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Leyenda o realidad: Cocoyomes

Tradiciones orales cuentan que eran salvajes y caníbales

Melecio Corral/El Diario

lunes, 21 noviembre 2022 | 11:57

Chihuahua, Chih.- El viejo camino dibujado al pie de aquellas dos verdes laderas era muy difícil de transitar y más por aquel par de pies callosos de la sexagenaria y por los pies tiernos de su nieto Mañira que la seguía cansado a corta distancia.

El sol se ocultaba lentamente atrás del Cerro del Borrego y las sombras de la noche amenazaban por cubrir aquellos dos cuerpos cansados que sacaban fuerzas del pinole bebido minutos antes y aceleraban el paso para llegar a su destino.

- ¡Apúrate Mañira! Mira que no tarda en hacerse noche y aún nos falta una legua de camino. Dijo preocupada la abuela a su nieto que se entretenía a cada rato viendo las forma que proyectaban los grandes peñascos de la ladera.

De pronto unas piedras venían rodando de la cuesta, la abuela asustada se detuvo para dejarlas pasar, acto seguido aparecieron más de diez hombrecillos pequeños con lanzas y empuñando filosos cuchillos negros de obsidiana, eran los terribles y más temidos Cocoyomes.

Antes de que pusieran un pie los españoles en tierras guadalupecalvenses, los Cocoyomes eran un grupo étnico más de esta bendita tierra, pero poco a poco fueron marginándose y refugiándose en lo más abrupto e inhóspito de la sierra por la llegada de otros grupos más numerosos.

Platicaban con miedo muchos habitantes de los alrededores que comían carne humana para sobrevivir y como represalia a los demás grupos étnicos que los hostigaban y los atacaban.

La abuela Mincha de pronto se vio rodeada de estos terribles cavernícolas, intentó correr hacia adelante pero las piernas no le respondieron; Mañira, su nieto, vio de lejos la escena escalofriante y rápido emprendió el regreso dejando a su abuela a merced de los Cocoyomes, los cuales ya la habían despojado de sus prendas y se comían el cuerpo.

-¡ Ayuda, ayuda! los Cocoyomes se comen a la abuela Mincha. Decía Mañira recorriendo todo el caserío aterrado de aquella localidad, mezclada de hombres blancos y aborígenes.

Rápidamente la comunidad se organizó para acudir al auxilio de Mañira y minutos después más de un centenar de voluntarios tomaban el viejo camino y subían la cuesta, en esa oscura noche, empuñando en la mano izquierda una antorcha y en la derecha una improvisada arma para combatir.

Cuando llegaron al lugar de la tragedia, sólo encontraron la cabeza de la abuela Mincha y sangre impregnada en las piedras.

-¡Tengo un plan para acabar con esos engendros del demonio de una vez por todas! dijo Marcus el líder de la comunidad y todos escucharon temblorosos.

Esa noche ahí pernoctaron los voluntarios sedientos de venganza y en cuanto salió el sol, por el lado contrario donde un día antes se había ocultado, el líder Marcus tomó la cabeza de la abuela Mincha, la ensartó en una gran estaca y, dijo a los voluntarios -¡el plan es el siguiente!, me acompañarán sólo diez de ustedes, subiré la cuesta hasta llegar al pie de aquellos peñascos, que es donde seguramente se refugian los Cocoyomes, los provocaré con la cabeza de la abuela, haré que me sigan, bajen hasta aquí y entonces los atacamos sin piedad.

Y dicho y hecho, el líder Marcus subió la cuesta hasta los peñascos, los provocó a tal manera de generar la persecución de los cavernícolas, entre flechas y piedras, pero... minutos después la guerra desigual entre voluntarios y Cocoyomes se daba en las márgenes del arroyo, encarnizadamente, favoreciendo cómo era de esperarse a los voluntarios.

Los cuerpos de los Cocoyomes ensangrentados yacían en el suelo sin aliento, los voluntarios nativos y blancos festejaban victoria entre gritos de júbilo.

El tiempo pasó y por las tardes antes de cada caída del sol los abuelos aconsejaban a sus nietos...¡cuidado con los Cocoyomes! A esta hora hay que guardarse en casa, portarse bien y no andar de vagos en el monte porque los Cocoyomes acechan silenciosos y les gusta la carne humana.

Hoy en nuestros días, pareciera ser que los Cocoyomes pasaron al olvido, pero en muchos lugares de la sierra guadalupecalvense los lugareños siguen temblando en tan sólo escuchar su nombre... ¿Leyenda o realidad? Sólo los verdes pinales, los viejos caminos reales y los grandes peñascos lo saben.

¡Rescatemos las tradiciones orales que se pierden entre el polvo y el olvido! Y si un día escuchan a alguien decir...¡cuidado con el Coco!, es que la leyenda o realidad de los Cocoyomes se mantiene viva.

PARTE DE LA HISTORIA

1.- Eran un grupo étnico más de esta bendita tierra, pero se fueron refugiándo en otras zonas, ante la llegada de otros grupos más numerosos

2.- Platicaban con miedo muchos habitantes de los alrededores que comían carne humana para sobrevivir y como represalia a los demás grupos étnicos que los hostigaban y los atacaban

3.- El tiempo pasó y por las tardes antes de cada caída del sol los abuelos aconsejaban a sus nietos...¡cuidado con los Cocoyomes! A esta hora hay que guardarse en casa, portarse bien y no andar de vagos en el monte porque acechan silenciosos y les gusta la carne humana

4.- ¡Rescatemos las tradiciones orales que se pierden entre el polvo y el olvido! Y si un día escuchan a alguien decir...¡cuidado con el Coco!, es que la leyenda o realidad de los Cocoyomes se mantiene viva