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Día del Libro

Hay cada vez menos lectores, pero se leen más libros

La contingencia influyó para que se leyera más

Salud Ochoa / El Diario

viernes, 12 noviembre 2021 | 05:00

Chihuahua.- En México, hay cada vez menos lectores, pero estos leen una mayor cantidad de libros particularmente las mujeres que superan al sexo contrario. Lo anterior según datos arrojados por una encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicada en abril de 2021.

La situación en Chihuahua es similar, aunque a decir de la coordinadora del Programa Salas de Lectura, Gabriela Trujillo, no es que a la gente no le interese la lectura, sino que el acceso a los libros es difícil y en ocasiones costoso.

Para el editor Aarón Castañón, el libro sigue estando por debajo de los estándares, por tanto, se trata de las prioridades de cada persona ya que se gasta lo mismo en comprar un libro que en ir al cine y, mientras que en el cine te diviertes dos horas con un libro puedes durar una semana o más.

“Las expresiones respecto a que a la gente no le interesa la lectura es errónea, lo que ocurre es que no hay el suficiente acceso a los libros o no están en donde la gente puede ir y esa es la idea del programa, ponerlos al alcance de las personas. Tenemos una actividad que se llama “siembra de libros” en la que los ejemplares se dejan en las jardineras junto al árbol y la gente se acerca y se lo lleva. Para que se quiten esa idea de que los libros son inalcanzables por ser caros y que vean que sí hay maneras de acercarse a ellos”, señala Trujillo.

En este contexto, algunos escritores señalan que la escritura también requiere tiempo y un trabajo intelectual que no es valorado por las instituciones culturales y en ocasiones tampoco por los consumidores. “Regalar un libro está bien, cuando lo haces por gusto a un amigo, pero de allí a que se pretenda que los libros no tengan un costo, es una falta de respeto para quienes sí trabajamos con seriedad”, coinciden.

La encuesta del Inegi refleja que el 71,6 por ciento de la población adulta que sabe leer y escribir leyó algún libro, revista, periódico o página de internet. Sin embargo, hay una reducción gradual por año desde 2016, cuando la población lectora en el país era un 9,2 por ciento más grande. En contraparte, el promedio de libros que leyeron los adultos en los últimos 12 meses fue de 3,7 ejemplares, cifra mayor a los 3,1 alcanzados en 2018. Las mujeres declararon haber leído más ejemplares que los hombres: 3,9 en comparación al 3,5 de ellos.

Según la coordinadora de Salas de Lectura, cuando las actividades que se realizan a través del programa se llevan a lugares públicos hay buena reacción de la gente, lo que da pie a pensar que la falta de un buen “guía lector” puede ser otra de las causales del distanciamiento con las obras literarias.

“Cuando tenemos estas actividades en exteriores a la gente le gusta y si no se ha acercado a los libros, es porque no ha tenido cerca un buen mediador de lectura que le diga qué opciones hay en cuanto a temáticas, autores y demás. Ahí vamos, claro que es un trabajo que quisiéramos que nos diera resultados más rápido, pero es lento. También queremos quitar esa idea de que a nadie la interesa la lectura, más bien hay que salir a la calle para que el libro encuentre a su lector y el lector a su libro, no esperar solo que la gente vaya a las librerías o bibliotecas también es necesario hacer otras cosas”, dice.

En chihuahua se tiene un registro de 267 mediadores de lectura en activo distribuidos en todo el estado, en el mismo número de salas y círculos de lectura, que se encargan no solo de promover esta actividad sino de incentivar a los usuarios escribir, analizar, etc.

“Las salas de lectura son espacios coordinados por un mediador voluntario que hace esta labor de formar un círculo de lectura para prestar libros, hablar sobre ellos, escribir, discernir, etc. Luego de recibir capacitación los círculos se convierten en salas de lectura. Algunos acaban de terminar un diplomado en el tema, que consta de 4 módulos con duración de 120 horas. Fueron 46 mediadores los que terminaron su formación. También hay personas que tienen interés y no los podemos hacer esperar un año para que tomen el diplomado, entonces se capacitan con instructores locales para que puedan abrir su círculo lector, pero mientras no tengan su formación de mediador pues no puede llamársele sala de lectura”, explica Trujillo.

