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La línea roja de la desesperanza

'Más que el Covid, está la soledad, incertidumbre y el miedo'

Francisco López/El Diario

Salud Ochoa/El Diario

lunes, 09 noviembre 2020 | 10:22

Chihuahua.- La bandera en Chihuahua hoy no está a media asta. No hay señal de duelo y luto en la ciudad, sin embargo, las cifras mortuorias van al alza. Los colores del lábaro patrio no ondean con el viento de otoño como otros días, pero la muerte ha tomado por asalto la capital en un vaivén cínico que va en ráfagas de este a oeste y viceversa. El rojo destaca en los informes oficiales, las gráficas, el mapa de Chihuahua, los letreros que penden de las paredes y el semáforo imaginario de la pandemia.

En los hospitales, las flechas que indican el camino hacia el área Covid también son rojas, como el estrés, la angustia y el temor generalizado que se ha derivado de la enfermedad y que se percibe en los rostros de quienes han entendido la realidad y la emergencia.

100 muertos más y 427 nuevos contagios en el estado estimulan el desaliento.

Los nosocomios se han vuelto “zona de guerra” o quizá de esperanza. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Nadie lo tiene claro hasta que ingresa a un sitio como ese que a simple vista genera miedo, tanto para quienes trabajan allí como para aquellos que buscan atención y ayuda médica.

Ninguno sabe cómo saldrá, si es que lo hace, porque los insumos son escasos y la carga viral incalculable. No hay equipo ni medicinas suficientes, pero sí Covid por todas partes como un enemigo invisible. El personal médico sabe el riesgo que corre y pide ayuda, mostrando las batas casi transparentes que en algunos sitios les dan para protegerse.

Algunos prefieren simplemente no pensar en ello y enfocarse en un “sólo por hoy” esperanzado de mantenerse vivo. La lucha no es sólo física, también mental porque la fuerza de una alienta a la otra.

“Intento no pensar en mi como posible víctima. Sólo voy al trabajo y espero no contagiarme”, dice Daniela (nombre ficticio) quien es médica del Seguro Social y sabe que cada día es una línea roja de incertidumbre y riesgo por la que deambula con el cansancio y la responsabilidad a cuestas, pero también con la conciencia de que hay que seguir luchando porque en este momento “es la única opción que tenemos”.

Ella, al igual que otros médicos da cuenta del desinterés, ignorancia o simple “valemadrismo” de aquellos que han tenido la suerte de no contagiarse y que por tanto, desconocen el significado real de la enfermedad.

“Evito cualquier pensamiento que implique que yo esté contagiada. Cuando llega un paciente, pienso en él y su familia y en lo que debe estar sintiendo, porque quizá ayer estaban bien y una intubación es casi la muerte segura”, señala haciendo alusión a las pocas posibilidades de recuperación que tienen quienes llegan a ese estadío de la enfermedad.

80/20, dicen los médicos aunque en este momento hay que aferrarse a todo, así sea sólo a ese mínimo de posibilidades.

Las historias que el personal médico narra sobrepasan lo que cualquiera pudiera imaginar: la pelea al interior de un hospital por los tanques de oxígeno, los ventiladores que son imprescindibles tanto en un área de urgencias como en un área Covid o la necesidad de intubar a dos pacientes con el mismo equipo y ver que ambos mueran. Lo peor de todo, dicen quienes han sido testigos de esos desencuentros y decisiones de vida o muerte, es asomarse a la ventana y desde allí ver que aún hay personas en la calle que circulan como si nada pasara.

“La gente no hace caso y eso no lo podemos cambiar. Sólo hasta que le toque la enfermedad de alguien cercano lo entenderá. ¿Qué si tengo miedo de enfermar? Sí, pero es lo que hay”, señala Daniela y se despide para acudir a una jornada más de trabajo.

Según el psicólogo social Arturo Limón, la incertidumbre y el miedo que se manifiesta entre la población es una “abrumadora condición de indefensión”, porque la gente no sabe por dónde se pueden dar las cosas. Lo anterior, dice, puede ocasionar la desorganización del pensamiento, creencias falsas basadas en los rumores continuos y diversos que a su vez generan ansiedad.

“Más que el Covid a veces es la soledad, la incertidumbre y el miedo. Hay una falta de lógica para plantear las situaciones y eso crea la incertidumbre. Estamos luchando con algo que no conocemos bien a bien y a cualquier persona esto le crea un grado de preocupación. Hay conductas de alerta social muy preocupantes. No sabemos ni para dónde vamos. Necesitamos buscar la manera de romper el ciclo al virus y eso se hace con suma de voluntades e inteligencia compartida”, indica el entrevistado y hace hincapié en que a la “presión” que la pandemia ejerce sobre la población, se suman otros elementos que en conjunto generan un todo complejo que está incidiendo negativamente en la ciudadanía.

“Hay frustración, preocupación por el posible contagio y todo lo que eso implica: cuidado de la salud, miedo a las pérdidas (de empleo y vidas) y si a eso se le suma los suicidios y la violencia generalizada el panorama luce complicado”, indica.

