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El otro rostro de la migración en Chihuahua

Grandes contrastes entre la población extranjera local

César Lozano/El Diario

domingo, 28 marzo 2021 | 15:04

La población migrante de la ciudad de Chihuahua es heterogénea, diversa, y presenta diferentes patrones ajenos a las historias de tragedia y necesidad que acostumbramos a leer cuando se trata de personas y familias originarias de países como Honduras, Guatemala y Haití; otra población, con recursos académicos, intelectuales y económicos, llegó para establecer su vida en la capital del estado y de diferentes formas se integra a la vida económicamente activa de la ciudad.

Con estudios de postgrado, ahorros en dólares y euros y una circunstancia en donde los principales obstáculos al llegar a Chihuahua se encuentran alejados de aspectos básicos de supervivencia, esta población encuentra aquí un nicho de oportunidad y una ciudad pujante, de acuerdo a lo que comentaron la ucraniana Halyna, la rusa Anastasia y la venezolana Angie.

La ucraniana Halyna planifica su negocio

Halyna Vlasnyuk, ucraniana de 25 años, tramita su residencia legal en el país luego de llegar hace dos años y medio en calidad de turista y casarse con su esposo chihuahuense, a quien conoció cursando una maestría en administración de negocios en Barcelona. Ahora trabaja en perfeccionar sus recetas de repostería y en la materialización de un proyecto de restaurante con recetas europeas polacas y francesas.

En Kiev, su ciudad natal, trabajaba en una empresa de telecomunicaciones, es hija de una nutrióloga dueña de su consultorio y un desarrollador de software en telecomunicaciones, quienes le han brindado una buena calidad de vida y apertura de oportunidades.

Chihuahua la recibió bien, vivió un tiempo en la casa de sus suegros mientras terminaban de construir su casa en el sector del Reliz; su mayor problema al principio fue la barrera del idioma, batallaba para encontrar el sentido a muchas conversaciones y al humor mexicano.

Antes de conocer México, tenía referencias de los conflictos fronterizos con Estados Unidos, el narcotráfico, el tequila y el tercermundismo que comparte con Ucrania, sin embargo, considera que la economía mexicana es más desarrollada que la ucraniana y, considera también que los trámites burocráticos son mucho más ágiles.

“Yo no sé si puedo salir en la noche sola, o no, porque todos me dicen que no, pero gracias a Dios, yo no he vista nada malo todavía, pero todos hablan de eso”, comenta respecto de su impresión de la inseguridad que dijo, a su ver se trata de un problema de educación, porque a pesar de conocer varios países, en Chihuahua es donde ha visto la mayor cantidad y el mayor equipamiento de policías.

“Yo no migré por necesidad, lo hice porque quise, si yo no tuviera un esposo de aquí viviría bien en Ucrania. Me considero afortunada porque yo no tengo la necesidad de pedir un refugio, como muchas personas que tramitan el refugio político. Considero que sí he tenido mucha suerte en la vida y puedo ver cosas desde diferente lado, porque vengo de un lugar estable, de una familia sin problemas graves financieros, y mi perspectiva es diferente a la de otros migrantes”, dijo al final en perfecto español con acento de su lengua natal.

Es difícil la adaptación de los rusos: Anastasia

Anastasia Shiverskikh, rusa de 26 años originaria del este de Siberia, colindante con China y Mongolia, llegó a Chihuahua en 2019 para vivir con su novio chihuahuense al cual conoció años atrás mientras ambos cursaban una maestría en Finlandia.

Hija de una empleada del gobierno ruso, llegó a Chihuahua especialista en mercadotécnia y directora de área en una empresa estadounidense; también consiguió trabajo en una institución educativa local. Se estableció con su pareja en el sector de Quintas Carolinas, en una casa con espacio suficiente y entorno agradable.

Antes de mudarse a Chihuahua había viajado un par de veces a México y asegura que no ha vivido momentos difíciles en México, sólo se le han complicado algunas costumbres como la cercanía familiar de los mexicanos, debido a que en su cultura son más prudentes y renuentes a la apertura personal.

“No diría que mi estancia es incómoda, pro tampoco diría que es fácil, porque es una cultura bastante distinta a lo que yo estoy acostumbrada. Abrir mi cuenta de banco me llevo tres meses porque tenían que revisar muchas cosas y juntar muchos papeles… aquí no hay muchos rusos y las cosas cotidianas son un poco difíciles”, comentó antes de concluir.

Chihuahua es una ciudad de oportunidades: Angie

Angie Vanesa Cedeño González, de 37 años, es originaria de Puerto La Cruz, Venezuela, licenciada en comunicación social, se desempeñaba como conductora y editora de noticias en la televisión de su país, pero la crisis económica y las carencias derivadas por los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro la orillaron a migrar en 2015 y encontró en Chihuahua una tierra de oportunidades, donde ahora administra grupos de Whatsapp y Facebook dedicado a la comunidad venezolana local.

Hija de un contador y abogado con despachos propios, comenta que su padre ha logrado sobrevivir gracias a que dolarizó su oficina. Angie, menciona que desde que tomó la decisión de migrar, renunció a hacer valer su título profesional y se mentalizó a realizar incluso los trabajos más modestos, con tal de tener un ingreso.

“Lo que sea, aunque sea limpiando el piso porque yo cuando salí de Venezuela, me dije: quítate eso de que eres licenciada y no se qué, porque vas a otros lados y allá nadie te conoce, allá tú no eres nadie”.

