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Homilía dominical

Oficia arzobispo misa de la Epifanía del Señor

Llama arzobispo a orar y hacer el bien para encontrar el camino de la espiritualidad

Juan Carlos Núñez / El Diario

lunes, 09 enero 2023 | 05:00

El arzobispo de Chihuahua, Constancio Miranda Weckmann, ofició ayer la homilía dominical de la Epifanía del Señor en la Catedral capitalina, donde recordó las lecturas relacionadas al pasado 6 de enero Día de Reyes, en que Jesús al nacer es reconocido de origen divino y el Hijo de Dios.

Con sana distancia y uso de cubrebocas de la mayoría de los asistentes incluido el obispo, realizó las lecturas correspondientes, las cuales también fueron transmitidas vía Facebook a través del portal de Notidiócesis.

En su mensaje, llamó a los feligreses a adorar a Dios como lo hicieron los reyes, postrándose con humildad y buscarlo, no esperar a que el Señor los llame, sino orar y hacer el bien para encontrar el camino de la espiritualidad.

Lo anterior, lo basó en el evangelio según San Mateo, el cual dice textualmente lo siguiente: “Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo.

Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo.

Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino”. (Juan Carlos Núñez / El Diario)

jnunez@diarioch.com.mx