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Conviviendo con las ánimas en pena

Segunda y Última Parte

Froilán Meza Rivera

miércoles, 11 enero 2023 | 05:00

Cuando la mujer le confesó a su marido todo lo que ella presenciaba, y cómo les tomó el tiempo a los fantasmas, él no le creyó, aunque tuvo dudas porque él también escuchaba siempre los cascos y las voces.

Tuvo Martina que llevarlo al patio, enseñarle sus propios apuntes con los horarios de pasada de los fantasmas, para convencer al hombre.

Entre ellos dos, el asunto de los jinetes fue un secreto, pero todo el asunto se desbordó cuando la hija del matrimonio, Juanita, saltó una vez asustada porque dijo que "se le echaron encima unos caballos con unos señores".

Los jinetes empezaron a atacar a la familia. El "hacendado" hacía reparar el purasangre, que relinchaba y daba coces encima de donde estaban jugando los chamaquitos, y éstos salían despavoridos a buscar refugio en la cocina con su madre.

Ubicada a horcajadas en la ladera de un monte cercano, la colonia Zootecnia ha sido la última periferia de la ciudad de Chihuahua, y la urbanización llegó aquí a golpe de peña. Hará unos treinta años en la distancia, si acaso un poco más, que se asentaron aquí unas primeras casitas desperdigadas que seguían ninguna traza urbanística. Esos precursores de la moderna colonización se asentaron sobre los cimientos de varios cuartos de adobe en ruinas que pertenecieron a principios del siglo XX, a una de las haciendas ganaderas de la familia de los Terrazas.

Los lugareños, rancheros de las inmediaciones, siempre conocieron la leyenda del "hacendado del tesoro", un individuo que, dicen, vendió su alma al diablo un día en que, en una borrachera, tuvo la ocurrencia de gritar que no le importaba vender su alma al diablo con tal de llegar a ser tan rico como Luis Terrazas.

"Tu deseo será realidad", dicen que se escuchó en la encrucijada en que se colocó el temerario. Sus amigos de parranda se persignaron y algunos se retiraron del lugar.

A los tres días, aquel joven que padecía por las deudas y que había tenido que renunciar a casarse porque, como se dice, "no tenía dónde caerse muerto", empezó a hacer ostentación de nuevas riquezas adquiridas de la noche a la mañana.

Dicen que el diablo llenó de oro a aquel individuo, y que después de haberlo elevado a grandes alturas, el día en que vino a cobrar la cuenta, el "hacendado" se burló de él. "Puesto que no hay en este lugar más amo que yo, si quieres tributo, aquí lo estoy recibiendo, dicen que le dijo el hombre al demonio, quien en venganza lo empobreció, lo envileció y convirtió al sujeto ensoberbecido en un pordiosero y, en llegando el tiempo de su muerte, lo empujó a ser un alma en pena.

Por lo pronto, a falta de un conjuro efectivo que aleje a estos espíritus, la familia Amparán, de la calle 122 de la colonia Zootecnia, trata de convivir con ellos en los mejores términos.