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Entrevista

‘Mamá, otra vez tienes cáncer’

Tras perder un seno, sobrevive Yolanda a tres batallas contra la enfermedad

Anaís Martínez García / El Diario

lunes, 01 noviembre 2021 | 17:51

“No, otra vez no”, rompió en llanto la hija de Yolanda, “mamá, otra vez tienes cáncer”, dijo al borde del colapso al leer el resultado de los estudios que por tercera ocasión le habían realizado. De pronto, recuerda Yolanda, no sintió más ganas de luchar y se dijo a sí misma: “si es la voluntad de Dios, que pase lo que tenga qué pasar”.

Conmovidas hasta el llanto llegaron a su casa, esa donde había festejado años antes al vencer el cáncer de mama que le arrebató un seno, pero que luego de 2 años, regresó. Esta vez se lo detectaron en el colon, específicamente en el sigmoide (una parte entre el recto y el intestino).

“No madre, vamos a echarle ganas”, le dijo su hija, “si pudiste una vez, tenemos qué poder la siguiente”, palabras que -asegura- le ayudaron a entender que aún le quedaba mucho camino por delante.

Yolanda es una de las cerca de 190 mil personas que han padecido alguno o varios tipos de cáncer en México, según cifras de la Asociación Mexicana de Lucha Contra el Cáncer A.C. (Amlcc).

Sin embargo, agrega, gracias a su familia, amigos, médicos y sobre todo a su hija, no forma parte de las 85 mil personas que hasta el 2018 habían perdido la batalla, de acuerdo con cifras reportadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Sus primeras batallas

El cáncer de piel fue el primer encuentro que tuvo con esa enfermedad y, según recuerda, fue una batalla rápida, ya que se detectó a tiempo y no tuvo dolor ni complicaciones; es más, narra entre risas nerviosas, no se enteró hasta 5 años después.

Se trató de ‘un granito’ junto a la nariz, por el que acudió al dermatólogo; se lo extirparon y le pidieron que lo llevara a un laboratorio para que lo analizaran, pero no volvió.

Hasta ese momento, explica, se sentía perfectamente bien y fue hasta pasados cinco años cuando acudió por un absceso en el pecho, que el médico le dijo: “señora usted ya había tenido cáncer”.

El cáncer de piel quedó como antecedente; sin embargo, asegura Yolanda, ella tenía la esperanza de que nunca volvería, hasta que un día se tocó ‘una bolita’ en uno de sus senos.

“Fui con los médicos y me dijeron que era normal. Me dieron medicamento y dijeron que serviría para que se deshiciera, pero yo sentía que cada vez estaba más grande”. Así pasó 3 años, tomando su medicamento y revisando su seno, hasta que un día no pudo más.

“Me sentía muy mal, estaba mareada”, recuerda, y no tuvo más remedio que acudir a una amiga que trabaja en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste).

En un principio creyó que era salmonelosis, aunque le confesó a la médico que estaba preocupada por ‘una bolita en el busto’. La doctora la revisó, le pidió que no se moviera y consiguió que el oncólogo la atendiera.

Tras hacerle una mamografía y mandarle hacer estudios, Yolanda y su hija fueron al laboratorio a recoger los resultados. “Nosotros esperábamos ver que dijera cáncer, pero como no decía nos sentimos liberadas. Mi hija dijo no, no tienes nada… pero sí decía carcinoma”.

Yolanda buscó al médico, quien al ver los exámenes le pidió que acudiera al área de urgencias. En cuanto entró, el oncólogo le dijo “usted tiene cáncer”.

Con la voz quebrada, Yolanda recuerda que ahí la noticia le cayó como balde de agua fría. “No supe cómo reaccionar y me solté llorando”.

Por lo avanzado de su cáncer, el oncólogo ordenó de inmediato varios análisis y estudios para operarla. Bastó sólo una semana para que por fin le retiraran el absceso con el que ya tenía viviendo casi 3 años.

“Me retiraron mi seno y mandaron a analizarlo”. Según describe Yolanda, éste fue uno de los momentos más difíciles de su vida, pues como ser humano es indescriptible el dolor de perder una parte de tu cuerpo.

Cuando fue a recoger de nuevo los estudios, le dijeron que había salido muy bien, pero aún no había acabado, pues le faltaba mucho camino por recorrer.

‘No quiero más quimioterapia’

Le ordenaron quimioterapia y radioterapia, a las cuales acudió en un principio. “A la segunda, dije: “no más, no puedo. Eran muy dolorosas, muy tremendas y dije mejor me quiero ir así, sin dolor”.

