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Arropan el recuerdo en un rebozo

“Abrazamos a nuestros hijos y a nosotras mismas para aligerar el dolor”

Francisco López/El Diario

Salud Ochoa/El Diario

viernes, 27 agosto 2021 | 13:02

Chihuahua.- Con los colores de la esperanza y la fe, madres de desaparecidos bordan los nombres de sus hijos sobre lienzos blancos mientras hilan la realidad y los recuerdos buenos de aquellos que hoy no están con ellas. Desde hace un mes y medio un grupo de 7 mujeres se dio a la tarea de elaborar un rebozo que portarán el próximo 30 de agosto durante las actividades que realicen en conmemoración del Día del Desaparecido.

Idalia Gutiérrez, Arcelia Cerros, Yesenia Carrera, Norma Villarreal, Jesusita Pérez, Mirna Pérez y Lourdes Hernández, no sabían bordar –o quizá un poco- pero en una apuesta a la memoria de sus hijos y la esperanza de encontrarlos, las impulsó a reunirse cada viernes para dejar impreso el nombre que ellas les dieron al nacer.

Son apenas 7 los rostros y denominaciones que aparecen en el mismo número de rebozos, pero son miles las víctimas que forman parte de la crisis de desapariciones en Chihuahua, que al cierre del 25 de agosto del 2021, sumaban 3 mil 440 en ese estatus según la Comisión Nacional de Búsqueda.

Arcelia, Idalia, Lourdes, o cualquiera de las madres que conforman el grupo han sido víctimas no solo de la ausencia forzada de sus vástagos, sino en algunos casos de la burocracia y la apatía institucional.

La búsqueda es lo que las mantiene en pie y las hace seguir respirando la esperanza de encontrarlos con vida. Una esperanza que se niega a morir aunque todos los días la maldad instalada de manera permanente en este territorio, insista en ello.

Frases como “muerta en vida”, “no vivo, sobrevivo”, “ya no me reconozco”, “Me apagué”, son parte de la cotidianidad de esta mujeres que se reúnen, hablan de sus hijos, tocan su rostro impreso en la tela y bordan unas letras que luego abrazan como lo hicieron cuando aquellos llegaron al mundo. Ellas les dieron la vida, otros se las robaron.

La ausencia, coinciden, es terrible porque no hay un solo momento en el que no se recuerde a quien no está y cada hora, de los miles de días que suman en lo individual o colectivo es como estar muriendo a cuentagotas.

Cuando mi hijo desapareció la vida dio un vuelco

Cuando me veo en el espejo ya no me reconozco; yo no soy yo

Era mi “soldadito de plomo”: Arcelia

Ignacio Villagrán desapareció el 22 de febrero del 2014 cuando iba a recoger unos becerros a la comunidad de Yepachi, municipio de Temósachic, y tras emprender el viaje nadie volvió a tener noticias de él. Hace dos años la autoridad detuvo a 2 personas presuntamente involucradas en la desaparición, sin embargo, hasta el momento los dos sujetos no han dicho qué ocurrió con la víctima.

Arcelia, su madre, dice no tener idea de lo que pasó con él pero lo que sí tiene claro es el giro terrible que dio su vida tras el evento.

“Están dos personas detenidas desde hace 2 años pero no han dado ninguna información. Los relacionan con su desaparición porque los vieron cuando estaban enterrando el motor y desmantelando el camión que llevaba Ignacio. Allí encontraron la licencia de mi hijo. No tengo idea qué pasó con él y no quiero ni pensar en eso sino vivir con la esperanza de que él se encuentre bien en algún lugar. Que dios toque los corazones a todos los involucrados en su desaparición y un día regrese con bien”, dice y asegura que nunca tuvo conocimiento de amenazas en contra del joven e incluso, tras la investigación la propia fiscalía le dijo que los resultados arrojaban la inexistencia de conflictos, deudas, adicciones o actividades delictivas. Tenía un historial limpio.

Estos 7 años han sido para Arcelia un sube y baja de emociones que le han cambiado tanto interior como exteriormente a tal grado que cuando se mira al espejo, encuentra a una persona desconocida.

