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Arte contemporáneo: el reto de diferenciar lo bello con el sentimiento

Expresa artista gráfico su experiencia con nuevas y viejas generaciones

Juan Carlos Núñez/El Diario

jueves, 26 marzo 2020 | 21:51

Chihuahua.- “Al hablar de arte, automáticamente nos viene a la cabeza un sinfín de conceptos acerca de lo relativo de la belleza. Es subjetivo, cada quien, depende el contexto y demás eufemismos que nos hacen caer en un juego donde todo el mundo tiene razón”, opinó el artista gráfico Aike Adán Villela Alarcón. 

El también profesor y diseñador explicó así su visión a sus alumnos de nueva generación, y otros más conservadores, que ven lo contemporáneo como un reto para diferenciar entre los sentimientos, y la belleza. 

“El arte, no es subjetivo, el arte apela a la elevación del espíritu mediante la belleza, y la belleza apela al sentido inherente del ser humano de distinguir entre lo que está bien, de lo que está mal”, dijo. 

Además de dar clases en artes visuales, también es fotógrafo profesional para estudio, campo, exteriores y filmes; compositor y músico, lo que le ha permitido explorar muchas de las expresiones artísticas, y en base a una investigación, hacer un ensayo a modo de opinión con bases sólidas. 

Aclaró que estos conceptos tienen una definición y característica inamovible, sin embargo, el pasar de los años de la vida humana corrompe los conceptos y los tuerce a manera que nos sintamos más cómodo con ello; ignoramos el sentido del bien y el mal para no sentirnos culpables, y defender nuestro relativismo bajo una falsa bandera de la libertad. 

“¿Pero hasta dónde nos va a llevar este pensamiento... dónde todos estamos en lo correcto?”, preguntó para citar al poeta Aristóteles. 

“Los objetos que los imitadores representan son acciones, efectuadas por agentes que son buenos o malos (las diversidades del carácter humano, casi siempre derivan de esta distinción, pues la línea entre la virtud y el vicio es la que divide a toda la humanidad) y los imitan mejores o peores de lo que nosotros somos, o semejantes, según proceden los pintores.” “Aristóteles plantea al artista como un imitador de la realidad, y es totalmente acertado, pues aunque en la literatura, encontremos quimeras, centauros y grifos, etc., son fragmentos de características accidentales y sustanciales de un ser ya existente, empleadas en un nuevo e imaginario personaje. 

“Todo aquello que conocemos y podemos imaginar es resultado de lo que ya conocemos, ninguno de nosotros es capaz de crear un color que no hayamos visto o una forma en el espacio que no sea subsecuente de una forma ya conocida, por tanto, somos imitadores del mundo que percibimos por nuestros sentidos y nunca llamados creadores”. 

Agregó que, “las cosas que podemos imaginar o hacer están sujetas a experiencias previas, -la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma-”. (Ley de la conservación de la materia Lomonósov-Lavoisier 1785)”, maneja en su ensayo.

“En cuanto a los elementos de la belleza, según el sentir casi unánime de los grandes estéticos como Aristóteles, Santo Tomás y Hegel, son estos: 1. La Integridad. Donde ella falta no hay belleza. Las cosas truncadas, defectuosas, raquíticas… hacen sufrir a la sensibilidad y al entendimiento. En esto no hay diferencia de gustos. 2. El Orden, que busca cierta multiplicidad de elementos (no precisamente reales), reducidos a la unidad. La variedad atrae, y la armonía o unidad cautiva la atención. La variedad sin orden fatiga. 3. Resplandor. La claridad es un requisito para la percepción fácil y armónica. 

En su investigación, citó a varios autores como B. Berenson y sus Fines Supremos de la Crítica del Arte y principalmente de la Conferencia en la Facultad de Bellas Artes (FBA) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) de Avelina Lesper, en su crítica al arte contemporáneo esta noción demagógica, fantasiosa e irresponsable del arte.