Pero así como su hija se mantuvo a su lado, Yolanda reconoce que había muchas más personas a su alrededor que la animaban a que saliera victoriosa.

En esa ocasión le marcó la enfermera y al escuchar que Yolanda se negaba a tomar su tercera quimioterapia la amenazó con mandarle la ambulancia. “Pa’ rajarse a su tierra, me dijo, ahorita mando por usted. Ay no, le dije, y nos fuimos”.

Junto a su hija que describe como ‘su ángel de la guarda’, llegó a tomar su terapia. Ahí supo de un medicamento que le ayudaba a llevar mejor ‘las quimios’, mismo que le dieron en el hospital.

“Fueron 28 radiaciones, a veces sentía que no podía, pero tenía una hija de 15 años y tenía que salir adelante”. Tras su tratamiento le ordenaron revisiones cada 6 meses y luego de 5 años el oncólogo le dio la noticia que había estado esperando. “Felicidades, ya vamos a pasarte a remisión, sólo ven a chequeos cada año”.

La pandemia y el cáncer de colon

El 26 de marzo del 2020 el Issste informó que los servicios estaban suspendidos para evitar la propagación del Covid-19, esta noticia la recibió Yolanda al querer programar una de sus revisiones anuales. “No había más citas, nada… yo me sentía bien y dije pues sólo continúo alerta”.

Así siguió un año después cuando, de pronto, comenzó de nuevo con malestares estomacales, mareos constantes y según recuerda, una vez más la esperanza de no estar enferma le hizo creer que se trataba de salmonelosis.

Su preocupación aumentó cuando observó que al ir al baño le salía ‘poquita sangre’. Comenzó a investigar por su cuenta -porque no había citas médicas disponibles- y encontró un artículo que aseguraba que el defecar con sangre es síntoma de cáncer de colon.

“Dije… creo que ya tengo cáncer otra vez”, recuerda y narra que le pidió de nuevo a su hija que la llevara con el gastroenterólogo.

Por tercera ocasión le ordenaron una biopsia y análisis. Cuando les avisaron que los recogieran su hija la acompañó. “Ella los abrió, los leyó y se soltó llorando… me dice, mamá, tienes cáncer otra vez”. Yolanda no pudo más con el recuerdo y rompió en llanto. Sin poder hablar toma un respiro, se endereza y continúa: “me dijo no, otra vez no y ya nos fuimos llorando hasta la casa”.

A esas alturas, Yolanda recuerda que ya no tenía más fuerzas para enfrentarse una tercera vez al cáncer.

“No madre, vamos a echarle ganas”, le dijo su hija “si pudiste una vez, tenemos que poder la siguiente”. Eso, dice, fue lo que la hizo recobrar el alientoy decir sí una vez más a la batalla contra el cáncer.

De estar convaleciente a salir victoriosa

Según le dijeron a Yolanda, su situación era bastante grave y había que operarla de inmediato, pero la mayoría de los hospitales estaban saturados por contagiados de Covid-19.

Por recomendación de su médico, acudió con un cirujano oncólogo que le explicó que tenía dos tumores en el sigmoide. De inmediato buscaron una clínica para operarla, pero la lista de instrumentos médicos era enorme, el gasto más grande y según le dijeron no era una operación segura.

“Otra vez dije, no, no, así me quedo. Lo más probable es que no quedara bien. Así me quedo hasta que Dios quiera”, recuerda.

Su hija y su hermana, dice, no la dejaron ‘rajarse’ y comenzaron a buscar otras alternativas. Hallaron a un doctor de Puebla que le dio medicamento homeópatico y comenzó a atenderla.

Hace dos meses le ordenaron sus terceros estudios, aunque confiadas acudieron por una última vez a recogerlos. “Mi hija los abrió y se soltó llorando. Me dijo: mamá ya no tienes cáncer”. El médico recibió los resultados y al leerlos le dijo que otra vez iba a pasar a remisión.

Autocuidado, la mejor prevención

Desde entonces, asegura Yolanda, ella se mantiene alerta de cualquier cosa que pase en su cuerpo, por lo que recomienda a todas las personas que se autoexploren.

“Tiene uno que tener actitud y fuerza, porque la batalla no la pierdes contra la enfermedad, la pierdes por la tristeza y el dolor”, dice.

“Yo gracias a Dios estoy bien, por eso, por revisarme y porque no dejé que me venciera. Siempre hay que checarse, nunca dejen de checarse”, concluyó.