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Las letras de Yayis: ella odiaba los domingos

Sólo ella sabe qué tanto pasaba por su mente

El Diario

De la Redacción/El Diario

miércoles, 04 septiembre 2019 | 16:00

Ella era condenadamente rara, era una mujer sensible y apasionada, brillaba de lunes a sábado, caminaba con paso firme y hacía vibrar el mundo entero, su seguridad era envidiable y su sonrisa... esa sonrisa enamoraba a cualquier cabrón, pero su risa, su risa sonora, ¡Dios!... era un canto de sirena, quien lo escuchaba quedaba hipnotizado y atraído hacia su presencia. ¿Cómo podía ella no notarlo?

Un día, después de tanto intentarlo, nuestras miradas se cruzaron casi por milagro provocado, y vi sus ojos... logré ver el cosmos en sus ojos llenos de misterio. Así era ella, toda ella cautivaba, y no por su belleza sino por su esencia. Incluso su aroma tenía algo, aún cierro los ojos y huelo su perfume.

Sin embargo los domingos era otra historia,  se metía a su cama y se arropaba hasta cabeza. Sólo ella sabe qué tanto pasaba por su mente. Se le observaba pálida y gris, si es que lograbas verle. Las calles se veían vacías, la música dejaba de sonar, los niños no jugaban en las aceras, los adultos no reían, los periódicos sólo traían noticias malas y los hospitales estaban llenos de dolientes, nadie compraba boletos de lotería, bueno, incluso la luna salía antes los domingos.

Así era ella, ese efecto tenía. O tal vez era yo, así lo sentía al extrañarla todos los malditos domingos. Añoraba con locura que llegara el lunes para ver de nuevo las calles con vida y la gente más amable. Pero algo pasó en su vida ese domingo, un infortunado evento le drenó por dentro su seguridad, le exprimió un poco su alegría y opacó  su brillo, un maldito evento robó esa sonrisa que tanto amaba el mundo, que tanto amaba yo.

Ese día se le extirparon las estrellas de sus ojos, se enderezó la hermosa curva de su sonrisa, y el que lograra cruzar su mirada con la de ella echaba a llorar en el acto. Nadie quería mirarla ni de soslayo por miedo a entristecer, incluso la semana le volteó la cara, la muy maldita le brindó una larga serie de domingos en fila.

Y yo siento perder la vida si no llega pronto el condenado lunes y ella se levanta de una sola vez. El mundo aún espera su sonrisa y ella no lo sabe, el sol la desea acariciar casi como sueño hacerlo yo. Y el cosmos muere de locura al no encontrarla. Si ella no despierta pronto de ese estado, el domingo se sentirá muy cómodo y planeará quedarse para siempre en su vida.

Si ella no sonríe pronto, tendré que desvestir mi cobardía y colgarme el traje de valiente para ir a levantarla. La necesito viva, digamos que es en defensa propia, digamos que es para no morirme yo.

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