriblemente porque tenía un compromiso con él, me metí mucho en su situación y si me impactó mucho. Pero también hemos perdido soldados, compañeros médicos, enfermeras, población en general. El moño negro en mi puerta es para expresar mi empatía, el dolor, la preocupación por la gente y la solidaridad por el personal de salud que hemos perdido. Cuando un paciente se te va sufres como médico porque también tienes corazón, sentimientos y te compenetras con la familia. Hemos perdido mucha gente que no debió haber muerto pero con la pandemia desafortunadamente se fueron”.

Su línea de trabajo dice, está marcada por el compromiso y la ética, sin embargo el apoyo de la gente alrededor ha sido piedra fundamental todo este tiempo, situación que le toca las emociones profundamente.

“Soy un bendecido. Tantos mensajes de solidaridad, de respeto y aprecio, porque hay gente que sabe que estoy en el frente y me dicen que me cuide que me proteja, que dios me ayude, que harán oración y ese respaldo y las oraciones de la gente es lo que nos mantiene fuertes”.

De acuerdo con el entrevistado, a un año de la pandemia se puede decir que es una enfermedad que ha cambiado todo, ha impactado en el aspecto social, económico, cultural, en el aprendizaje de las consecuencias que van a pagar los niños con el distanciamiento social y el aislamiento.

“Somos más fríos, más distantes, hay personas que se mantuvieron en casa todo el año, algunos ya tienen trastornos psicológicos, emocionales terribles. Lo que estamos viviendo es una pandemia muy particular, es mundial pero también cada país tiene su pandemia y de cada país cada estado tiene la suya. En Chihuahua fue muy particular”.

Jáuregui Cruz explica que es muy probable que la vacuna se tenga que actualizar con nuevos lineajes de virus porque horita solo trae para un solo agente que es el SARS-COV2 y se desconoce si será útil para otras cepas. Las ahora disponibles cubren gran parte de esas mutantes pero aun así, no se tiene la seguridad y tampoco es posible dar la tranquilidad que con ello se visualice una salida. Pese a todo, insiste, hay que sacar lo positivo y no lo negativo aunque la pregunta flote en el aire: ¿Quién va a pagar las consecuencias de todo esto que hemos vivido?