“Han sido años llenos de angustia, de incertidumbre, de altas y bajas. Hay días que parece que amanezco bien y de pronto no falta que me lo recuerde y el ánimo se me va para abajo. He cambiado mucho interior y exteriormente desde que él no está. Antes de esto yo hacía mucho ejercicio, atendía mi casa, era muy activa y siempre estaba con ánimo. Me gustaba escuchar música, veía televisión pero ahora no prendo ni la tele menos el radio. Me apagué. Ya no volví a ir al ejercicio, ni siquiera a caminar salgo. Físicamente también he cambiado, ya no me veo en el espejo porque cuando lo hago veo a alguien que no conozco, ya no soy yo”, señala sin poder contener las lágrimas.

Arcelia quien asegura convivir poco con otras personas, señala que unirse al grupo de “bordadoras” le ha ayudado porque además de que todas enfrentan la misma situación, la actividad se ha convertido en una terapia.

“Es como bordar el recuerdo de mi hijo. Esto me ha ayudado porque somos un grupo de personas que pasamos por la misma situación, nos comprendemos, nos ayudamos y recordamos. Cuando iniciamos el bordado empecé a platicar conmigo misma, le decía a mi hijo que estaba en mi corazón y que con este rebozo, cuando me lo ponga voy a sentir que es un abrazo suyo”.

En sueños, Ignacio le ha dicho a Arcelia que no tenga miedo y que la vida sigue, pero ella espera que un día cualquiera las noticias alentadoras lleguen.

“Lo he soñado mucho. Hace poco soñé que estaba mi hijo en casa platicando y riéndonos como siempre ocurría. Alguien llegó y le dijo “nachito vamos a Cuauhtémoc” y mi hijo respondió que sí. Me di cuenta –en el sueño- que él había estado desaparecido entonces lo abracé y le dije que no se fuera porque yo había dicho que si volvía ya no lo iba a dejar salir. Él me abrazo y me dijo que no tuviera miedo. Salió con esa persona y yo me quedé en la banqueta a verlos irse hasta que se perdió la camioneta. Se fue.

Para sobrellevar la vida Arcelia intenta recordar las cosas buenas de Ignacio, su carácter alegre, el hecho de que le gustara escucharla contándole cosas que lo hicieran reír y ser su “soldadito de plomo”.

“Era mi único hijo varón. Si lo viera en este momento lo abrazaría muy fuerte y daría gracias a dios por regresarlo y darme la oportunidad de verlo de nuevo”.

Amir salió de su casa para ir a una carne asada y no regresó

Seis años después le entregaron sus restos a su madre

Hace diez años, Amir Gutiérrez fue invitado a una carne asada por unos amigos. A partir de eso nadie supo más de él hasta seis años después cuando la fiscalía le entregó a su madre restos óseos que aseguraba eran de Amir aunque no estaban completos. Posteriormente, Idalia recibió otros restos cuyo ADN coincidía con el suyo y con los hijos del joven. Era un hecho, su hijo estaba muerto.

“Cuando lo invitaron a la carne asada él me preguntó si iba y yo le dije que sí; de allí ya no volvió. Pasaron seis años y cuando vinieron las antropólogas me entregaron restos de mi hijo, eran muy pocos y se quedaron en la fiscalía para buscar más. En 2017 me los trajeron y pude enterrarlo”, dice Idalia y asegura que de cierta forma se siente un poco más tranquila al saber dónde está su hijo y poder visitarlo periódicamente.

Sin embargo, la duda respecto a lo ocurrido con Amir persiste. ¿Quién lo hizo y por qué? Es algo que Idalia desconoce por completo.

“Después de tanto tiempo me siento conforme porque se dónde está, pero la duda sobre lo que pasó con él sigue. Como madre nunca vas a estar conforme pero, es lo que hay. Los restos fueron localizados en rancho Dolores y el ADN se comprobó tanto conmigo como con sus dos hijos”.

Los restos de AMIR fueron sepultados en el panteón de Cuauhtémoc, sitio al que de cuando en cuando Idalia acude a recordar a quien describe como un buen padre, cuyos hijos (los nietos de Idalia) aún recuerdan a pesar de que eran muy pequeños cuando desapareció.

