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'Me dijo que era una huevona y que, si quería parir, que abriera las patas'

Especial: Violencia obstétrica, temor e incertidumbre

Alejandra Sánchez
El Diario de Chihuahua

lunes, 09 mayo 2022 | 09:20

Chihuahua.- “Yo sufrí de violencia obstétrica cuando iba a tener a mi segundo hijo; fue horrible, tuve miedo de perder a mi bebé y por poco muero desangrada porque se me rasgó la matriz”, recordó Pao.

“La doctora dijo que ella andaba muy cansada y que no iba a hacer cesáreas; fuimos varias mujeres las que tuvimos complicaciones por culpa de esa doctora”, relató.

De acuerdo con su testimonio, su esposo tuvo que exigir que la atendieran o que la dejaran ir. Agregó que la doctora que la atendió le dijo que era una “huevona” y que, si quería parir, “que abriera las patas”, así, literal. Para Pao, “fueron más de 12 horas de incertidumbre y angustia”. 

La violencia obstétrica se genera con el maltrato que sufre la mujer embarazada al ser juzgada, atemorizada, humillada o lastimada física y psicológicamente.

Regularmente se presenta en los lugares que ofrecen servicios médicos y se da en todas las esferas de la sociedad.

En lo que va del año –de enero a abril–, la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) recibió 206 quejas en todo el estado, mientras que en el 2021 fueron 657. 

Ante esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a los gobiernos a dedicar más recursos a la investigación de este tipo de violencia. 

De acuerdo con la declaración de este organismo, todas las mujeres tienen derecho a recibir el más alto nivel de cuidados en salud, que incluye el derecho a una atención digna y respetuosa en el embarazo y en el parto, así como el derecho a no sufrir violencia ni discriminación.

Sin embargo, pese a que este derecho está establecido, cientos de mujeres han expresado haber sufrido malos tratos. 

Malos tratos traerían secuelas psicológicas

De acuerdo con la opinión de Elizabeth Ruiz González, sexóloga y psicoterapeuta, el vivir violencia durante el parto puede conllevar secuelas psicológicas como dificultades para la adaptación tras el parto, influencia sobre el vínculo madre-bebé, en el tipo de apego a desarrollar, así como rechazo a la sexualidad. 

“Estas malas prácticas afectan la autoestima y el autoconcepto debido a las descalificaciones y el tener que someterse para poder recibir atención, producen alteración emocional, perturbación del sueño, ansiedad o sintomatología depresiva”, expresó la especialista.

Elizabeth Ruiz dijo que afortunadamente cada vez más mujeres identifican cuando han sido víctimas de violencia obstétrica, lo que deriva en mayor cantidad de denuncias. 

“Hace unos años me invitaron a hablar sobre el tema con personal de medicina de la Secretaría de Salud, para ello, realicé un sondeo informal en una comunidad de mujeres de la ciudad de Chihuahua a través de una red social.

Les pregunté si durante su parto habían recibido violencia de este tipo, describiendo a qué me refería (gritos, tactos sin pedir permiso, o excesivos, pedirles que no expresen su dolor, regaños, medicamentos sin explicaciones o malos tratos en general)”. 

En él, respondieron casi 200 mujeres, quienes contaron su experiencia, pero muchas de ellas no denunciaron. 

“Las consecuencias que se han encontrado son que casi el 35 por ciento de mujeres que sufrieron violencia obstétrica presentan síntomas o características propias del trastorno de estrés postraumático; un estudio llevado a cabo en el 2019 mostró que aquellas mujeres expuestas a abusos médicos durante el parto tienen mayor probabilidad de padecer depresión postparto”. 

Además, en su vida erótica una práctica negligente de violencia obstétrica, como episiotomías innecesarias o suturas realizadas, inadecuadamente puede derivar en dolor durante la penetración, incluso tener que recurrir con cirujanos plásticos para la reconstrucción por una mala práctica.

“Muchas mujeres sufren de esa situación y pocas denuncian debido a la gran alteración de sus vidas con la llegada del bebé, dándole la prioridad a la atención, pero muchas recuerdan esos momentos de manera muy desagradable, con tristeza, enojo o coraje”, explicó la especialista, quien brindó su red social de Instagram: @sexologa.ely. 

¿Normalizar las malas prácticas?

Algunas mujeres ignoran que están siendo víctimas de violencia obstétrica, pues muchas de ellas sienten que “si no termina en muerte o no corre en riesgo su vida”, no califica como tal. 

“En ese momento era algo normal para mí, ya después platicando con otros doctores me dijeron que eso no era normal y luego ya caí en cuenta”.

