Denunció caso al DIF, pero no la atendieron

Se cumple un año de la muerte de Óscar, pero su familia no tiene una explicación

Miguel Chavarría/El Diario
lunes, 11 febrero 2019 | 10:28

Chihuahua.- Ha pasado casi un año desde que Óscar murió a consecuencia del abandono y omisión del Estado.

Su madre, Karmen, y su hermana, Alejandra, no encuentran explicación sobre las condiciones en las que él perdió la vida.

Cinco meses antes de la muerte de Óscar, Karmen y Alejandra pidieron auxilio al DIF para investigar si el adolescente era víctima de omisión de cuidados por parte de su propio padre, quien lo había abandonado en un taller a vivir en condiciones deplorables.

Karmen creía que su hijo vivía bajo el mismo techo de su padre hasta que se enteró que habitaba solo en un cuarto adaptado, con problemas graves de depresión y adicción a las drogas.

El DIF postergó por cinco meses su investigación y asistencia social hasta que Óscar cumplió la mayoría de edad. Ocho días después, el joven fue hallado sin vida en el patio de una vivienda.

En un departamento ubicado al norte de la ciudad de Chihuahua, Karmen y Alejandra viven juntas. En uno de los cuartos existe un altar elaborado sólo para Óscar con una veladora a punto de apagarse y fotografías de su niñez.

Había muerto el 28 de marzo de 2018, ocho días después de haber cumplido la mayoría de edad. En el comedor, Karmen, extrabajadora de una funeraria, ojos verdes y serios, pelo negro y rizado, de carácter franco y directo, cuenta que Óscar debería seguir vivo.

Su hijo padecía de una depresión aguda que comenzó a agrietar su salud desde hace una década. La vida del chico era turbia y enredada por las circunstancias en las que terminó viviendo: ver a sus quince años el cadáver de su tío discapacitado, tumbado, con la regadera del baño abierta, mientras su abuelo miraba aquella muerte con profunda indiferencia, lo afectó tanto.

Aquella imagen de 2015 le sucedió el despojo de Óscar, Karmen y Alejandra de su casa en 2016: Karmen había sido acusada por su padre por el delito de violencia familiar; un crimen que ella asegura es falso e injustificado.

Los sacaron a todos de su domicilio. Los meses pasaron. Alejandra había contraído matrimonio con su actual esposo y éste los dejó quedarse en un departamento, donde hasta la fecha viven ella, Karmen, y los recuerdos de Óscar, que a diario invocan con canciones de Linkin Park, pequeños poemas escritos en cuadernos, cómics de superhéroes, y una cama vacía donde reía.

Antes de morir, en junio de 2017, la depresión de Óscar lo orilló a intentar quitarse la vida, pero continúo viviendo.

Karmen de inmediato logró conseguir el dinero suficiente para poder ingresarlo a una clínica especializada en Andenes, donde pasó 35 días de rehabilitación. Meses después de cumplir con la terapia de rehabilitación, Óscar sufrió una recaída anímica ese mismo año.

Cuando Karmen le informó esto a su exesposo, él decidió llevarse a su hijo consigo para presuntamente hospedarlo en la casa de los abuelos paternos. Pero no fue así. A semanas sin noticias nuevas sobre su hijo, Karmen logró conseguir información a través de los amigos de Óscar: el joven estaba residiendo en un taller de estructuras metálicas y pintura, donde había sustancias tóxicas como thinner; herramientas, llantas de vehículos usadas, tablones de madera, varillas, botes, caguamas de cervezas.

Una pocilga sin regadera, con agua dedicada a un excusado antihigiénico. Fue entonces que el 13 de septiembre de 2017 Karmen acudió al DIF Estatal para interponer una denuncia contra su exesposo por el delito de omisión de cuidados de Óscar, quien tenía 17 años en ese entonces. Karmen sostiene todos los innumerables documentos que ha interpuesto para solucionar el caso de su hijo, ella cuenta que Óscar fue abandonado por un Estado que postergó su apoyo social y aguardó a que el afectado cumpliera la mayoría de edad para suspender las investigaciones y archivar el caso. Cuando Karmen acudió a la Fiscalía General del Estado (FGE) para interponer su denuncia contra el padre, le dijeron: “¿Su hijo ya tiene 17 años? Ah, ¿entonces para qué viene? Su niño ya puede ‘limpiarse’ solo”.

Cuando las investigaciones del DIF comenzaron, los funcionarios trataron de ubicar a Óscar en la casa de sus abuelos paternos.

Ellos mismos afirmaron que el menor no vivía con ellos. Sin embargo, Karmen asegura que mintieron al decir que su hijo vivía bajo el resguardo de ellos.

