Local

'No aprendimos la lección del 90'

A 31 años del 'sábado negro'

Salud Ochoa/El Diario

miércoles, 22 septiembre 2021 | 20:30

En septiembre de 1990 el fenómeno climatológico conocido como “El Niño” ocasionó la entrada de humedad por ambos flancos del estado, lo que al chocar con un sistema frontal proveniente del norte ocasionó una intensa precipitación pluvial mayor a los 130 milímetros. El resultado fue catastrófico para cientos de chihuahuenses que perdieron sus viviendas, familiares y algunos la vida. 

“Aquella fue una tormenta intensa en realidad. Estudios hechos en mapas antiguos nos indican que estábamos en un evento de “El niño”, por tanto había mucha entrada de humedad tanto del Océano Pacífico como del Golfo de México. Además ingresó un sistema frontal del norte lo que dio pie para que se presentara la lluvia”, explica Alonso Méndez, de la plataforma Tiempo Severo, quien en 1990 contaba con 30 años de edad y conoció de primera mano los hechos.

La lluvia acumulada la dejaron tres “nubes embudo” que se formaron sobre la capital y que era posible observar desde la distancia. En el imaginario colectivo, se les conoce como “culebras”. “Entró mucha humedad desde ambos flancos del país, más el canal de baja presión y el sistema frontal del norte. Al ocurrir esto, se dio el choque del aire frío con la inestabilidad en la atmósfera, lo que ocasionó que se formaran las llamadas culebras, fueron tres. Se quisieron formar unos tornados aquí en Chihuahua en ese evento, las nubes embudo estaban dentro de la zona urbana. Eso generó 135 milímetros de lluvia en 2 horas”, señala Méndez. 

La condición meteorológica sumada a la gran cantidad de arroyos que existen en la ciudad y la falta de limpieza existente en ellos, dio pie a la gran inundación, que según testimonios arrastró personas, autos, animales, muebles, tanques de gas y basura. Pero además, en algunas viviendas también sufrieron inundaciones ocasionadas por la insuficiencia del drenaje. 

“Cuando empezó la lluvia pensamos que pasaría rápido pero conforme transcurrían los minutos eso no ocurría, por el contrario parecía arreciar. Mi familia vivía en la colonia Dale cerca de lo que hoy es la Vialidad Ch-p, en ese tiempo no había pavimento allí y el agua iba subiendo de nivel. De pronto la fuerza fue tanta que se nos vino un pedazo del techo abajo y empezó a llover en el pasillo literalmente; luego, el drenaje resultó insuficiente y el agua empezó a brotar a través del baño. Tuvimos entonces tres vías de entrada del agua. Estuvimos varias horas sacando con botes y escobas, el agua, la tierra y los desechos que brotaban desde el drenaje. Fue terrible”, narra Guadalupe Ruiz. 

En este sentido, el meteorólogo Alonso Méndez señala que la capital está asentada sobre arroyos y en torno a ríos, lo que ya por sí solo significa un riesgo, pero además la falta de limpieza en el interior de los cauces se agrega como un factor importante para lo ocurrido. 

“No había mucha limpieza en los arroyos, llegó una gran cantidad de agua y todo eso generó una gran inundación. Los arroyos tienen memoria y siempre van a buscar su cauce”, dice Méndez y abunda en que septiembre es un mes considerado históricamente lluvioso aunque ha habido situaciones excepcionales como lo fue lo ocurrido en 1990. 

“En agosto de este 2021 también tuvimos una tormenta muy intensa que nos dejó casi 100 milímetros de agua y sí hubo varias inundaciones, pero nada que ver con la del noventa”, apunta. 

En este contexto, el ambientalista Arturo Limón señala que desde 1987 se había insistido en que no se permitieran las construcciones sobre arroyos, sin embargo eso no ha sido vigilado ni reglamentado de manera firme, con las consecuencias ya conocidas. 

“La gente llega, se posesiona de terrenos, cree que es muy lista al vivir sobre los cauces pero la naturaleza nunca perdona, ella sí cumple puntualmente sus reglas. Le echamos la culpa a la naturaleza de lo que nosotros somos responsables”. 

Para el ambientalista los hechos resultaron no sólo dramáticos sino aleccionadores pero, en ocasiones pareciera que la lección no fue lo suficientemente clara o no hubo el aprendizaje suficiente. 

“Hubo cuerpos arrastrados por el agua que se localizaron en la zona de Palestina. Fue algo muy dramático, triste y aleccionador aunque pareciera que no hemos aprendido la lección; hace algunos meses vimos cómo el agua arrastró las bardas en un fraccionamiento nuevo, lo que significa que se sigue construyendo en los lugares indebidos. Somos damnificados en la capacidad de entender y atender a la naturaleza porque a veces nos engañamos creyendo que podemos manejar estas cosas. Sucedieron cosas impresionantes: una máquina de la maderería Valles Grijalva que pesa entre 2 a 3 toneladas estaba a media calle en la 20 de Noviembre y el edificio de la maderería parecía una sardina mal abierta con las láminas volteadas. Resultaba increíble lo ocurrido”, dice.