“En ese momento no supe que estaba siendo víctima de eso, pero esas malas prácticas me trajeron consecuencias a largo plazo”, expresó otra mujer presunta víctima de violencia obstétrica, quien pidió omitir su nombre. 

Karla (nombre ficticio) tuvo que buscar a alguien más que atendiera su parto, pues su doctora de cabecera había sufrido un accidente. 

“Estuve investigando sobre más doctores, entonces, caí con un doctor de un hospital privado. Cuando me contacté con él me faltaba un mes para aliviarme; nosotros, mi esposo y yo, habíamos apartado el parto en otra clínica con mi otro ‘gine’, se lo explicamos, pero desde ese momento como que a él no le pareció, pero al final de cuentas me dijo que estaba bien”. 

A Karla se le rompió su fuente y por ello llamó al doctor para saber qué hacer; él la citó a las 8:30 de la mañana en su consultorio. 

“Cuando llegué, la enfermera me dijo que yo estaba dilatando súper bien, y cuando el médico llegó me dijo que yo no iba a poder dilatar más y que me tendrían que practicar la cesárea. Yo no dije nada porque pensé que él era el que sabía”, narró la mujer. 

El médico le aconsejó que se internara de una vez. 

“Él quería que me internara en un hospital privado, pero yo le dije que no, que ya tenía todo para hacerlo en la otra clínica y creo que eso no le gustó”. 

Al acatar las instrucciones del doctor, Karla fue a internarse desde ese momento; el médico jamás se contactó con ella y jamás la llamó. Estuvo sin atención médica desde las 8:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde (hora en la que sería el parto). 

“Las enfermeras me dijeron que si él me revisaba, tal vez podría ser un parto natural, y yo en mi ignorancia pensé que él era el que sabía. El sólo llegó a practicarme la cesárea.

Pasaron horas y jamás le dijo nada a mi esposo ni a mí, no me dejaron ver a mi bebé, no hubo comunicación, el doctor jamás volvió para decirme nada”. 

El médico llegó de nueva cuenta hasta el otro día. 

“Yo estoy operada del apéndice y con el embarazo, mi herida se hizo más sensible; después del parto me pusieron un parche que abarcaba a esa cicatriz y el doctor me jaló súper brusco el parche que me estaba protegiendo la cesárea, me dijo que todo estaba muy bien y me dio el alta, pero a mí me ardía demasiado”. 

En ese momento el doctor se retiró, pero Karla les dijo a las enfermeras que le ardía la lesión y ellas le dijeron que tenía un sangrado justo ahí. 

“Con el tirón que hizo, me jaló la piel de la cicatriz que tengo, las enfermeras me curaron, ellas me trataron bien, compensaron lo malo. Al día siguiente no me podía levantar, traía una descompensación”. 

La última vez que Karla vio al doctor fue cuando le quitó los puntos en su consultorio. 

“Jamás quise volver a verlo, hasta la fecha no he sabido nada de él. Ahora tengo muchas infecciones y tengo problemas. Mi actual ginecóloga me dijo que probablemente eso se deriva a ese tirón tan brusco”. 

El maltrato, la negligencia o la falta de respeto en el parto pueden constituirse en una violación de los derechos humanos fundamentales de las mujeres, descritos en las normas y los principios internacionales de derechos humanos.

En particular, las embarazadas tienen derecho a recibir un trato igual de digno que otras personas, a tener la libertad de solicitar, recibir y transmitir información, a no sufrir discriminación y a obtener el más alto nivel de salud física y mental, incluida la salud sexual y reproductiva.

¿En qué trabaja la autoridad?

El 9 de mayo se conmemora el Día Nacional de la Salud Materna, fecha que tiene como objetivo principal sensibilizar a todas las mujeres desde antes de que quieran embarazarse, durante el embarazo y durante el proceso de la atención de su parto.

Judith Díaz de León, coordinadora estatal del programa de Salud Materna y Perinatal, dijo que es importante que las mujeres vayan a sus consultas de control prenatal desde el momento en el que sepan que están embarazadas, de preferencia en el primer trimestre, ya que es ahí donde se puede detectar alguna anormalidad oportuna y darle una solución. 

“Es muy importante que acudan para que se capaciten sobre los derechos que tienen al momento de la atención de su parto, que sepan que los derechos que tienen para recibir esta atención ayudan también a prevenir, en cierta parte, la violencia obstétrica”.

En lo que respecta al acompañamiento, el Sector Salud dice que si todo va normal en el proceso de embarazo, las mujeres tienen derecho a recibir una atención humanizada en la que se les permita el acompañamiento de su pareja o de una persona que la paciente elija. 

“Actualmente, no todos los hospitales lo permiten por infraestructura y demás, pero contamos con dos salas para atención de este tipo de partos, una ubicada en el Hospital de Ginecobstetricia de Parral y otra en el CAAPS de Guachochi”, dijo la coordinadora. 

