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Manuela Taboada, la acaudalada joven que lo dio todo por un amor insurgente

"Mariano Abasolo fue declarado culpable y sentenciado a muerte, cosa que él ya esperaba. Pero en este supremo momento fue cuando surgió doña Manuelita como una heroína"

Francisco Córdova/El Diario

miércoles, 12 febrero 2020 | 21:20

Manuela Taboada fue una acaudalada mexicana cuyo amor por su esposo Mariano Abasolo la llevó a acompañarlo en la guerra por la Independencia de México y que vivió de primera mano la captura de Miguel Hidalgo y su traslado a Chihuahua junto a Abasolo, a quien logró salvar del fusilamiento, pero que la llevó a perder casi toda su fortuna y mendigar en calles de España por el amor que profesaba a su pareja. 

El Cronista oficial de Chihuahua, Rubén Beltrán Acosta, recoge la narración del también historiador León Barri Jr., quien interesado por esta historia de amor la titula como “Idilio Insurgente”, y describe como un “paréntesis romántico de una joven y enamorada pareja en medio de las luchas entre españoles y mexicanos, que da un soplo de romanticismo a las fraticidas luchas”. 

La pareja se conoció en San Miguel el Grande y de Dolores, donde él por aquel entonces estaba acuartelado y ella vivía como hija de un rico hacendado español. Ahí tuvieron un idilio de dos años hasta que se casaron con el consentimiento de los padres de ella, quienes sin embargo veían con recelo las relaciones del oficial con el cura Hidalgo y el capitán Allende. 

Con 23 años ella y él de 25, se casaron y un año después estalló el movimiento independentista en 1810. “Cuando estalló el movimiento, en la noche del 15 de septiembre, el joven militar no participó en ninguno de los sucesos de la mañana del 16, concretándose a dar orden al sargento de su regimiento, José Antonio Martínez, para que entregara todas las armas al Sr. Cura Hidalgo. 

Abasolo se abstuvo de tomar parte en el movimiento y en la aprehensión de los europeos, y solo se presentó al verse obligado, pues fue llamado por su jefe el capitán Allende, quien junto al cura Hidalgo le hizo ver la necesidad de participar en el movimiento, así que no obstante las súplicas de su esposa, se lanzó en él y la bella jovencita con ejemplar abnegación lo siguió, acompañándolo por todas partes”, escribió Barri. 

Durante la campaña militar nació el hijo de ambos, y si bien sufrieron las penurias del conflicto armado juntos, este terminó cuando cayeron prisioneros en Acatita de Baján. Junto a los jefes de la Independencia, Abasolo, Manuela y su hijo fueron traídos a Chihuahua para ser juzgados. 

“Abasolo fue declarado culpable y sentenciado a muerte, cosa que él ya esperaba. Pero en este supremo momento fue cuando surgió doña Manuelita como una heroína, pues inmediatamente se dirigió al comandante de las Provincias Internas y de rodillas a sus pies le pidió amparo para su esposo, haciéndole ver cómo este realmente había sido siempre humano y había salvado todas las vidas que le fue posible”, 

Lo anterior, debido a que como coronel dio órdenes en Guadalajara de no fusilar a los españoles capturados, lo que fue confirmado gracias a que su esposa emprendió un largo viaje hasta Guadalajara y luego hacía la capital de la Nueva España, donde solicitó un indulto al Virrey, quien perdonó la vida de su marido a cambio del destierro y prisión perpetua, así como la confiscación de sus bienes. 

Entre los peligrosos caminos regresó hacia Chihuahua, donde logró salvar la vida de su esposo. En 1815 fue enviado con rumbo a España, donde purgaría su condena, por lo que Manuelita entregó al capitán del barco en el que viajaría sus últimas joyas para que la dejara viajar junto a él. 

Un año después, en 1816, Mariano de Abasolo murió en su celda, por lo que “la abnegada esposa, al verlo morir lejos de su patria y de tan dolorosa manera, ella, que había estado acostumbrada a vivir entre sedas y encajes, pidió limosna para regresar a México y vivir en su patria. 

Después de enterrar en Cádiz a su esposo y cubrir su tumba de flores y lágrimas, volvió a su país”, y es así como terminó este idilio que León Barri describió como “tan mexicano y tan sublime”.