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Miguel Hidalgo: Una traición anunciada

Su aprehensión de Miguel Hidalgo y Costilla fue el inicio de una travesía dolorosa hasta Chihuahua donde le esperó la muerte

Sergio Alvídrez/ El Diario

Juan Carlos Núñez/El Diario

sábado, 20 marzo 2021 | 14:13

Chihuahua.- La aprehensión de Miguel Hidalgo y Costilla junto a sus insurgentes aquel 21 de marzo de 1811 en Acatitla de Baján en Coahuila, fue el inicio de una travesía dolorosa hasta Chihuahua donde les esperó la muerte, indicio de todavía muchos años más de guerra por la Independencia.

El historiador chihuahuense, Edelmiro Ponce de León, quien conoce perfectamente esta travesía, tanto por los años de investigación y actualmente con la documentación para su próximo libre que relacionará la importancia de Chihuahua en la Independencia de México, comentó que a 210 años de aquel suceso, nadie olvida la traición de Ignacio Elizondo, que ya había confabulado varios días atrás por resentimiento al no ser reconocido, ni darle un puesto militar que exigía, una rabieta que terminó en el fusilamiento de los primeros independentistas como Allende, Aldama, Jiménez, así como el llamado “Padre de la Patria”, el cura Hidalgo.

Recordó que todo inició tras la derrota sufrida a manos de Félix María Calleja en la batalla de Puente Calderón, cerca de Guadalajara, mermadas sus fuerzas con poco más de un centenar de insurgentes, la intención era irse a San Antonio de Béjar, Texas, para guarecerse, comprar armas y continuar.

Estuvieron en Saltillo para descansar, pero el 24 de enero de 1811, Hidalgo fue despojado del mando de las fuerzas insurgentes por una junta militar en la Hacienda de Pabellón en Aguascalientes por considerarlo incompetente tras la última derrota, así que simplemente era escoltado sin tomar decisiones.

La confabulación comenzó con una invitación para ir a Nuevo León que supuestamente el mismo gobernador, los esperaría y recibiría con honores. Por la inocencia y confianza, el 21 de marzo de este año, fue en Acatitla donde estratégicamente, más de mil seguidores de la causa fueron apresados uno por uno.

Es así que sin mayor problema aprendieron a Hidalgo. Se dice que al llegar Allende, lo instaron a rendirse pero éste se defendió, sólo que al intentar sacar su arma y apuntar a Elizondo, pero mataron frente a sus ojos a su hijo Indalecio, con lo terminaron por apresarlo.

Para la mayoría de los insurgentes, la travesía hasta Chihuahua no fue fácil, ya que les colocaron grilletes de hierro en pies y manos, que con el caminar, el andar, rozaban sus muñecas y tobillos hasta el punto de sangrar. Se dice que muchos murieron en el camino. La única muestra de piedad fue llegar a un campo algodonero y ponerles en sus esposas para que les dejara de lastimar y minimizar el dolor.

Los iniciadores de la Guerra de Independencia primero son llevados a Monclova, y luego a Chihuahua, en donde les juzgan sin darles las mínimas consideraciones y de forma irregular los fusilan a todos por la espalda y llamados traidores.

El historiador chihuahuense, explica que el gobierno español hizo lo posible por difundir la noticia de que Hidalgo y los demás habían sido cobardes al estar presos y llegar al pelotón de fusilamiento, incluso se dice que firmaron cartas de arrepentimiento, las cuales nunca tuvieron firmas.

Esto lo comprueba el propio teniente Pedro Armendáriz, quien se adjudicó el fusilamiento de todos, pero reconoce la valentía de los insurgentes e incluso la solemne muerte de Hidalgo de frente y cuyos fusiles dispararon al pecho. Primero, estuvo encarcelado en el antiguo Colegio

"Había confabulado varios días atrás por resentimiento al no ser reconocido, ni darle un puesto militar", comentó el historiador

de Jesuitas donde ahora es Museo Casa Chihuahua, el fusilamiento fue en la Plaza Hidalgo frente a Palacio de Gobierno.

Como es conocimiento popular, a diferencia del trato injurioso y calumnioso que recibió de los jueces, en el calabozo, Hidalgo contó con el respeto y la amabilidad de sus carceleros como el mismo alcaide de la prisión, Melchor Guaspe y el cabo de las milicias urbanas, Miguel Ortega, quienes posiblemente hayan sido sus últimos amigos antes de morir. A ambos personajes Hidalgo, en señal de gratitud, les dedicó unas décimas que escribió con carbón en una de las paredes de la torre en que se encontraba cautivo.

Lo cierto es que el cuerpo del cura Hidalgo, fue colocado a la vista de la gente, se le cortó la cabeza y llevado a Dolores. No obstante, curas franciscanos reclamaron el cuerpo y fue sepultado frente a lo que hoy se conoce como el templo de San Francisco en la capital del estado. Actualmente se encuentra un busto de Don Miguel Hidalgo, el cual fue colocado el 15 de septiembre de 1998.

Tras la consumación de la Independencia, en 1824, sus restos fueron exhumados, llevados y sepultados en la Catedral de México, para posteriormente en la Columna de la Independencia.