De acuerdo con Limón el “fenómeno” sanitario que hoy día se vive ha rebasado todas las expectativas y el desconocer al enemigo contra el que se lucha da pie a la preocupación generalizada.

“Aquí dejamos desbordar el fenómeno de la salud. Nos brincó, pero se dijo en su oportunidad: quieren cambiar vidas por economía y allí está. El gobierno implementa medidas cautelares recaudatorias más que preventivas. La autoridad para sostener su estatus como tal, debe mantener la equidad, la justicia, porque cuando algo se impone a rajatabla puede hacer que la gente reaccione y se genere algo peor. Necesitamos servidores que realmente entiendan y atiendan a la gente no sólo a la voz en turno. Pero la conciencia social no es para los cínicos”, apunta.

El reporte oficial del sábado 7 de noviembre –uno de los días más álgidos de la crisis- estableció la muerte por Covid de 100 personas en las últimas 24 horas desde el reporte previo; de esas, 21 ocurrieron en hospitales

Evito cualquier pensamiento que implique que yo esté contagiada. Cuando llega un paciente, pienso en él y su familia y en lo que debe estar sintiendo, porque quizá ayer estaban bien y una intubación es casi la muerte segura”

Intento no pensar en mi como posible víctima. Sólo voy al trabajo y espero no contagiarme”

Daniela Médico del Seguro Social

de la ciudad de Chihuahua. El hermano de Martín N. está entre las decenas de víctimas. Murió en el hospital donde Daniela trabaja.

Martín y su familia aún no entienden en qué momento se dio el contagio y la rapidez con la que el virus destruyó todo. Por ahora la tristeza y el desconcierto es lo que priva.

“Es una tristeza indescriptible, porque me detengo a pensar que un día ves a las personas y crees que siempre estarán allí y al día siguiente están graves, en riesgo de morir y luego viene lo inevitable. Sólo puedo pensar en lo que dejan atrás: los hijos, la familia”, dice y hace una pausa para evitar las lágrimas que acechan desde hace horas.

“No pudimos verlo porque no te dejan entrar al área Covid. Es muy riesgoso, cierto, pero también muy triste porque mueren solos, sin poder despedirse de nadie. Me hubiera gustado estar con él en ese último paso”.

Martín se retira porque tiene que seguir con los trámites legales que una muerte implica y porque quizá –no lo sabe- él mismo esté contagiado.

Las palabras de Daniela, de Arturo Limón y de Martín parecen volverse tangibles en las imágenes urbanas donde los rostros lucen desconfiados en la calle, angustiados frente a un hospital, temerosos dentro de estos, hipocondriacos en los núcleos donde la enfermedad aún no ha llegado y desolados frente a un panteón que encierra bajo llave a sus muertos.

Sus pasos siguen las flechas rojas en sentido inverso, para buscar entre los escombros que va dejando la pandemia, un poco de esperanza escondida.

Panteón municipal mantiene 120 fosas abiertas por semana

El Panteón Municipal número 4 mantiene 120 fosas abiertas de manera permanente para recibir a los cuerpos sin vida que en promedio, son 45 por semana y de esos, el 35 por ciento están relacionados con el Covid o neumonías atípicas.

Ricardo Martínez, titular de la Dirección de Servicios Públicos Municipales, indica que antes de que la pandemia tomara un curso agresivo, del total de cuerpos inhumados sólo 6 o 7 estaban relacionados a problemas respiratorios, pero, en las últimas semanas dicha cifra se elevó hasta 16 casos en los días más álgidos.

“Por semana sepultamos entre 30 a 50 personas; de esos 6 o 7 eran asociados a problemas respiratorias, pero se fue primero hasta 11, luego a 13 y llegó a 16 en el pico de la pandemia. Siempre tenemos fosas abiertas. Antes de la contingencia teníamos de 60 a 70 fosas abiertas, pero a raíz de la crisis sanitaria se decidió que creceríamos en cantidad de fosas abiertas por lo que ahora tenemos 120 que es el equivalente a 3 semanas aproximadamente”.

El funcionario explica que los panteones municipales reciben el 70% de los fallecidos en la ciudad y de los 4 panteones que existen, 3 están cerrados a nuevas fosas con excepción de aquellos que cuyos usuarios compraron su espacio hace años.

“El panteón 4 es el único que puede crecer con la apertura de nuevas fosas y por el espacio que existe alrededor podríamos tener por lo menos 5 mil tumbas más. Sin embargo, esto no significa que los otros panteones estén cerrados por completo, ya que hay sitios donde alguien tiene un cuerpo y se puede poner un segundo cuerpo o se compró el espacio con antelación”, puntualiza.

Por ahora, y ante el momento de crisis sanitaria que se vive, los panteones permanecen cerrados al público y únicamente abren sus puertas en los momentos en los que una vida más se pierde y es momento de llegar al destino final.