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Ambulantes, nómadas modernos

Viven de fiesta en fiesta en busca de su sustento

El Diario

De la Redacción/El Diario

martes, 03 marzo 2020 | 18:21

Como nómadas modernos, recorren el país arropados sólo por una nube de globos de colores; globos con patas de corcholata que se arrastran sobre el piso, sobre la tierra o por donde sea que los lleven. 

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Ahora están en el pueblo de Santo Tomás, a 17 kilómetros de la ciudad de Chihuahua; mañana en Delicias y pasado… quien sabe. Vivir entre fiesta y fiesta ya se hizo rutinario. Saben de ferias, de santos, de vírgenes y todo lo que implique una venta a la mexicana motivados por el hambre, por el dolor de las tripas y la esperanza de encontrar una nueva vida. 

Y en eso se les va la vida. Vienen del Estado de México, de Oaxaca, de Hidalgo, de muchos estados del sur del país. Sus globos se mecen al roce del viento y rompen en destellos rojos, azules y amarillos al contacto con el sol aferrados a un palo que sostienen con sus manos. 

El sol de invierno de estas tierras norteñas. Viajan hechos bola en un camión que les sirve de bodega, de cama, de cocina… de hogar. Algunos traen sus hijos y los “trinean” para la venta. Arrecia el viento y los globos, avioncitos, rehiletes y tortugas cobran vida y revolotean de un lado para otro, dan la impresión de querer escapar y dejarse arrastrar por el aire. 

Cesa el viento y todos vuelven a su lugar. -“Soy de Toluca”-, responde Lorena a la pregunta. –“Ando aquí por la papa, buscando la vida, allá está muy difícil. Acá (en Chihuahua) también, pero no hay tanta competencia y pues sale para irla llevando”, dice. 

A su alrededor hay una celebración, pero a ella parece no importarle. Su expresión no cambia a la hora de ofrecer sus productos. –“¡Globos, globos… a 15 pesos, lleve sus globos!”- lanza su pregón mientras recorre los lugares en los que hay gente. 

Trae cachucha para cubrirse del sol; a pesar de que dice que es joven es difícil calcularle la edad. Parece joven y parece vieja. Por sobre una camiseta color rosa usa una especie de suéter color gris raído por todos lados. 

En algunas partes donde se estira se hace traslúcido y se mezcla con el color rosa de su blusa interior. Su sonrisa, oculta por la sombra de la cachucha, resalta enmarcada por los colores de los globos que siempre están detrás de ella.

Su pantalón de mezclilla es lo más decente de su vestimenta que termina en unos zapatos tipo zoclo con adornos plateados y desgastados por el uso. Cuando camina, recuerda el sonido de los cascabeles de Navidad. 

Decenas de globos con formas de tortuga y patas de fichas de soda chocan entre sí y crean música. –“¡Chac, chac, clink, clink!”- la acompañan en cualquier movimiento. -“¿Tienes que me cambies este billete?”- llega otro vendedor urgido de por hacer una venta. -“No, no traigo, le contesta”-, y luego entre dientes dice: “sí traigo, pero luego no me regresa mi billete”, confiada en su intuición. 

A un lado de ella, frente a la carretera que va a Delicias fuertemente resguardada por cadetes de la Fiscalía y de Vialidad, pasan peregrinos apoyados en muletas, en cuadros o llegando apenas con el aliento al pueblo después de una caminata de 17 kilómetros. 

Para Lorena no es una vida fácil. Se casó a los 13 años y desde entonces recorre ferias en todo el país. Ya conoce las vírgenes de Zapopan, de Talpa, de Santa Rita… Lorena no puede tener hijos debido a un accidente que le ocurrió de niña.

-“Por eso, ya no sirvo como mujer, me dicen”-. Visitante a San Judas Tadeo siguen llegando y se confunden con los vendedores de veladoras, rosarios, escapularios, dulces típicos y globeros, todo con una historia detrás de ellos. 

A veces le va bien y a veces mal. Hoy ha sido uno de esos días, hay poca gente. En los días buenos gana hasta 300 pesos libres. Pero hoy, con que salga para comer es suficiente, dice Lorena mientras se pierde entre la gente y sus globos brillan al reflejo de los rayos del sol.