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Enterró al muerto en dos pedazos

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Froilán Meza Rivera

jueves, 10 noviembre 2022 | 05:00

"Nana Teté, tu niña necesita que le cuentes otra vez la historia del descabezado en el panteón, porque es media noche y las ánimas van a comenzar a rondar y molestarnos".

"Pero, niña, ¿de veras crees tú que, si invocamos a un muerto, nos va a proteger de los demás? Ya está visto que, en esta casa, lo mejor es que caigamos dormidas para no darnos cuenta de lo que hacen alrededor esos espíritus inquietos".

"Pero, nana, por favor, cuéntame una vez más lo del hombre sin cabeza que se aparece en el camposanto, anda, que no se te quita nada".

En las inmediaciones del Panteón de la Regla, que es ahora un parque, en la casa de la esquina sureste, contraesquina con el panteón, vivía una familia avecindada ahí desde principios del siglo Veinte. El padre, al parecer, fue un comerciante en ganados a quien su esposa dejó viudo muy joven y con una niña, hija única a la que le contrató una nana para que cuidara de ella desde edad muy tierna.

La casa, que se levantaba sombría hacia la calle Ignacio Ramírez, estaba pintada de blanco, pero la pintura se le desprendía a grietas y se erosionaba por la acción de los elementos, a falta de cuidados. Las puertas y ventanas estaban permanentemente cerradas, en virtud de que el comerciante envejecía prematuramente de pura tristeza.

La niña contaba con la sola compañía de aquella mujer de mediana edad que tenía fama de bruja, porque era de la costa de Veracruz y porque conservaba costumbres de sus antepasados negros, traídos como esclavos a la Nueva España varios siglos atrás.

Mireya creció en medio de los relatos de su nana, referidos tanto a las tradiciones macabras del barrio del panteón, como a legendarias historias de la costa, a la santería y a cultos híbridos entre cristianos y africanos.

"Dicen que Nuestra Señora de la Regla nunca toleró que en su panteón se sepultara a quienes cometieron suicidio, y dicen que la misma tierra los rechaza".

"Pero, nana, ¿por qué?"

"Lo que digo, mi niña, es que los panteones tienen la bendición de Dios, porque en ellos están nuestros cuerpos corruptos, y algo de divino debe tener la tierra, porque al final de los días, Dios reclamará a todos, vivos y muertos, a su presencia, y estos últimos saldrán de la tierra, y sus cuerpos se compondrán a cómo eran cuando vivían".

"Sí, nana, sigue la historia".

"Pues bien, mi niña, dicen las gentes del barrio que entró al panteón un señor que se había suicidado porque no aguantó la angustia de tener deudas de juego por muchos miles de pesos, y que su familia pronto abandonó al muerto, enfadados por las deudas que les dejó para pagar".

"¿Y es el que se aparece aquí, nana?"

"Es que la tierra lo repudió, y dicen que el hoyo de la tumba vomitó el cadáver con todo y la caja de madera, y que un día amaneció el suicida afuera, dándole el aire de la mañana y mojándole la llovizna".

"¿Y no había sol?"

"No, mi niña, el sol también rechazó al infeliz suicida, y no apareció en todo ese día".

"¿Y qué hicieron con el señor?"

"El administrador del panteón, un señor muy viejo y con mucha experiencia en gente fallecida, se dio cuenta cabal de que la tierra del camposanto no quería a ese muerto, y mandó llamar al hijo mayor y a la viuda, y les regresó el dinero que habían pagado por la tierra, y les entregó caja y cadáver para que se lo llevaran lejos".

"Nana, ¿y se lo llevaron?"

"Dice la gente que el hijo escondió el cadáver con la caja de madera en el patio de su casa, y esperó a que anocheciera para regresarlo al mismo panteón, donde pensaba enterrarlo con sus propias manos".

"¿Y qué pasó, nana?"

"El muchacho no pudo entrar al camposanto porque la reja estaba cerrada con candado, pero como ya traía la pala, dicen que removió la tierra en un rincón, afuera del muro, y que ahí lo enterró sin avisar a nadie".

"¿Y por eso se nos aparece el descabezado aquí, nana? Pero ¿por qué sin cabeza?"

"Ah, es que dicen que, teniendo el cuerpo del padre a un lado, al muchacho se le escapó un golpe de pala y le desprendió la cabeza sin querer, y ya sin remedio enterró al muerto en dos pedazos".