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"El Curro", un fantasma ricamente ajuareado: segunda y última parte

La leyenda dice que quien terminó siendo el fantasma que recorre los caminos para llevarse a los hombres, fue en vida un minero español

Froilán Meza Rivera

viernes, 06 enero 2023 | 05:00

Pero ¿quién es "El Curro"?

La leyenda dice que quien terminó siendo el fantasma que recorre los caminos para llevarse a los hombres, fue en vida un minero español que había hecho la promesa de viajar desde Santa Eulalia hasta su natal Castilla con un enorme cargamento de lingotes de oro.

La promesa consistía en que el metal precioso, obtenido en la mina El Potosí, debía ser depositado en el templo de San Isidro, de Madrid, por un niño menor de 7 años. Dicen que la manda nunca fue pagada, y que desde entonces el espíritu de aquel español, apodado "El Curro", vaga por las ahora abandonadas minas de donde él extrajo oro a carretadas.

Manuel fue asistido por su hermano Juan Cano, quien vivía en ese tiempo en Santo Domingo después de haber radicado muchos años en el mineral de Naica, del cual fue presidente seccional.

Entre los dos lograron seis bestias para el cargamento. Cuán colosal iba a ser el botín, que las angarillas que fueron acondicionadas sobre tres burros, fueron reforzadas con cinchos del mejor cuero.

Camino a los cañones de Mina Vieja la noche siguiente con el tremendo tren de animales de carga, Manuel y Juan tuvieron cuidado de partir después de la media noche para no ser vistos por los vivos.

Al cabo de cuatro horas, don Manuel se arrancaba los cabellos de desesperación porque, increíblemente, nunca pudo regresar a la cueva del "Curro".

Dice Panchito que ese fue el principio del fin para Manuel Cano, "porque de ahí le vino una enfermedad que los médicos nunca le dijeron qué tenía, y menos lo curaban porque nunca le hallaron nada".

De todas maneras, esto que le cuento ahora, es la pura verdad, porque me consta, yo conocí a don Manuel, quien duró todavía rato trabajando para la compañía. "Y no se crea, no a cualquiera le contaba su historia el señor, a mí sí, porque me tenía confianza".

Y el hombre que una noche cabalgó en ancas con "El Curro", sobre aquel precioso caballo negro ricamente ajuareado, se consumió lentamente de extraños males, hasta que se murió, seco.