Bajo esta noticia, los viejos amigos de Óscar le habían advertido a Karmen que el menor estaba comenzando a reunirse con amistades “peligrosas” y que lo inducían al consumo de estupefacientes. En octubre de 2017 fue cuando acudió a la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) para solicitar la intervención de un caso que a ojos de Karmen estaba siendo omitido y postergado una y otra vez en el DIF Estatal.

Fue a finales de ese mes, noviembre y diciembre que Karmen y Alejandra lograron reencontrarse con Óscar.

El joven, quien tenía problemas de sueño, mala alimentación y adicción a las drogas, comenzó a recobrar poco a poco su lucidez cuando regresó al departamento con su familia. Pero a finales de ese año, Óscar decidió volver al taller mecánico por motivos propios.

Si Karmen no iba a impedir que su hijo regresara al ampa en el que habitaba, entonces ella empacaría lo necesario y se mudaría con él. Y así fue, en enero, recibiendo el 2018 hasta la futura muerte de Óscar en marzo.

Su madre requería de mayores esfuerzos. Había acudido a la Coordinación Estatal de Salud Mental y Adicciones para una beca de auxilio para la rehabilitación su hijo, pero la dependencia le había negado el apoyo por motivos presupuestales. No había dinero.

Las instituciones, cuenta Karmen, sólo se abocaron a llenar papelería sin tomar en cuenta los antecedentes que habían puesto una herida profunda al estado emocional de Óscar. La burocracia lo mató. Fue el 27 de marzo cuando Óscar perdió el rumbo.

Su estado anímico era tan insoportable para él que tuvo que salir, alterado, de la bodega que habitaba con su madre.

Alejandra, su hermana, le seguía el rastro por mensajes que les mandaba a él y a un amigo. Pero tenían que encontrarlo pronto para ayudarlo.

Un amigo de Óscar le mandó un mensaje a Alejandra, diciendo que se encontraba bien, durmiendo. Una foto fue la prueba de que Óscar estaba acostado en una cama, tranquilo. La comunicación se interrumpió a la una de la madrugada del día siguiente.

Fue a las 3:40 am cuando Karmen y Alejandra recibieron noticias de Óscar por parte de sus amigos: tiene horas que salió a la calle y les dejó su celular y otras pertenencias.

Alejandra llamó al 9-1-1 para pedir auxilio y hallar a su hermano. No había tiempo que perder, pues el historial de Óscar con la depresión podría convocar su muerte.

Sin embargo, las autoridades municipales no levantaron el reporte de la desaparición de Óscar. El tiempo corría cada vez más lento para Karmen.

Antes de desaparecer, Óscar había consumido cuatro pastillas y media de clonazepan. Suficientes para dormir a un animal. Karmen no podía creer que su hijo pudiera salir a la calle con esa cantidad de esa sustancia en su organismo.

Lo único que sabía su madre es que su hijo iba a regresar a la casa de su abuelo paterno, donde antes vivía antes de la denuncia por maltrato familiar que los obligó a largarse. Cuando lograron encontrar a los amigos de Óscar, Karmen les ordenó, de forma desesperada, que fueran a buscarlo en el patio de aquella casa.

Y ahí estaba él, sin vida. Las causas de su muerte fueron causadas por insuficiencia respiratoria aguda y asfixia mecánica por suspensión.

La FGE cerró la carpeta de investigación, luego de determinar que fue muerte por suicidio. Sin embargo, Karmen y Alejandra alegaron que fueron los acompañantes de Óscar quienes lo orillaron a quitarse la vida.

La Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes estaba a cargo del caso. Sin embargo, la CEDH determinó, según el expediente de la investigación en contra del padre de Óscar, que los funcionarios nunca hicieron constar que habían hecho una visita al taller donde el joven vivía. Antes de morir, el agente Carlos Villegas, sicólogo de la procuraduría emanada del DIF, realizó una constancia en la que informó que el 3 de febrero de 2018 acudió al domicilio donde vivía Óscar para realizarle una valoración sicométrica. Pero el examen fue frustrado, ya que el menor “se encontraba dormido”. Una nueva visita fue programada tres días después.

Sin embargo, la CEDH constató que el sicólogo Villegas no volvió a acudir a su visita con Óscar, omitiendo, de nuevo, el auxilio que tanto urgía. La inatención de la FGE, las omisiones de los funcionarios del DIF por parte de la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes para brindar atención sicológica, la falta de acción de la Policía Municipal, la omisión de cuidados de un padre; todo eso conformó un aparato social que, poco a poco, fue desgastando la vida de Óscar hasta arrancarla.

A casi un año de su muerte, Karmen y Alejandra continúan pensando, creyendo, que Óscar pudiera seguir durmiendo bajo un distinto techo, donde una carta pegada a la pared, escrita con letra de infante reza: “Mamá: Gracias por darme a la vida, por cuidarme toda la vida. The end Te quiero, Óscar” .

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