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Origen, Honduras; México y Chihuahua como destino

Para Antonio su objetivo es llegar a Tijuana, donde tiene varios familiares

El Diario

César Lozano/El Diario

viernes, 04 septiembre 2020 | 23:21

Mientras que hasta hace poco tiempo la población migrante veía a México sólo como un puente a Estados Unidos, ahora esa percepción cambió debido al cierre de la frontera y la pandemia, a tal grado que muchos encuentran destino en ciudades como Chihuahua, Juárez, Mexicali y Tijuana aunque sea por algunos años, como el caso de Antonio, originario del departamento de Lempira, Honduras. 

Antonio mencionó que salió hace dos meses de su país debido problemas de inseguridad y desempleo. Al preguntarle si buscaba cruzar a Estados Unidos dijo que por lo pronto su objetivo es llegar a Tijuana donde tiene varios familiares. 

“Pues ahorita voy hasta Sufragio y de ahí voy directo hacia Mexicali, voy para Tijuana, tengo familia, hasta ahí va a ser mi destino, pienso trabajar allá y después veo si me voy a Estados Unidos”. 

Agregó que en estos meses desde el sur hasta el norte del país se han complicado los viajes en el tren de carga, debido a que por a construcción del Tren Maya se han levantado vías, lo cual repercute también en el tránsito ferroviario de estados como Chihuahua, Sinaloa y Sonora y por lo tanto, los migrantes tienen que detenerse por más tiempo en ciudades como la nuestra. 

Al respecto, el delegado de los Programas del Bienestar en Chihuahua, Juan Carlos Loera, dijo que deben encontrar la manera de replicar en la ciudad de Chihuahua la estrategia que aplicaron en Juárez, para que no explote un problema social por la población migrante que se queda en Chihuahua sin la documentación requerida para trabajar. 

“En lo que tiene que ver con la Ciudad de Chihuahua, debemos replicar un modelo de esta naturaleza y como los migrantes han visto que no han podido pasar a Estados Unidos, se están quedando en México, que ha sido un país muy solidario, por el carácter humano de todos los mexicanos. 

No es fácil salir de su país a buscar la vida, debemos entenderlos y buscar los mecanismos para que tengan su legal estancia, sobre todo la CURP, que es lo que da el acceso a la seguridad social y al trabajo”. 

La directora de Casa San Agustín, comentó que de momento y por disposiciones de sana distancia y resguardo de voluntarios, personal y vecinos, tienen aforo de personas hospedadas inferior al 50 por ciento. 

“Nosotros seguimos compartiendo alimentos, compartiendo cobijas, brindando información de dónde pueden buscar su regularización migratoria, seguimos dando información de retornos asistidos con la Organización Mundial de Migrantes (OIM), seguimos dando información de refugio con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR)”. 

La nueva normalidad pandémica también alcanzó a la realidad de la población migrante, y evidencia la falta de políticas públicas a nivel local, ante un problema que de no atenderse de de manera oportuna, amenaza con crecer.

Asael opta por la mendicidad

Asael de 28 años, dijo primero ser hondureño y después de la región de Las Brisas, El Salvador; que hace casi 11 años salió de Centroamérica, vivió en Estados Unidos seis años hasta que lo deportaron y que pronto cumplirá cinco años en México, dos de ellos en Chihuahua. 

Tiene un campamento permanente a un lado de las vías y vive de lo que la gente le aporta en la calle. Con notable aspecto de estar bajo el influjo de alguna droga, refiere que en su país de origen se dedicaba al campo y señala el punto donde adaptó su casa de campaña. 

“Ahí vivo yo, ahí en ese monte donde me alcanza la noche, o donde me agarre el sueño, ahí me quedo durmiendo”. Dice que intentó regularizar su situación en México, pero por la falta de sus documentos de origen le negaron esa posibilidad. 

Otro migrante quien también dio testimonio de la mendicidad creciente, sobre todo de migrantes hondureños, es José Luis, de 26 años y originario del departamento de Cortez, Honduras. Indicó que muchos mexicanos han optado por hacer lo mismo y que incluso él, para evitar la discriminación, dice ser originario de Veracruz. 

Reconoce en él un grave problema de adicción al alcohol. “Ya los mexicanos nos están copiando y ya andan pidiendo. Digamos los trampas migrantes ya no se quedan atrás y hay diferencias, porque yo digo que soy mexicano, yo no digo que soy hondureño.

Yo digo que soy jarocho, de Veracruz, porque mucha raza de México que están en el tren, tienen diferencias con los hondureños y también eso a veces no cuaja, porque hay gente buena y gente mala, pero a veces no cuaja y, acuérdate que en México, eso no me gusta, que a los hondureños nos miran mal, aunque nos ayudan bastante”, dice con tono jovial. 

Flores, de profesión antropóloga, dijo que a la población migrante se le debe invitar a regularizarse, a que trabajen y paguen una renta o busquen espacios como la Casa San Agustín para recibir asesoría en su regularización migratoria, porque el vivir en condición de calle los lleva a problemas personales y problemas con el entorno. 

Llamó también a la población solidaria a que antes de darles una moneda en la calle a los migrantes, se pregunten si les están ayudando, o están perpetuando su situación de calle.