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Cumple Rubí siete días en manos de hondureño

Nada se sabe del indocumentado que gusta de las armas, el alcohol y la Santa Muerte

De la Redacción
viernes, 17 mayo 2019 | 14:57

Chihuahua, Chih.- Hace siete días justo a las tres de la tarde, Rubí Rubio Insunza, de 12 años, salió de su casa en la colonia Punta Oriente influenciada por Erick Barrera un migrante hondureño de oscuro pasado. Era la tarde del 10 de mayo y no regresó a casa.
Las autoridades mantienen un operativo de búsqueda en la ciudad, que se ha extendido también a las ciudades de Torreón y Sinaloa, pero que hasta la fecha no ha arrojado resultados positivos.
El hombre, señalado por los familiares como el responsable de la sustracción de la menor, arribó al país el año pasado. Vivió en Tijuana y posteriormente llegó a esta capital, según se puede advertir por información publicada en una de sus cuentas de Facebook.
En ellas se advierte además posibilidades de un carácter violento. Gusta de las armas, el alcohol y de las imágenes de la Santa Muerte.
Nada de eso sabían los vecinos de la colonia Punta Oriente, uno de los sectores más conflictivos de esta capital, cuando en enero de este año lo vieron deambular por la zona. Dijo que buscaba ayuda y se la proporcionaron.
Se le permitió invadir una de las muchas casas abandonadas, y le apoyaron con algunos muebles y artículos básicos para hacer menos precaria su estancia.
Erick llegó acompañado de una mujer, a la que presentó como su pareja, y de la que ahora tampoco nada se sabe.
Abandonó la vivienda, a finales del pasado mes de abril, pero nunca se alejó del sector. En los primeros días de mayo comenzó a rondar la vivienda de la familia de Rubí y comenzó a ganarse su confianza.
Los Rubio Insunza, son originarios de Mazatlán, Sinaloa, y hace año y medio se mudaron a la ciudad. Llegaron también a Punta Oriente y como muchos, invadieron una vivienda.
Los padres de Rubí entablaron relación con el hondureño, ignorando que el hombre asediaba a la pequeña de 12 años.
El 10 de mayo, Erick dijo que iría por algo de comer a una tienda localizada cerca de un parque cercano. Previamente, como un regalo por la celebración, obsequió a la madre de Rubí el celular que él usaba.
Pidió autorización a la madre para que la niña lo acompañara argumentando que volverían pronto y ella concedió.
Desde entonces, nada se sabe del rumbo que tomaron. La búsqueda continua mientras la pesquisa con el rostro de la pequeña se distribuye y pega en distintos puntos de la ciudad, con la esperanza de que alguien la reconozca y sea posible ubicar su paradero.