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Crónica: la última cena y una coincidencia macabra

Lorena y Nicole fueron asesinadas la tarde del pasado domingo 7 de julio

Salud Ochoa/El Diario
martes, 09 julio 2019 | 10:00

Chihuahua.- Como si fuera una broma macabra el cuadro de “La última cena” custodiaba desde la pared la mesa de madera donde Lorena y Nicole habrían tomado sus últimos alimentos, antes de ser asesinadas la tarde del pasado domingo 7 de julio, al interior de una casa ubicada en la colonia Minerales al norte de la ciudad.

Una caja con restos de pan dulce, una taza, un termo, una lata de refresco, un cuaderno y crayones de colores quedan como testigos mudos de la tragedia sobre la mesa sostenida por tres patas, la otra está rota como rota la paz y la seguridad. Ambas son un mueble incompleto. Debajo de la mesa una mochila escolar de color rosa enfrentada a la enorme mancha de sangre oscurecida por el paso de las horas y en donde yacía un lápiz que tal vez habría sido de Nicole.

Abuela y nieta fueron sorprendidas por la muerte a manos de dos hombres que dispararon contra ellas armas de calibre 9 y 40 milímetros, esta última de las llamadas “matapolicías” porque pueden traspasar los chalecos antibalas debido a su grosor y potencia.

A Lorena le dispararon en la cabeza a Nicole en el tórax.

Al costado derecho un par de tenis de color negro, un sillón y una repisa metálica en cuyo centro dos monos de peluche sonríen; arriba una pequeña de cabellos rubios sonríe también dentro del marco de una fotografía antigua custodiada por un par de ramos de flores azules y rosas.

La evidencia de la muerte se esparce por el piso de cemento, salpica las bolsas de frituras, la botella de plástico, la silla que sostiene una bolsa de mano y el cargador para teléfono móvil, se escurre hasta la pared pálida alojándose en las grietas entre el suelo y el muro.  

En la habitación contigua, la puerta pintada de blanco permanece cerrada. Las manchas sanguinolentas se hacen presentes de nuevo, de menor tamaño pero están allí como si alguien hubiese buscado protegerse.

Un trío de osos de peluche miran la escena -desde lo que parece un clóset- enclavados entre maletas, ropa y enseres domésticos diversos. En la pared un rosario oscuro cuelga silencioso alojando en sus cuentas el sonido de cada bala.

No se sabe aún con claridad cuántas fueron, la autoridad no lo ha dicho, simplemente se tiene el título: homicidio por arma de fuego.

En una tercera habitación, un cuadro de la virgen de Guadalupe y un crucifijo quedaron como una evidencia más de la vida y la muerte, madre e hijo, abuela y nieta en este caso. Según fuentes al interior de la fiscalía, en el lugar se encontraron también “un objeto tipo bat metálico en color gris y algunas colillas de cigarro”.

En el exterior la casa de color azul luce desolada y minúscula como el ser humano ante la muerte. Los vecinos dicen que no saben nada, que no conocían a las personas, no quieren involucrarse en el tema porque después de todo, hay que protegerse a sí mismos y a los suyos. Sobrevivir, de eso se trata casi todo.

La cinta amarilla está allí como testigo de los hechos igual que los cintillos verdes de la Unidad Especializada en Investigación de Delitos contra la vida, sobre la puerta. En el suelo unas torundas de algodón con manchas oscuras empiezan a perderse en el olvido, como sucede con tantas cosas y tantas muertes que terminan convirtiéndose en simple y fría estadística feminicida.

Nicole y Lorena forman parte ahora de esos números que existen, que indican que algo anda mal pero que no se aceptan. Con ellas sumaron 5 mujeres muertas tan solo en 48 horas, entre el sábado 6  y domingo 7 de julio. La Fiscalía ha reconocido previamente 19 feminicidios aunque organizaciones civiles hablan de por lo menos 79 homicidios dolosos de mujeres en lo que va del 2019. Hay 5 más: a golpes, a balazos o estranguladas. Las mujeres siguen muriendo.