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Así de macabros eran los dibujos del caníbal de Chihuahua

Asesinó y devoró a su primera víctima en esta ciudad un 21 de junio de 1997… esta es la historia

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viernes, 21 junio 2019 | 12:10

Chihuahua.- El 21 de junio de 1997, el niño Jaime Espinoza de once años, tuvo el infortunio de cruzarse en el camino de Gilberto Ortega Ortega, un expolicía esquizofrénico, cuyo modus operandi le ganó el mote del Caníbal de Chihuahua, y considerado en la actualidad como uno de los más crueles asesinos seriales en la historia del estado.

Jaime, originario de Santa Eulalia, vendía periódicos y chicles en el centro de la capital, y en esos días se dedicaba al reparto de propaganda política de una de las campañas a la diputación federal del PAN, ahí lo vio Gilberto.

Ortega tenía 27 años. Se ganó la confianza del pequeño, y a bordo de su vehículo LTD, lo llevo a las afueras de la ciudad donde lo asesinó cruelmente.

Durante su estancia en el Cereso de San Guillermo, tras su arresto en octubre de ese mismo año, Gilberto Ortega, alías La Tota, produjo una serie de mapas y dibujos inquietantes. En cada uno de ellos, dicen los psicólogos, ofrece detalles impresionantes sobre la forma en que destazó los cuerpos. Son dibujos a lápiz, pero en las heridas pintó con su sangre. Para hacerlo, se mordió los dedos.

A través de ellos describe la saña aplicada en el asesinato del pequeño. La misma crueldad aplicó a sus otras víctimas, pues admitió por lo menos 30 homicidios de infantes acompañados de canibalismo, aunque sólo dos fueron comprobados.

Pero él insistió ante el Ministerio Público, que el número era mayor y que de todas sus víctimas, a 21 les devoró las entrañas por placer.

El libro, la sicopatología del homicidio, da cuenta de una de las entrevistas que le fueron practicadas:

Leí una declaración tuya, en la que dices que devoraste algo de... ¿sus órganos?

 -Sí -Sí. Lo que pasa es que yo miré una película hace mucho tiempo y decidí pues, ponerlo en práctica. Y me gustó la idea y, pues me gustó

-¿Desde el primero de los niños?

-No, no. Como con unos 20, que fue a los que yo me comí

-Qué película fue –

El silencio de los Inocentes

-En qué año la viste –

En 1988

-Cometer los asesinatos, ¿fue un acto espontáneo o algo planeado?

-No, prácticamente a mí, mi amigo, es quien me ordena ejecutar a las personas

-Quién, perdón

 -Un amigo

 -Cómo se llama

-Joel

 -¿Desde cuándo existe Joel?

 -Desde que tengo cuatro años de edad

-Y ¿siempre es agresivo, Joel?

-Bueno, en ciertas ocasiones

-Qué pasa en esta relación tuya con Joel, Gilberto

 -Pues, somos muy buenos amigos

-De niño, qué te decía

 -Cómo de qué

-No lo sé, cualquier cosa

 -No, pues no sé qué es lo que me quiere preguntar

-¿Era, por ejemplo, alguien que desde niño te insinuó matar?

-De hecho, él es el que me ordena que mate, pero nomás, es todo.

-Qué sueñas, regularmente

-Pues, tengo sueños de cuando cometo los homicidios. Me resulta agradable

 -¿Algunas veces son pesadillas?

-No las considero pesadillas

-Solamente te han fincado cargos por dos casos, Gilberto...

 -Sí, pero entregué otros tres

-Qué hiciste con los cuerpos –

Pues los enterré, les puse piedras encima... cualquier cosa

-¿Supiste si encontraron alguno?

-No creo. A la fecha no han encontrado a nadie

-Y¿ porqué no les dices en dónde, a la policía?

-Pienso entregar tres cuerpos por año

-¿Por alguna razón?

-Bueno, porque así lo decidió Joel.

-Dices que el primer homicidio en Chihuahua lo cometiste en 1990, al volver de Estados Unidos. A él ¿le comiste algo?

-Sí, los intestinos

 -¿Crudos?

 -No, semicocidos... sancochados

-Y, ¿con los demás?

 -Pues con algunos

 -¿Siempre los cocinabas?

-Sí

-Qué piensas de tu futuro, Gilberto

 -Permanecer en prisión si así lo decide la autoridad. Si no, a ver qué pasa

 -¿Volverías a hacerlo?

-Por su puesto. Si estuviera en la calle, sí

-¿Es algo que no controlas?

-No se trata de que lo controle. Es que Joel me lo ordena.

Gilberto Ortega recibió una condena de 75 años de prisión, y fue trasladado al penal de Máxima Seguridad de Puente Grande, Jalisco.