“Cuando es su cumpleaños le pongo siempre “para el mejor papás del mundo” porque esa era una de sus característica. Era muy apegado a sus hijos, la niña más chica aún se acuerda de lo que él le enseñó. Siempre que tengo oportunidad voy pero no se puede ir sola al panteón, hay tanta delincuencia que da miedo”, dice.

El peso de la edad ha caído sobre los hombros de esta mujer, quien a pesar de todo intenta sonreír, con esa sonrisa que le ha ganado comentarios hasta del Fiscal César Peniche quien una vez le dijo que tenía carácter de chiste.

“Me cae bien Peniche. Una vez me dijo: usted es bien difícil señora, tiene un carácter de chiste. Pero me cae bien, otros no. Además los años pasan y son los más pesados. Acabo de cumplir 70 años pero intento estar bien haciendo ejercicio, trato de comer sano, reunirme con las amigas de vez en cuando. Yo soy la que está más tranquila de las que nos reunimos en este grupo porque de alguna forma ya sé dónde está mi niño y eso da cierta calma”.

“Después que un hijo desaparece ya no se vive, se sobrevive”

Grabaciones de militares dicen que el cuerpo de Pamela estaría en el cerro Coronel

Eran las dos de la tarde del sábado 24 de julio del 2010 cuando Pamela Leticia Portillo Hernández, terminó su horario laboral en una empresa del centro de la ciudad donde apenas tenía un mes trabajando. La joven de entonces 22 años, trabajaba allí de lunes a viernes en el turno matutino y estudiaba los sábados en el CBTIS 158. Su sueño era comprar una casa para ella y sus hijas.

Ese día Pamela decidió acudir con sus amigas al rodeo de la feria de Santa Rita, anduvo con ellas y alrededor de las 8 de la noche le dijo a su madre que estaba bien. La última llamada que tuvieron fue a las 11:30 de la noche y a través de esta, Pamela dijo que iban a entrar a un lugar llamado “Cantabar” y que como a la una se iría a casa.

“Decidí dejarla en paz un rato. A las 2 de la mañana mi hermana me habló para decirme que Pamela le llamó para decir que ya iba por sus hijas pero no había llegado. Ella no era de salir mucho pero cuando salía siempre llegaba temprano”, señala Lourdes.

La madre marcó entonces al celular de su hija y éste la envío al buzón. Decidieron darle un poco más de tiempo. A las 3:00 de la mañana en punto le volvió a marcar y el teléfono ya estaba apagado. Su hermana confirmó que Pamela no había llegado.

A las seis de la mañana el auto de Pamela fue encontrado abierto, con las luces encendidas y sin llaves en el cruce de la avenida Pacheco y J.J. Calvo. Sus pertenencias estaban allí solo faltaban ella y su credencial de elector. La familia llamó al 060 para dar aviso pero la policía tardó una hora en llegar y cuando lo hicieron les dijeron que se llevaran el vehículo y que fueran a reportarla como desaparecida.

“Me fui a la fiscalía y tuve que esperar hasta las 8:00 que entrara la guardia para hacer el reporte. Estando allí me llamó mi hermana para decirme que el lugar estaba lleno de militares y que les dijeron que a Pamela la secuestraron junto con un militar”.

Los militares acudieron a la Fiscalía a interponer la denuncia por la desaparición del compañero y allí le informaron que un comando se los había llevado a ambos. En octubre de ese mismo año alguien le dijo a Lourdes que la joven ya estaba muerta sin embargo, hasta la fecha la familia no ha tenido ninguna prueba de ello.

En este tiempo la autoridad investigadora ni la comisión de búsqueda han dado resultados. No ha sucedido nada excepto los problemas que la madre de la víctima ha enfrentado y que van desde la pérdida de un empleo hasta las amenazas en su contra. La Organización de las Naciones Unidas ya aceptó el caso de Pamela como desaparición forzada, Lourdes mientras tanto, sigue esperando que su hija regrese.