El Inegi destaca la importancia de fomentar la lectura tanto en la escuela como en casa ya que esto contribuye a la formación de la población, a su acercamiento a las expresiones de la cultura y al desarrollo de una conciencia crítica. El informe indica que un 77,2 por ciento de la población lectora declaró que recibió motivación para leer.

Durante la pandemia, dice Gabriela Trujillo, las actividades en las salas de lectura tuvieron que adaptarse a la nueva realidad y, aunque algunos participantes ya estaban cansados de la comunicación virtual, eso redundó en un mayor préstamo de libros.

“Hubo de todo. Este programa es más bien de contacto, de reunirse presencialmente en algún espacio, sea en una casa, cochera, cafetería y con la pandemia hubo que cambiar, adaptarse como todos. Se busco la manera. Algunos se contuvieron, pero la gente se fue adaptando, hay personas que no se vieron con sus lectores, pero por mensajes se conectaron o con reuniones virtuales. Cada grupo se adaptó y adecuó a las necesidades y tiempos de cada uno. Hubo momentos en los que los jóvenes de plano dijeron que ya no querían más reuniones virtuales porque estaban cansados por las clases. Cada comunidad lectora se va adaptando y eso es lo interesante del programa que no es algo rígido sino flexible. Sin embargo, sí hemos visto que hay un aumento en la solicitud y préstamo de libros”, asegura.

La industria editorial local por su parte, sufrió un duro golpe con la pandemia ya que disminuyó hasta en un 50 por ciento la producción de libros

“Algunos colegas sí cerraron. Se redujo mucho la publicación de libros y como negocio, de alguna forma fueron las escuelas las que nos rescataron debido a que los maestros se dieron cuenta que el nivel de retención en los estudiantes es mucho mejor en papel que en electrónico. Instituciones que habían dejado de requerir libros impresos volvieron a ellos y eso ayudó mucho. En cuanto a la publicación de autores independientes aún no se recupera del todo, digamos que se producen la mitad de los que se publicaban antes”, señala Aarón Castañón.

Pero, ¿Por qué la gente no lee?

“No es una respuesta fácil, son muchos los factores a considerar. Si consideramos la lectura estrictamente como el abordaje de un texto, hay que distinguir entre la lectura en el entorno escolar y fuera de éste”, dice la filósofa y mediadora de lectura Beatriz Moreno.

Señala que en las escuelas se hace una labor de alfabetización, pero el acto de leer suele resultar tedioso, sentirse como una carga y en ocasiones solo se hace para responder preguntas.

“En la escuela nos alfabetizan, en el mejor de los casos, pero pocas veces nos vuelven lectores. La acción de leer suele ser tediosa, demasiado estructurada y hasta dolorosa. Leer en la escuela está asociado con una finalidad específica: responder un cuestionario, presentar un resumen, ensayo, ficha de lectura. Es más una herramienta para obtener una buena nota que un gusto obtenido. Los programas de fomento a la lectura por lo general son puestos en práctica como una asignatura más, esto equivale a que los estudiantes llegan a sentirla como una carga”.

Moreno Béjar dice que la biblioteca escolar sigue siendo el lugar donde se solicita un libro y los bibliotecarios no suelen involucrarse en actividades de fomento de la lectura. Además, los maestros lectores también son escasos.

“Hay docentes que se quejan de los malos resultados en ciertas asignaturas, sin embargo, difícilmente lo asocian con que los estudiantes no tienen referente para las palabras o signos de la materia en cuestión. Hay pocos profesores lectores”, puntualiza.

