Local

La casa endiablada de Lomas del Santuario

.

Froilán Meza Rivera

miércoles, 28 septiembre 2022 | 05:00

“El Cuervo” y “El Chacal” nunca midieron las consecuencias de haberse introducido a una residencia llena de gente, ellos sólo pensaron en robar, pero en la confusión que siguió, asesinaron a la mitad de las ocho personas que esa noche dormían ahí.

Los ladrones, quienes venían del barrio del Puerto de San Pedro, masacraron a la familia a machetazos, y en su desesperación por no verse atrapados, dejaron un espantoso reguero de sangre y de miembros en el pasillo y en una de las recámaras de la mansión de los Saad.

Es que “El Cuervo” y “El Chacal” entraron lo más sigilosamente que pudieron, después de brincar la cerca metálica, y pasaron sin problemas por el jardín. El jardinero de entonces, don Agustín, quien todavía hoy va una vez por semana a resguardar la propiedad, no escuchó ningún ruido desde su casita, al fondo del patio.

Nadie escuchó cuando los rateros forzaron su entrada por el frente con una pata de chiva.

Sólo uno de los varones de la casa despertó en un principio cuando escuchó los ruidos que hicieron los invasores, que estaban desesperados tratando de encontrar la caja fuerte detrás de los muebles y de los cuadros de una de las estancias de abajo. Llegó el señor Saad con poca precaución y lo sorprendieron y lo mataron a machetazos, igual que a otros tres miembros de esta familia de libaneses mexicanos.

Esto sucedió alrededor de 1940, según el testimonio del señor Constantino Reza, quien vive todavía en donde terminan Los Arquitos, y quien recuerda que fue todo un escándalo que llenó de indignación y temor a la sociedad chihuahuense de entonces.

La casa de la masacre, en Presa La Boquilla número 3007, de Lomas del Santuario, nunca ha podido ser repoblada desde entonces, ya que varios intentos por rentarla y por ocuparla han fracasado debido a una serie de eventos desafortunados.

Allá por 1965, una familia que hizo un contrato de arrendamiento, salió corriendo porque aseguraron que ahí los espantaban.

De noche, los pobladores de Lomas tratan de evitar pasar por aquí a pie, porque aseguran que, desde la matanza, la casa la habita el demonio.

Existe el testimonio de una señorita que hace 22 años fue correteada por “un ser diabólico” desnudo, de quien dice “me pensaba matar, pero sentí que lo que quería era llevarme con él al infierno”. Ella se salvó gracias a que fue rescatada por un taxista que pasaba a dos cuadras de aquí.

Estudiantes de secundaria refieren haber venido a pasar la noche en las ruinas, pero dicen que tuvieron que salir casi corriendo porque aquí el ruido de cosas que caen y los murmullos como de voces apagadas, y de aves que graznan espantosamente, resultaron insoportables para los tiernos corazoncitos adolescentes.

Más recientemente, un incendio que al parecer fue provocado hace dos años por un grupo de vagos, fue motivo de que los fotógrafos de prensa ya no quieran ni siquiera pasar por enfrente. Es que, a la hora de revelar una de las fotografías, entre las llamas se formó claramente una cara de demonio, una clásica representación del mal que conmocionó al fotógrafo y a al laboratorista que lo asistió.