Además, esta dependencia afirma que las pacientes pueden escoger cómo pueden parir: ya sea acostadas, en parto vertical con la ayuda de bancos o camas obstétricas diseñadas para esta atención; beber agua durante el proceso, sobre todo que se les brinda un acompañamiento que les ayuda a mitigar el dolor de maneras no médicas, por ejemplo, con masajes, aromaterapia, música.

Esto con la finalidad de tener una experiencia positiva al momento de la atención de su parto. También es importante que sepan que tienen el derecho, sino no hay complicaciones tanto de la madre como del bebé, a tener un apego inmediato.

“Es importante que todas las pacientes conozcan que tienen estos derechos y que tienen que ser respetados en todas las instituciones y servicios médicos que se presenten, por eso es importante tener este acercamiento desde el momento que sepan que están embarazadas para evitar complicaciones, que a la hora de parir nos compliquen aún más la atención de un parto de manera normal o lo más humanizado posible”. 

La prevalencia de maltrato obstétrico a nivel nacional, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), es del 33.4 por ciento de los últimos cinco años de todas las pacientes que tuvieron algún evento obstétrico.

El estado de Chihuahua se encuentra dentro de los estados que tiene una baja prevalencia en comparación con el resto del país, con un 26.3 por ciento. 

Además de la Comisión Estatal de Derechos Humanos existe la Comisión de Conciliación y Arbitraje Médico, una descentralizada que comenzó en el 2019 con el objeto contribuir a resolver los conflictos suscitados entre las y los usuarios de los servicios médicos y los prestadores de dichos servicios.

“En esta institución, la persona usuaria de los servicios de salud puede presentar una queja por probables actos u omisiones derivados de la prestación de la atención médica y tener una opción para resolver de manera pacífica, mediante acuerdos conciliatorios y el arbitraje su problemática”, dijo Nora Ileana Villa Baca, comisionada estatal. Desde su operación, este descentralizado ha trabajado 17 asuntos, que han sido por quejas directas de usuarias y pacientes por parte de instituciones de salud públicas y privadas.

Sondeo revela otros casos  

En un ejercicio periodístico realizado por este medio de comunicación tipo sondeo, más de cien mujeres externaron ser víctimas de este tipo de violencia, entre estos testimonios textuales se encuentran los siguientes: 

“Hasta pensé en que los criminales tienen mejor trato, hasta parece que disfrutan ver a una sufrir por la pérdida del bebé y ni así tienen un poco en empatía”. 

“Un miércoles en la noche acudí al hospital porque yo sentí que se me había roto la fuente y me dijeron que sólo me había orinado, por fortuna tuve mi cita de revisión el lunes por la mañana y el doctor me mandó internar de urgencia, porque ya no tenía casi líquido amniótico; dio instrucciones de provocarme el parto y no hicieron nada, me tuvieron 8 horas internada sin hacerme caso de que me sentía mal hasta que no aguante y vomité y vomité un líquido amarillo-negro, y fue hasta entonces que se acercaron a darme una gasa para que me limpiara, y para esto mis manos ya estaban torcidas y yo ardía en fiebre. Entré en parto seco y me metieron de emergencia al quirófano, mi hijo nació con alto riesgo de sepsis y no conforme con una cesárea de emergencia (vertical), dos practicantes me cocieron, una de abajo hacia arriba de un lado y la otra de arriba hacia abajo del otro lado. Aparte no me bajaba la leche y no me querían dar fórmula para mi bebé, hasta que una señora acompañante de otra paciente fue a exigir que le dieran fórmula para mi bebé, que se estaba poniendo amarillo”. 

“Yo perdí a mi bebita el año pasado, fui a mi cita médica mensual en el seguro, le dije al doctor familiar que tenía ciertos malestares (era mamá primeriza), no me revisó. Mi cita fue a las 7:00 p.m., para las 9:00 tenía contracciones muy fuertes, para esto le mandé mensaje a mi doctor particular en el día, le dije que tenía un fluido y me dijo ‘mientras no haya dolor no hay problema’”. 

“Yo me acabo de aliviar hace una semana. Terrible, más de 20 horas de parto donde me dejaron ahí sufrir y dilatar hasta el 10, tenía anemia y nadie revisó los estudios hasta el día siguiente, que cambiaron de turno, me decían que dejara de llorar porque iba a asustar a las demás”. 

Comentarios como éstos y muchos más fueron parte de la investigación; al informarles que sería para una publicación, ellas aprobaron que sus testimonios fueran utilizados y coincidieron en que es fundamental que todos los sectores de salud, tanto públicos como privados, tomen conciencia y actúen para frenar esta situación.