Según el INEGI, en 2016 el 80,8 por ciento de la población declaró haber leído algo en el último año, aunque fuese una historieta en un periódico o un blog en internet. La cifra bajó a 79.7 por ciento en 2017 y tuvo una nueva caída en 2018 al llegar a 76,4 por ciento. Para 2021, solo el 71,6 por ciento de los encuestados leyeron algún material en el último año. Se trata de un mínimo histórico desde que empezó el registro.

Sin embargo, la estadística establece un incremento en las personas que declararon haber leído al menos un libro en los últimos 12 meses, a diferencia de la lectura en general. Un 43 por ciento aseguró haber consumido algún tipo de libro, a diferencia del 41,1% que dijo lo mismo en 2020. El Inegi lo atribuye a la situación de contingencia en el país, ya que al pasar más tiempo en casa se lee más. En promedio, la población lee 3,7 ejemplares al año en vez de los 3,6 que leían el año anterior y muy por encima de los 3,1 de 2018. Las mujeres declararon haber leído más ejemplares que los hombres: 3,9 frente a 3,5.

El informe del Inegi indica que nueve de cada diez personas con al menos un grado de educación superior declararon leer material diverso como revistas, periódicos, libros, ebooks, o páginas en internet. Mientras que, aquellos que no concluyeron la educación básica, solo cinco de cada diez declararon haber leído.

El tiempo de lectura que estos dos grupos le dedican a esta actividad también varía, siendo de 50 minutos una sesión media en las personas con educación superior y solo 35 en aquellos que no terminaron la educación básica.

En lo que respecta al motivo de la lectura, la mayoría de los lectores asiduos lo hace por entretenimiento (un 41,6%), por profesión o estudios (25,1%), por cultura general (18,5%) o por religión (11,6%).

Entre 2016 y 2021, el porcentaje de población lectora de libros en formato digital pasó de 6,8% a 21,5%; los lectores de revistas aumentaron de 2,6% a 21,6% y los de periódicos digitales, de 5,6% a 21,3%. En cuanto a tipo de libros, el que más leyó la población fue de literatura con 36,1%; seguidos de aquellos de alguna materia, profesión o para uso universitario con un 30,8%.

A pesar de los meses de confinamiento ocasionado por la pandemia, los dos motivos principales de la población adulta que declaró no leer ningún material fueron, al igual que en 2020, la falta de tiempo y la falta de interés, motivación o gusto por la lectura”, señala el citado informe.

Celebran Día nacional del libro este 12 de noviembre

Este 12 de noviembre se celebra el Día Nacional del Libro y, como ocurre cada año, se tomará el trabajo de un autor o autora para leer y promover el conocimiento del mismo. Esta vez será la obra de la escritora Inés Arredondo la que sea objeto de análisis.

“Este año le toca a la escritora Inés Arredondo, una de las cuentistas mexicanas de mayor renombre. Se hará énfasis en hablar sobre su obra porque sus narraciones marcan un parteaguas en la literatura mexicana debido a los temas que abordó. Lo que estamos haciendo es solicitar a los mediadores de lectura y sus lectores que, a través de algunos pequeños videos hagan lectura sobre la obra de Inés de tal forma que el día 12 podamos subir alguno de esos videos para que se vaya conociendo un poco más la obra”.

Como parte también de las actividades del Día del Libro, se llevará a cabo la inauguración de bardos en bardas con diferentes temáticas.

“Se hacen pinturas a partir de conocer la obra de un autor, lo que ellos piensen es lo que plasman haciendo una pintura allí y luego un pequeño fragmento de la obra de donde surgió esa pintura. Se develarán estos murales en 9 regiones del estado y se harán también allí lecturas en voz alta en torno a los murales. Desde el miércoles empezamos en Aldama. Aquí vale recalcar que cuando se hacen este tipo de actividades, que son más abiertas al público, la gente se acerca para ver qué ocurre y empiezan a interesarse por quién lo hizo. Eso también nos sirve para invitar al resto de la comunidad para que se entere de lo que son las salas de lectura y se puedan sumar al programa”.

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