Por medio de un amigo, contactó a otra venezolana radicada aquí, quien le abrió las puertas de su casa. Durante un año, ahorró todos sus ingresos en dólares para luego, con el aval de su familia, tomar un avión hasta la ciudad de México y de ahí otro para Chihuahua.

Duró 6 meses sin trabajo y su primer empleo fue en una escuela de idiomas, donde picó piedra durante tres años hasta llegar a gerente y, fue así, como el dueño colombiano le ayudó a solucionar su situación migratorio. Confiesa que al momento de tomar su primer trabajo sólo le quedaban mil pesos y durante esos meses le negaban la oportunidad de empleo por su situación migratoria.

“Lo que me impulsó más, fue cuando me dijeron que me podían ayudar con los papeles, porque en realidad no me gustaba el trabajo, porque vender intangible es… dificilísimo”, dice con un simpático gesto de pesar. Antes de su primer trabajo formal impartió clases de danza árabe en un centro comunitario de la colonia Unidad Proletaria.

En 2018 contrajo matrimonio con un chihuahuense, pero aclara que fue por amor: “Yo me casé por amor, no por papeles”, afirma y ríe, y aclara que el hecho de casarse no le ayudó a regularizar su situación migratoria, como ocurre en países como Estados Unidos.

Luego de su trabajo en la escuela de idiomas, laboró en el departamento de ventas de una agencia de viajes, actividad disminuyó con la pandemia y la obligó a ingresar a la empresa de venta de mobiliario de oficina, donde presta sus servicios en la actualidad. Narra que a los tres meses en Chihuahua sufrió un asalto a mano armado en la colonia Panamericana.

“Veo que Chihuahua es una ciudad de oportunidades, aquí el que quiere puede, si tu ves alguien en el piso, es porque la verdad no tiene ningún espíritu de salir adelante, porque las condiciones están dadas para que te vaya bien aquí, la verdad”, resalta con tono contundente y afirma que de aquí ya no se va.

Angie forma parte de la comunidad migrante de profesionistas que les cuesta más trabajo la integración a la vida económica local, sin embargo, su pujante voluntad y el ejemplo del desastre económico y social de su tierra, le impulsan a buscar una mayor calidad de vida. La comunidad venezolana en Chihuahua se compone de alrededor de 120 personas.

El rosto migrante de la mendicidad

“No están fijos, no hay gente fija. Llegan, se hospedan y vence a las 11:00 (de la mañana) la habitación, se les toca y se van. A veces vuelven y a veces no, pero no están fijos. Si no tienen dinero la habitación se desocupa”, dijo con tono firme el encargado de un pequeño hotel de la calle Aldama, quien pidió la reserva de su identidad.

Indicó que la mayor parte de los migrantes que se encuentran de manera fija irregular se concentran en los hoteles San Juan, Roma, Centro Viajero, Balflo, Cortés, entre otros, donde les cobran incluso 600 o 700 pesos por semana, recursos que obtienen a través de la mendicidad en diferentes cruceros de la ciudad, según le refieren a él mismo los clientes.

“En estos hoteles los precios son más baratos y sí se permiten visitas, aquí no, siempre se queda uno, pero como todos fuman marihuana y se drogan, luego llegan varios y quieren pasar y dicen que van con su hermano, con su hermana o con su primo, pero aquí sólo llega la gente que se hospeda, entonces se sienten incómodos con esas reglas. Los que sí llegan seguido son los que traen familias”.

Refiere que lleva años viendo a la misma población que se establece de manera temporal en diferentes hoteles económicos del centro de la ciudad, e incluso, asegura que en su establecimiento varias personas intentaron dedicarse a la prostitución y a la venta de droga, lo cual impidieron y amenazaron con dar aviso a las autoridades.

“Casi todos son de Honduras, Guatemala, El Salvador… la mayoría son hondureños, algunos blancos, mulatos y negros (afroamericanos); en esos hoteles que le digo, ahí se encuentra a la mayoría de la gente de otros lados, pero casi no están fijos, se dedican a pedir dinero y otros venden dulces”.

Luego de platicar con el dependiente del hotel, se observaron a dos jóvenes afros en la esquina de las calles décima y Victoria, justo afuera del Hotel del Carmen donde se ejerce la prostitución. Hablaban muy poco español, estaban bien vestidos y postaban cadenas plateadas, vistosas.

Nelson dijo tener cinco días en Chihuahua, ser turista y era el más renuente y corpulento mientras que Wilfred, bajo de estatura, tímido y más accesible, vestido sport, dijo trabajar en la maquila Superior y vivir en Villas del Rey. Con un tono un poco agresivo se negaron a tomarse una foto de espaldas, sin que se les notara su rostro.

Es común observar población migrante pidiendo ayuda económica en cruceros de diferentes sectores de la ciudad, quienes no se integran a la vida económica por falta de estudios o disposición de ajustarse a un salario limitado, pues a través de la mendicidad pueden satisfacer, al menor, sus necesidades más elementales de techo y alimentación.

Los rostros son diversos, y sus ojos han visto diferentes realidades derivadas de la circunstancia económica y social de sus lugares de origen, y mientras tanto, en Chihuahua las autoridades del Instituto Nacional de Migración (INAMI), mostraron total renuencia a brindar datos que permitan conocer el tamaño de la población migrante local, los países de donde provienen y otros aspectos generales de interés público.

Las políticas migratorias entre México y Estados Unidos, que impactan al igual a las poblaciones de Centroamérica y Sudamérica, aún no quedan definidas en una estabilidad y, mientras esto ocurre, seguiremos viendo contrastes, polos e inequidad, entre quienes se establecen con todas sus facilidades y quienes migran por el desplazamiento forzado.