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El tiempo pasa y él sigue trabajando

Antes tenía que arreglar hasta 20 relojes por día, ahora pueden ser máximo tres y cosas sencillas: relojero

Juan Carlos Núñez
sábado, 22 junio 2019 | 14:46
Juan Carlos Núñez

Chihuahua, Chih.- Ramón Reyes Téllez, de 81 años, es uno de los pocos relojeros que quedan en la ciudad, quien ha tenido que adaptarse a los tiempos modernos, pero sin perder la pasión que tiene por su oficio, el cual ha sido su vida entera.
Se ha dedicado a la relojería desde 1959 cuando después de aprender el oficio, ya no paró y ha trascendido por tantos años.
Comenzó en un negocio en la avenida Ocampo y Morelos; sin embargo, desde 1980 se mudó a la calle Segunda casi esquina con Juárez, donde mantiene su establecimiento. 

Reconoció que la reparación de relojes ya no es como hace algunas décadas, donde el negocio era muy redituable, ya que la gente solía acudir a que les arreglaran los relojes y cuyas piezas eran especiales, que en la actualidad la mayoría de las máquinas son de desecho, incluso algunos de marcas muy finas tienen partes que son desechables.

Sin embargo, conforme ha pasado el tiempo, se ha adaptado junto con su hija, quien administra el negocio y no sólo hace reparación sino venta de extensibles, relojes de pulsera, baterías y entre otros artículos, algo que le ha ayudado a que funcione y el oficio todavía sea rentable.
Entre los precios que maneja, van desde cambio de perno o corte de estabón en 30 pesos, hasta las reparaciones de engranaje y maquinaria, que si es necesario el cambio completo, puede ser en 350 pesos, algunos
más finos en 600 y otros de más calidad en 800 pesos; aunque los trabajos más caros suelen ser para los coleccionistas de relojes antiguos o poseedores de otros de lujo.

“Antes tenía que arreglar hasta 20 relojes por día, ahora pueden ser máximo tres y cosas sencillas. Era muy común arreglar los relojes de cuerda; llegan los de pilas y aunque el funcionamiento es el mismo, la forma de reparar es diferente”, comentó el famoso relojero del Centro.
Otro detalle importante es que aunque es un oficio menos común en estos días, gracias al buen trato, eficiencia y profesionalismo, ha ganado prestigio y es de los más conocidos de la zona, así como referencia
para quienes buscan reparar sus relojes de bolsillo, de pulsera o más grandes.
Con tanta experiencia, es un maestro que domina el arte al sumergirse en diminutas piezas y así, salvar una obra maestra porque cada reloj es tan complejo, que tanto la fabricación como la reparación es toda una
proeza. Cada engrane debe estar perfectamente diseñado para permitirle funcionar, al tener alrededor de 60 piezas. Para ello, usa herramientas especiales y lentes con buena graduación, que desde su ojo aprecia
toda la maquinaria y paso por paso desarma, rearma y compone lo que tenga falla, sustituye aquello que ya no sirva, lo deja listo para volver a funcionar y entregarlo al cliente satisfecho.

Como dato adicional, un reloj mecanizado que tiene calendario, fase lunar, reserva de marcha y da la hora, puede llegar a tener hasta mil 250 piezas diminutas. 

Todo debe funcionar y moverse al ritmo exacto para que el dueño simplemente lo vea y administre su tiempo.

Tantas piezas, engranaje, manecillas, motor, funcionamiento, tiempo y dedicación; todo debe ser conocido para el relojero, que como todos, aprendió de manera empírica, pero se ha vuelto todo un experto en este arte, que realmente pocos tienen la habilidad y la paciencia para dedicarse a este oficio, algo digno de admirar.

Una buena noticia es que actualmente existe una tendencia de conservación y evitar consumir lo desechable por el bien de la ecología y del planeta, por lo que varias empresas dedicadas a la venta de relojes han comenzado a retomar los productos de gran duración sin uso del plástico, no obstante, es un proceso lento para que la población adopte nuevamente esta costumbre de no desperdiciar todo lo que compra.
Mientras que los años pasan, las tendencias cambian, el estilo de vida se modifica, Don Ramón sigue en su labor, es respetado, es querido y siempre será necesario aunque sea para hablar de un oficio, que se niega a desaparecer.