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La Golondrina y su Príncipe

Destaca talento chihuahuense en el musical

La puesta del director y productor chihuahuense Alberto Espino es arriesgada, emotiva y colorida

Gabriel Ávila/El Diario
Gabriel Ávila/El Diario
Gabriel Ávila/El Diario

Juan Carlos Núñez / El Diario

lunes, 28 noviembre 2022 | 05:00

El musical “La Golondrina y su Príncipe” del director y productor Alberto Espino, es sin duda la puesta en escena más grande y destacada que ha hecho, que además de ser impresionante por las dimensiones de su producción, lo más destacado es sin duda el talento chihuahuense, porque en sus ocho funciones en el parque El Palomar, ha cautivado por las voces de sus cantantes, cuadros de baile y la música que genera emoción y empatía entre el público.

La obra funciona al convertir el cuento clásico de Oscar Wilde “El Príncipe Feliz”, en una variante con aspectos originales como la adhesión de la historia del mismo escritor, que participa como narrador principal, le da vida al pueblo con muchos personajes singulares, la trama conocida entre la estatua y el ave, idas y venidas temporales, atreverse a utilizar la tecnología para crear animación, combinaciones de luces, acciones, mucho colorido, principalmente por la escenografía de gran tamaño, el rescate del estilo steampunk en los vestuarios, que no sólo es llamativo sino a veces atemporal aunque con destellos de moda de principios del siglo XX y lo victoriano no tan presente, pero sobre todo la coordinación de todo el elenco que da vida a un escenario tan grande que en todo momento hay movimiento, que genera en el público estar atento toda la función para no perderse nada.

Es de reconocer que todas las voces son muy agradables en todo momento durante las 27 canciones, que se escuchan; esto, además de la modulación de sonido para evitar ruidos como el viento y hasta la respiración. Sin duda alguna, el Príncipe, el Búho, la Golondrina, Oscar Wilde, son muy potentes y los demás no se quedan atrás.

La música, la mayoría muy tranquila, melancólica, alegre, bailable, sin estruendos o momentos de peligro, sino especial para recordar las diferentes tonadas. La orquesta, aunque no es muy grande, destaca en todo momento con el sonido. Sin duda, la flautista con su piccolo, la chelista y violinista, sobresalen por su carisma, indumentaria, solos y acompañamientos.

Llama la atención que toda la estructura, desde la base que es el escenario, los niveles, hasta las mamparas que funcionan como piernas de teatro, son totalmente sólidas y aunque existe viento exterior, nada se mueve, todo muy fijo, algo totalmente acertado por parte de la producción que utilizó mayormente acero, fierro y sólo en algunas partes la madera.

Las figuras que funcionan como hogares para el pueblo, un simpático zapatito, el tren, las habitaciones, son muy atractivas y sirven para entradas y salidas de los actores, bailarines y cantantes. La gran escalera, parte central, es inamovible y sólida, donde se puede apreciar como baja el elenco sin ningún problema de equilibrio. Se ve que se pensó en la seguridad de las personas, además de la estética. Incluso, la estatua del príncipe puede cargar con peso encima, un material muy resistente. 

Los momentos claves son varios, pero en cuanto la pantalla proyecta la parvada de golondrinas y se queda una, es cuando salen otras versiones tipo títeres en el escenario, que da lugar para la protagonista, que en lugar de hacerla animalesca, es una versión humana, con un vestuario en azul y rojo, muy estilo del ave, además que recuerda aquella vestimenta que utilizó Emily Blunt en el remake de Merry Poppins, claro que con un estilo steampunk. Sus alas, en lugar de plumas es un engranaje, que sorprende por su movimiento autónomo o a control remoto, y coordinado con momentos de la obra.

Sin duda, se roba el espectáculo por su carisma, su danza, su voz. Muchos fueron engañados al pensar que era una sola mujer, pero en realidad son tres, las que la interpretan.

Otro momento que sorprende es la aparición del príncipe, que en lugar de haber simulado la voz en off de la estatua, la proyección del rostro de adentro hacia afuera causa emoción. Al principio, se siente extraño por lo grande y curiosa que es, pero poco a poco se acostumbra a la imagen que habla y canta.

Hay otros cuadros simpáticos como la aparición de animales del bosque, que no son más que el mismo pueblo con cuadros de estos dibujados en tamaño real. Es poca la presencia, no rompe con el estilo de la escenografía y fue una opción más acertada, ya que usar botargas o disfraces, quizás hubiera sido algo bizarro y hasta de chiste “furro”, por lo que funcionan.

El cuento de cuando el príncipe era humano es otro momento muy emotivo, ya que el búho (que es otro cuya caracterización es similar a la golondrina, pero se identifica claramente como un ave). Ya el final, que para los que conocen la historia es muy obvio, es una de las situaciones de mayor clímax en esta puesta en escena, que es el público el que se encariña con los personajes, que en una función cantaron al unísono la melodía final al ponerse de pie y aplaudir.

El musical no es perfecto, pero tiene potencial para competir con otras obras nacionales de gran producción e incluso internacionales.

Los detalles más perceptibles son en la trama, hay altibajos en ciertos momentos, principalmente por las tramas individuales. Va de menos a más.

Se nota la falta de un antagonista principal o villano a vencer, aunque es muy evidente que el tiempo y frío son los que poco a poco se convierten en el aspecto malicioso. Hay algunos secundarios como el juez que encierra al escritor o una abuela mala, pero son fácilmente olvidables. Se podría decir que la villanía recae en la injusticia y la pobreza, ya que es el tema principal tanto para Oscar Wilde como para el príncipe, quien como último recurso, pide el apoyo de la golondrina, quien conmovida sacrifica su viaje al Sur para ayudar a la estatua del fallecido monarca.

En ocasiones, la proyección del rostro del príncipe puede cantar a destiempo con la voz.

Atreverse a hacer una historia, que realmente es corta y con sólo dos personajes que guían la trama, es de apreciarse al crear un cuento nuevo, canciones originales, música hecha exclusivamente para la obra y como todo en esta vida, puede mejorar.

El otro factor no tiene nada que ver con el espectáculo, sino el clima frío, ya que al ser una puesta en escena al aire libre, se notó cómo el público sufría de las bajas temperaturas, pero sin dejar de ver la función.

Es de admirar a todo el elenco, que de manera muy profesional sale a escena a pesar del frío y se gana el corazón del público. Sin equivocarse, el elemento humano es vital y lo más destacado de esta gran producción.

Las dos horas de este montaje son muy agradables, visualmente sorprende, hay escenas con movimiento, baile y canto en todo el escenario. 

Claramente, es una puesta en escena familiar, muy atractiva para los niños, no toca temas fuertes o controversiales, es una historia sencilla, emotiva y algo triste.  No es una crítica como tal a una sociedad, aunque puede referirse por las situaciones que maneja, es un cuento tranquilo con una gran producción digna para quienes aman los musicales, principalmente los infantiles o de cuentos de hadas. 

Para un público con desdén por estas temáticas, espectáculo  y acostumbrado a otro tipo de género, algún concepto político, sociocultural que cuestionar o filosofar, no es recomendable, ya que la finalidad es muy clara, entretener y sacar sonrisas. 

Sólo quedan cuatro funciones de esta puesta en escena, este jueves 1 de diciembre, cuyos boletos fueron agotados y las del 2 al 4 de diciembre, las entradas están disponibles esta semana.